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domingo, 29 de abril de 2018

AQUELLA LISBOA


En la semioscuridad de la calle no puedes imaginar que, una vez atravesada la puerta, entras directamente a un baile, a la luz de las bombillas de colores colgadas por las paredes, al rojo y verde de las banderitas portuguesas de papel que arrastran tu mirada y que eran el contraste con el luto de las mujeres, sus pañuelos negros escondiendo el cabello, los ojos vigilantes de las chicas que bailaban juntas en el centro del salón, sobre baldosas de dibujo y frente a las miradas cruzadas de los hombres, pegados a la pared y al humo alrededor de sus cabezas.
Era 1975, por la fiesta del Pilar y en Portugal, acababa de comenzar una revolución. En pleno hervor por la libertad recuperada, ese país buscaba en el fondo de la arena de las playas, entre las ruinas su imperio perdido y de su vieja historia un futuro impreciso en el que la esperanza era el único salvavidas.
Íbamos camino de Lisboa por primera vez en mi vida, recién acabado el servicio militar, la muerte de Carrero Blanco y cinco días de disparar balas a una diana por si había que salir a la calle. Todo eso bullía aún en mi cabeza cuando cruzamos la frontera, dos guardias civiles nos echaron el alto antes de llegar a la aduana y el coche se caló de miedo. El otro lado de la barrera, dos soldados portugueses miraban con curiosidad lo que ocurría junto a nuestro coche, como a uno más de los que fueron, fuimos de excursión a la libertad en ese tiempo.
Si digo la verdad, no tengo en la memoria gran cosa de aquellos tres días en Lisboa, porque la memoria se aplana con el tiempo como un pan antes de entrar en el horno y sobresalen únicamente algunas sensaciones, con las que construimos el recuerdo: Un café en la Plaza del Roçío, la oscuridad solitaria de la misma plaza a las once de la noche, los pasteles de leche que empalagaron el alma, las sinuosas calles del Chiado, un barrio antiguo que ardería casi por completo pocos años después, y las cuestas de las calles que ascendían hasta la Plaza del Príncipe Real, a donde volvería tantas veces tantos años después. Hoy, un Pessoa de bronce espera en la acera sentado junto al Café A Brasileira, tal vez el más antiguo de la ciudad o, al menos, el mejor conservado al cabo de un siglo y cuarto…
Importan poco los lugares de aquellos días. En Lisboa, el rio y el mar se convierten en bruma cada tarde y así permanecen en la memoria, como cristales ahumados en los que pasas la mano y cada día descubres un rincón nuevo.
Barrio de Alfama (imagen antigua)
Hasta casi 30 años después no supe que las subidas por el barrio de Alfama, como si fuesen calles de Ronda, de la vieja Estepona o de los pueblos blancos gaditanos, conducían hasta un castillo que domina la entrada costera desde el otro lado de la ciudad hasta el viejo puerto, entonces aún activo y donde hoy descansan las reliquias de una Exposición Universal y algún bar de copas sobre los cimientos de los antiguos almacenes, los viejos docks.
Alfama era el la conciencia en blanco de ese imperio en ruinas, el refugio de los obreros y soldados vueltos de las colonias, la malquerida de la ciudad burguesa caída en desgracia, como los galones de los militares que se apolillan en los armarios. La Alfama era la virgen blanca y silenciosa por donde escalaba el tranvía amarillo huyendo de la otra ciudad, hecha jirones de bancos en ruinas, tiendas de comestible semivacías y trajes de militar sin cuerpo deambulando por la Plaza del Comercio, en la boca del rio.
Junto a una pequeña tienda de antigüedades, una luz tímida y un letrero apenas visible nos indicaba el lugar que íbamos buscando por Alfama: Casa Herminia, una casa de fados. Sillas de madera y anea, cuadros rojos en las mesas y casi oscuridad salvo en el fondo de la sala, vacía aún a esas horas. Sobre un pequeño estrado, doña Herminia ensayaba un fado robado a Amalia Rodrígues, dos guitarras descansaban a sus pies y los techos cerrándose sobre ella como una valva de berberecho inmenso, blanco, calizo, lleno de sombras.
Alguien nos animó a entrar, acercarnos al pequeño escenario y pedir algo de comer. Vinho verde, aceitunas y  un bacalao frito que se hizo esperar. El cenicero de aquella mesa, de cerámica, grande, de color marrón y beige, llevaba escrito el nombre de aquel lugar y así fue conmigo haciéndose viejo del tiempo y oscuro de la ceniza, como una reliquia viajera y robada en aquella ermita de Herminia, la cantaora que rascaba tu piel sin tocarla y convertía el tiempo en nada importante, porque tampoco a ella la esperaba nadie.
El alboroto venía por la mañana del sábado desde la plaza del Rocío, el centro neurálgico de la ciudad. Soldados, paisanos, mujeres, niños marchaban detrás de una pancarta y decenas de banderas rojas y verdes y las paredes de los edificios los veían pasar. Entre las ventanas, las puertas y las cristaleras quedaban pegados, como testigos para siempre, carteles de todos. Aquella era una revolución general en la que algunos quisieron ser héroes y muchos más llegaron de villanos a ciudadanos sin un disparo.
En unos grandes almacenes del Chiado encontré un disco de Johnny Cash, un cantante de folk americano, áspero de voz y sonrisa torcida. Su sombrero tejano y un trozo de guitarra le acompañaban en la cubierta de ese LP, suficientemente grande como para poder guardar dentro de él, doblado, un cartel del PCP que nos regalaron al paso de los manifestantes en la plaza. El Partido Comunista de Portugal, con fuerte poder en la ciudad, ya había comenzado su campaña electoral.
Con el disco y su secreto contenido nos marchamos hacia España de regreso. Era mayor la emoción que la capacidad para entender el riesgo de la frontera. El guardia civil español preguntó si llevábamos algo para declarar y le mostré el disco. Me preguntó quién era y le dije que un cantante americano poco conocido que escribía música popular para las iglesias.
Levantaron la barrera y Lisboa se fue alejando entre la bruma del domingo. O tal vez era la bruma del retorno la que nos había vuelto a secuestrar.


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martes, 9 de agosto de 2016

GALICIA Y EL SOLILOQUIO DE MANOEL BEIRAS

Si no has perdido la vista con la espalda plateada del Apóstol Santiago o la respiración con el olor del incienso y si ya no tienes que conquistar más indulgencias plenarias a golpe de cepillo en la catedral, sal a la Plaza del Obradoiro y, seguramente, en un bar cercano vas a encontrar respuestas a casi todas las preguntas que tal vez nunca te has hecho sobre la historia de Galicia, la actual y la menos reciente. Que falten menos de 90 días para las próximas elecciones gallegas, coincidiendo con las del País Vasco, te parecerá un dato insignificante porque ocurren a menudo, pero tiene la virtud de la radiografía: ver el interior de tu cuerpo sin asustarte, al menos que alguien te advierta de las sombras inesperadas.
Muy cerca de allí, de la escalinata que baja frente al imponente Palacio de Raxoi que ocupan la Xunta de Galicia y el Ayuntamiento, encontrarás todavía un kiosko de periódicos en los que anuncian la marcha de Manoel Beiras de la política gallega, con el calendario electoral pasando hojas como un vendaval en la Costa da Morte y el agua arrastrando por las calles una gran parte de su propia historia diaria, siempre en construcción, igual que las nuevas ruinas de los apartamentos nunca vendidos que duermen entre eucaliptos y cenizas.
(Foto diario "ABC")
Este Beiras -el Kruchev gallego del zapatazo, por si no lo recuerdas- es ese monje grande de lino y cabellera blanca que te puedes encontrar subiendo por cualquiera de las calles empedradas de Santiago, un peregrino inconfundible por ese tortuoso camino sin señalizar del nacionalismo gallego. Seguramente si su padre no hubiese impulsado con otros el Partido Nacionalista Galego, aquel movimiento, más que partido, que algunos intelectuales renombrados llevaron en andas desde las vísperas de la guerra civil, el ya ex líder de ANOVA (antes Encontro Irmandiño, antes nuevo PNG) hubiese buscado otra forma de albergues más realistas o él mismo hubiese elegido mejor sus propios compañeros de procesión. Tal vez también le marcase haber nacido en Brión, en los valles rurales que rodean Santiago camino del sur, ese territorio de brumas en septiembre donde algunos llaman Brión al monstruo de los peores sueños familiares, Urdilde a la princesa enclaustrada y Bertamirans es el príncipe azul de los besos.
Hoy todos esos pueblos son especulación y tejados rojos en los montes, pero a ese lugar casi mítico en la historia política gallega se ha regresado Beiras después de dejar en manos de otros la candidatura a la presidencia de la Xunta el mes de septiembre. Atrás ha dejado un intento de gobierno bipartito con el PSOE gallego que no le dejaron compartir, un movimiento escindido entre mareas y bloques destruidos, una derecha antigua a la que los nacionalistas moderados pero republicanos se quisieron enfrentar desde la inteligencia y fracasaron, y una nueva derecha reinventada en mil nombres, todos ellos con la misma coraza de religión y poder, sin brillo pero la misma que cubre la espalda del santo patrón.
(Ilustración diario "El Español")
Nadie como Manoel Beiras Torrado conoció la esencia de esa derecha gallega que Manuel Fraga consiguió aunar traspasando los límites territoriales, en un alarde de prebendas y venganza, que allí la política camina por ese doble carril de hierro. Nadie como el ex líder nacionalista ha mantenido el pulso contra su entorno y el de enfrente y, posiblemente, nadie volverá a dar un zapatazo más sonoro y menos dañino para el Parlamento de Galicia. Desde aquellos días en que la cultura quiso poner un traje político a la saudade, sólo Beiras ha sobrevivido a sí mismo con sus idas y venidas, un Moisés bajando del Sinaí de Monte Louro o del Gozo que siempre dejó tocado algún becerro de oro aunque no impidiese la ceremonia. Si alguna vez hubo un conato de liderazgo transfronterizo más allá del Miño, sólo él, al que le sobraron maneras, y después Francisco Caamaño –el silencioso tallador de las medidas sociales de Zapatero-, al que le robaron respaldo, pudieron haber aunado la cabeza de la procesión contra la más profunda de las derechas españolas.
Cuando salgas de la catedral y pises en Santiago de Compostela las calles cubiertas de nubes o casas, acuérdate de Manoel Beiras, el profeta al que sólo le faltó acertar, y lo que Castelao dejó escrito hace tantos años, sin conocer al que ahora se va: “O valor das coisas nao está no tempo em que elas duam, mas na intensidade com que acontecem. Por isso existem momentos inesquecíveis, coisas inexplicáveis e pessoas incomparáveis”. (“El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden. Por eso hay momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables").
Castelao, Risco, Fabeiro, Pedrayo o Cunqueiro, impulsores de aquel Partido Nacionalista Gallego (PNG), miran sorprendidos a Beiras en su marcha y ninguno da un céntimo porque esta nueva soledad de Brión le vaya a durar más que el sino de fuego y derecha que se repetirá en septiembre.

sábado, 1 de febrero de 2014

Cortina rasgada (El PP en Valladolid)

Hitchcock ha muerto. Casa cual en su conferencia se miente a sí mismo en la oscuridad de los pasillos y ante la luz de los focos. Cuando estas en la oposición el guión de la historia inventada suele durar poco. Casi menos que el flash del móvil. Da carrete para un rato de vanagloria y para motivar el discurso de los postres, instantes previos a que la erótica se duerma y recojan las banderas.

Cuando gobiernas, el mensaje es distinto. La realidad nubla la mentira y empaña el ardor del futuro que describes. El interés no es el esperado grito de victoria, que nadie escucha, ni el guión sobre las razones de lo no hecho. Por eso los que aún siguen con cierta curiosidad la vida de los partidos y los gobiernos sólo esperar que el líder anuncie el cambio de rumbo, como un advenedizo navegante, un Cristobal Colón que descubre la redondez de la Tierra a mitad del viaje a ninguna parte. 

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno,
puño en alto en Valladolid
Casi nadie se acuerda ya de la Conferencia Política socialista, aunque se augura que será el comienzo de un nuevo capítulo de una historia sin fin. El PP ha aprovechado que la memoria es perezosa y ha aprovechado el hueco para celebrar su Conferencia en el reino del viejo patrón, para mayor dolor del que se quiere jubilar, como aviso que no ofensa de que el mundo es redondo y que aunque haya una posible caída, el horizonte siempre parece rectilíneo; sólo hace falta recuperar las bridas de los caballos desbocados y nada como el poder oportunamente repartido, ese azúcar que domeña ánimos encabritados. 

A Valladilid, la ciudad del alcalde pepero más fascista y repudiado, en el cubiculo de las mejores esencias del PP, han llevado a Mariano Rajoy para darle un baño de esencia propias remozadas y forzarle a anunciar que queda un año y medio teórico para las elecciones y que, una vez instalado el mensaje de que ya. O estamos intervenidos como país, él va a dirigir el viaje que queda con el verdadero programa que nunca se enseñó y ahora ya está claro. Un nuevo relato de mentiras electorales con Pedro J adormecido, el tesorero traidor encarcelado hasta que calle y la izquierda más radical situando al PP permanentemente en un espacio de moderación que nunca se creyó. Y los demás, ensimismados. 

Subida de impuestos, subida de cotizaciones, subida de servicios esenciales como la luz para alimentar la derecha económica, y un anuncio de bajada de impuestos que dan cobertura a los nuevos impuestos y recortes que vienen cobertura y puente de plata al codicioso ministro de Hacienda, el mejor servidor que la CEOE sonó nunca. 

Rajoy ha tapado consolida y cinta aislante las rajas de navajas del telón del PP, y ha encerrado en el camerino a Aznar, borracho de nostalgias, sólo se le olvido que el aire seguirá entrando por el agujero por el que los actores espían cómo va la taquilla y la platea. Por esa rendija otean si el horizonte se cueva porque el ruido de tormenta ya hace meses que los ha dejado sordos. O tal vez sólo sea la soberbia.

PSOE. Volver a Bono

A Patxi López (54 años) le gusta tener cerca a Emiliano García Page (45 años), alcalde de Toledo, como le gusta arrimarse el poder ascendente de Susana Díaz (44 años), presidenta de Andalucía. Son los cargos más jóvenes del PSOE en las jornadas sobre el futuro del socialismo que el PSE-EE organizado en Euskadi a punto y seguido de la Conferencia Política de Madrid. Seguramente porque el fondo de la Conferencia fue corto y el eco breve, el exlehendakari y secretario general de los socialistas vascos intenta apurar al máximo ese eco y el tiempo y espacio político que la actualidad le va dejando de momento para hablar de política, como él dice últimamente.
Le gusta Susana Díaz porque, a su edad, sus poderes crecen como la espuma y las maniobras  sevillanas la han colocado donde nadie espera: dirigiendo la mayor fuerza socialista de un territorio. Tras las reticencias del expresidente Griñán por apoyar un nuevo pacto interno entre andaluces y vascos, que en realidad buscaba mano libre y larga para seguir gobernando su partido través de Susana Díaz, Ferraz (sede de madrileña del PSOE) ha mullido el asiento de la presidenta andaluza para, a partir de ahí, construir una alternativa de cara a las elecciones primarias en las que ella no será candidata pero si va a determinar el resultado.
Emiliano García Page, alcalde de Toledo
y secretario general de los socialistas de Castilla_La Mancha
El discípulo moderado
Y también valora Patxi López la cercanía de Emiliano García Page porque el joven abogado que ascendió hasta la alta política manchega y nacional de la mano de su líder, José Bono, ya es secretario general del PSOE castellano-manchego, el segundo en votos después de Andalucía, además de alcalde de Toledo en su segunda legislatura. Es esta, la razón del cargo interno, la que más ha interesado a los organizadores de las jornadas “Reflexiones de futuro” que estos días están teniendo lugar en las tres capitales del País Vasco.
En este sentido, probablemente la presencia del líder castellano-manchego sea la que más rédito le ha traído al secretario general del PSE-EE, porque es muy alta la posibilidad de una vuelta de los resultados electorales a favor de los socialistas esa Comunidad, que el PP está utilizando como laboratorio ideológico y testar el aguante social de sus medidas. Pero también, y sobre todo, rédito porque la presencia de garcía García Page es la presencia de José Bono, que no ha tirado ninguna toalla política desde que perdiera el congreso del PSOE frente a José Luis Rodríguez Zapatero.
El alcalde toledano tiene bien ensayado el discurso sobre la recuperación de las esencias históricas del PSOE, se declara como optimista consciente y recoloca el ejercicio de gobernar en el nivel de la moderación social frente a la etapa del presidente Zapatero. Autoestima y prudencia. Reitera el binomio izquierda/socialdemocracia pero índice en lo que no son ninguna de las dos conforme va desgranando lo que, a su entender, son errores de juventud de los gobiernos del expresidente. No entiende que se defienda el mantenimiento del Estado social a costa del propio Estado y le pide a su partido una reflexión en profundidad sobre la gestión y promesas sembradas en este sentido, que llevó a afianzar para la izquierda socialista la imagen de ineficacia, un cliché inamovible que sitúa en el haber de la derecha.
Entiende que fue bueno el debate constitucional que llevó a crear una la estructura de un Estado monárquico pero con un reparto de poderes cuasi republicano; pero no le vale la política de “barra libre” territorial que Zapatero propugnó llevado del empellón estatutario desde los partidos de la oposición, y cuando se le pregunta por la infanta imputada habla de la financiación de los partidos y qué hacer frente a la corrupción en el ámbito político. Así, con un lenguaje ensayado durante años cerca de las paredes de José Bono, Emiliano García Page deja claro que no será candidato en las primarias socialistas a la Presidencia del Gobierno y no recurre al tópico de “si mis compañeros me lo piden”, como quien se pone una pancarta en el pecho y la espalda.
Con lenguaje a pié de calle, que algunos califican de “discurso de vuelo corto”, el mejor alumno de Bono va definiendo a quien le escucha las grandes líneas de un programa que no es para septiembre, para la elección interna de ese candidato, sino para el dia después. Ya que no cree mucho en estas primarias anunciadas, -“pero lo peor sería dar marcha atrás ahora, caeríamos en el foso de la incredulidad social”- siembra la duda de para cuándo es válido su argumentarlo de futuro, de si ya piensa en el día después y en ese Congreso extraordinario que algunos vienen pidiendo y que esas primarias no ha silenciado, solo postergado. Para entonces, García Page cree que es más importante recuperar el mejor programa que hizo el partido antes del Congreso que eligió a Zapatero, que construir un programa nuevo, y, sin ahorros políticos en la caja, revisar la estructura que mejor ha resistido el partido y el programa que llevó al cambio de Gobierno aunque nadie lo daba por seguro. Habla de enredo cuando Bono, y él a su lado, comenzaban a sumar mayorías sociales y electorales en una Castilla-La Mancha donde gran parte de la población ascendió a la clase media votando PSOE, hasta que el miedo les llevó a la boca del lobo, porque el miedo a la pobreza es mayor que el zarpazo de la bestia.
Cree que el PSOE comienza a encontrar su espacio, con la vuelta de la confianza y el espacio que el PP esta dejando en sus manos aunque, como Felipe González marcó hace pocos días en Bilbao, el PSOE debe querer ser la mayoría que consiga echar al PP con ayudas de otros. Pero esa tensión por ser la referencia mayoritaria, reclama García Page, debe darse en todos los territorios por igual. Al final, aunque Patxi López le pide que vuelva a situarse en lo que le llevó a Euskadi –hablar de crisis y ayuntamientos- y que hable de economía, Emiliano pega el salto y habla de Cataluña, de los errores y los antagonismos y de antibiótico para las inflamaciones del corazón, porque el PSOE sólo puede combatir con músculo político y lo demás se podrá resolver con dinero.

Emiliano García Page no será candidato en primarias; es el cocinero que está moviendo, con el oficio de maestro, la estrategia de Bono para las primarias, donde quiere jugar con ideas y no con nombres como hacen los demás. Será el guardián de las esencias que Bono intenta recuperar desde su retiro de la Vega toledana, donde el Cristo de Inés Vargas sigue apoyado en su hombro para que se noté que Bono es un hijo predilecto. por si algún día vuelve a entrar en Ferraz sin que le pidan el DNI. Emiliano, con los textos fundamentales en la mano, estará en el otro lado de la puerta, esperando su hora.


Artículo publicado en Diario de Noticias de Álava            30 enero 2014

miércoles, 22 de enero de 2014

Manu Leguineche, antes de que se nos olvide

A veces -tantas veces...- la memoria despierta y reacciona cuando alguien conocido muere; alguien de quien te has acostumbrado a vivir sin tenerlo a flor de piel, en la agenda de los afectos presentes, los que te ayudan a caminar. En cualquiera que sea el apartado donde tenias a esa persona, como si fueran las pequeñas cajas de seguridad de un banco, las cerraduras saltan con ese chasquido que reconoces cuando se rompe un hueso. No sientes el dolor en el instante mismo, se va desbordando e inundándote conforme te vas dando cuenta de que esa rotura de las cerraduras era un aviso de algo real, inevitable, irremediable. 

Escribimos sobre la muerte de Manu Leguineche, el jefe de esa tribu inmensa de profesionales del periodismo y sientes con otra mucha gente las ganas de escribir una necrológica como esas que nos mandaban redactar cuando empezamos. Pero los epitafios de hoy son palabras desnudas que solo muestran nuestra soledad mayor de hoy.

Se fue Manu y hoy se hace más grande, más a flor de piel, el dolor por los que también tienes guardado en el apartado de los afectos que se marcharon antes y que te unía a un triángulo amoroso en el que ni siquiera hacía falta conocerse, solo conocer a quien conoces que conocía antes y más a quien se ha ido. Por uno y por otro hoy escribo esto.

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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Votos, primarias y café con churros

Levantó bastante revuelo la presencia en Vitoria hace dos semanas de Luis Salvador, impulsor de "Socialismo y ciudadanía", en vísperas de la Conferencia Política del PSOE. Su intervención ante mas de 100 ciudadanos inquietos, muchos de ellos militantes del PSE-EE, no aportó grandes novedades a lo que desde hace casi dos años se viene debatiendo fuera y dentro de dicho partido. El diagnóstico que Salvador hacia describía en gran media el mapa de la crisis interna desde la pérdida de la elecciones generales,  mapa para el que la Conferencia Política de Madrid pretendía confeccionar una hoja de ruta para el futuro.
Más revuelo aún levantó horas después su decisión de darse de baja como afiliado al Partido Socialista y su aproximación al partido Ciudadans, una decisión tan personal como respetable. Salvador consiguió, eso si, que se pudiera hablar tranquilamente de esa inmediata Conferencia y, especialmente, de ese intento que se anunciaba de abrir el partido a la sociedad con motivo de unas elecciones primarias que aún no se sabe para cuándo serán pero sobre las que si vamos conociendo los nombres y algunos de los movimientos de quienes les impulsan, encumbran y respaldan.
Pasado ese encuentro destinado a decidir el mejor Partido Socialista posible para legar a la sociedad bien y pronto, las dudas del encuentro en Vitoria con Luis Salvador se han hecho realidad porque las caras conocidas que se despedían ese domingo en Atocha camino de su punto de origen llevaban dibujada la satisfacción de haber sorteado la cuádruple contradicción de debatir un problema sin resolverlo, superar el debate sin mantenerlo, mirar el futuro sin cerrar el presente y responsabilizar a un líder futro del cambio que se cuece en las cocinas del pasado.
Antes y después de Madrid se ha centrado el gran argumento de la apertura a la sociedad del PSOE en la posibilidad, por confirmar, de que en esas primarias quien lo desee pueda participar para elegir al candidato socialista a la Presidencia del gobierno de España. Cuesta creer que quien ha retirado su voto al PSOE reiteradamente en España y en las elecciones celebradas después de la llegada del PP y su mayoría absoluta, vaya a realizar  un acto de fe electoral, incluido registro y archivo de sus dato así como pago de una pequeña cantidad, que no es sino una forma de afiliación temporal y puntual. Quienes desde el interior del PSOE se dedican a captar nuevos socios saben el esfuerzo de esa labor y la casi imposibilidad de desarrollarlo, pero también conocen las maneras diversas maneras que algunos tienen de hacerlo en momentos muy concretos. Pensar en captar votantes en las elecciones internas y semiafiliarlos previamente es un salto, no ya imaginativo, sino ilusorio, salvo el valor de titular que entraña. Si esos supuestos votantes quisieran participar en esa elección y con ese objetivo ya lo serían de querer serlo.
Del PSOE se espera que cierre sus discrepancias internas pero, sobre todo, que aclare el mensaje. No es mala decisión convertir la Conferencia Política convocada para hablar de organización en un encuentro para hablar de ideas, si así hubiera sido de manera profunda y no de la necesidad de fabricar una foto diaria y reiterada. A la ciudadanía de hoy le importa poco ya quien sea el candidato socialista en unas elecciones generales dentro de  mas de un año y con unos comicios europeo que cada día parecen más un obstáculo para lo interno que una esperanza nacida en Europa. Como comenta un viejo socialista, lo del candidato es para el café con churros de los afiliados. A los demás les preocupa el país, el pan y sus derechos, no la cara socialista de turno.
Al hablar de participación externa, cerrada a las lecciones primarias, alguien se está haciendo trampas a si mismo al pensar que eso es un sinónimo de abrir el partido, una forma de implicar el conjunto de la ciudadanía, que debe confiar en las mismas personas y formas en que se ha convocado la propia Conferencia y se ha organizado la presencia y participación representativa de los afiliados. La sociedad, no solo los afiliados, mantiene una especial sensibilidad sobre la aspiración de permanencia de las organizaciones internas y sus responsables. Costará convencer de que incluso con nombres, apellido y cuota única se pueda influir en la maquinaria que plantea. convoca y organiza ayer una Conferencia con aire de congreso extraordinario y mañana unas elecciones primarias, sin alterarse por el hecho de que desde fuera se tuercen planes o nombres.  
Hablamos de pérdida de conexión del PSOE con la sociedad desde que el denostado Zapatero decidió aceptar al crisis como un hecho real pero no es cierto en su totalidad. El PSOE ha perdido la relación con la sociedad hace muchos años y la crisis sólo ha reflejado esa realidad en votos. No ha sido capaz de generar en el centro sociológico una defensa del bien común, sino la conveniencia de su disfrute. Ansió buscar la mayoría que el centro da o quita sin preocuparse por crear un convencimiento de la bondad de la estrategia, ha sido Incapaz de sostener el plan y de sostener la comunicación con una sociedad que nunca fue cómplice y que se siente abandonada a su suerte. Una sociedad sabe que sólo será recuperable, lo que quiere decir interesante de nuevo, si es el PSOE es capaz de darse la vuelta como un guante.
Tantos años después vuelve a comprobarse que la traducción del término socialismo no es siempre esa socialdemocracia como Willy Brandt predicaba, que se mantiene ese rechazo al modelo que la propia socialdemocracia impulsaba y que describía Carlos Solchaga en Tafalla hace años: El bien social, el bienestar, solo puede ser sostenible para los menos. Ese es abandono producido y sobre el que muchos, como el sociólogo Ignacio Urquizu, vienen incidiendo desde hace tiempo.
Perdida la sociedad, se ha construido un tótem virtual llamado Conferencia que solo los más ingenuos de dentro del PSOE esperaban que fuese el faro de la renovación. Y se encargó a conocidos y cercanos expertos en comunicación lo que la política no consigue resolver. Con buen oficio, se ha levantado un símbolo de cartón piedra, una rosa sin hojas, que ha dado cobijo a todos los nombres posibles como si fuese una rememoración de la historia del socialismo moderno español. Se ha cerrado con cuatro titulares la fiesta y mucha foto de aparato agrupado en torno a sus acostumbrados líderes, los mismos que llevaron al PSOE a pensar en la necesidad de una renovación, que realmente ha salido más debilitada después de su entusiasta y difícil paso por los congresos del PSOE. Alfonso Guerra hablaba hace tiempo de los renovadores de la nada y los identificaba con quien hoy conocemos mucho mejor. Pero también comprobamos cómo puede hablarse de renovación sin nada de renovación. Era impensable que así hubiera podido ocurrir.
Por eso se habla y se hablará de nombres propios. Porque hay ansia real de que surja de ese debate nominal una cabeza con ideas que, además, sea aceptable por los poderes del partido y los contrapoderes instalados desde antes y para después de la conferencia política. Un buen tema para la hora del café cuando se llame de nuevo a los afiliados para votar y hacer recuento de supervivientes.


Artículo publicado en Diario Noticias de Álava     19 Noviembre 2013

También en 
http://ezkerretikizquierda.blogspot.com.es/

martes, 22 de octubre de 2013

La España que no queríamos

Para quienes llevan a cuestas el bidón de la gasolina, como una parte más de su cuerpo y como bombona de oxígeno para respirar, cualquier razón será buena para satisfacer su permanente tentación de hacer explotar cuanto le rodea. El camino viene siendo abonado desde hace dos años con pólvora fina, pendiente de ser incendiada, justo desde aquel dia en que ETA anunció su renuncia a la lucha armada como planteamiento político, lo que para el común de los ciudadanos es el fin del terrorismo que venían practicando y para los historiadores el cierre de una etapa de más de setenta años en la historia de España y, especialmente, del País Vasco y Navarra.

Los ministros de Justicia, Gallardón, y de Interior, Fernández Díaz.
Foto Luis Sevillano / EL PAIS











Mientras en aquellas vísperas del comunicado etarra unos ya comenzaban a marcar posturas por si ese proceso realmente se llevaba a cabo, sobre todo negándolo, otros llamaban a la reflexión sobre lo complejo, lento, agrio a veces y desalentador otras que sería, será, ese tiempo hasta lo que eufemísticamente llamamos normalización de la convivencia. Era de esperar que en este tiempo que vivimos fueran muchas los voces que intentaran poner algo de sosiego frente a quienes, con seguridad, iban a intentar justificar el silencio de las armas como un paso voluntario o por una supuesta nueva madurez de la sociedad a favor de sus planteamientos políticos, los que defendían con la violencia. Igual que había que contar con quien pretendería resaltar el olor a derrota de aquel comunicado y hacerla cuanto más evidente fuera posible, porque de la fijación de esa idea depende la contraria, el triunfo de la estrategia contra los violentos.
Trazar una calle entre ambas formas de ver el fenómeno de esta paz provisional era el reto previsible, para el que todos nos deberíamos haber preparado, no con un cierre de abrazo sino de aplicación de la legalidad sobre las consecuencias de aquella violencia, de aquel error de más de medio siglo que deja un agujero negro sobre el que la historia apenas podrá poner un filtro gris. Ese reto contaba con los alardes de quienes no se resignarían aún a la derrota o, peor aún, a una forma nueva de vivir la política, la que no cuesta vidas sino, a lo sumo, ideas. Contaba también con el ardor gubernamental al que el Partido Popular, ya en el Gobierno, no iba a renunciar, porque durante años su estrategia contra el terrorismo va unida a la necesidad del triunfo inmediato, el corto plazo, a pesar del trazo grueso de tinta que va dejando sobre la historia. Caminar por entre esas dos aceras, ya lo sabíamos, no iba a ser fácil.
Ha sido vilipendiada la aparición de los denominados mediadores o valedores del proceso de paz, que en realidad han contribuido menos al final de ETA que los propios giros ideológicos y necesidades estratégicas de la izquierda abertzale, que ha dejado a ETA sin argumentos políticos para su existencia, pero han servido para ir abriendo calle entre esos dos lados cuya incompatibilidad se exacerba día a día. Y, sobre todo, ha servido para recordarnos que, a pesar de las diferencias, las circunstancias, las dificultades en cada lugar, la paz era un punto al que se podía llegar. Instrumentados o no, pero si ignorados por los audenominados partidos constitucionalistas, la paz llegó al hilo de su labor y dejaron una pequeña marca sobre la que andar.
Impresionaba escuchar al representante de Gesto por la Paz cuando decía que nunca las víctimas fueron atendidas ni lo suficiente, ni a tiempo, en el anterior proceso de abandono de las armas por parte de ETA político-militar. Sobre todo resuenan sus palabras sobre las víctimas en este tiempo en que su atención, colaboración y compensación moral forman parte imprescindible de todos los proyectos futuros, a la vez que son también utilizadas, incluso por una parte de las propias víctimas, como argumento contra el avance mismo de la normalización si admitimos que la paz ya está instalada entre nosotros, como parece ser.
Cuando toda la sensibilidad está flor de piel, cuando las desconfianzas aún no han aparecido, cuando las ideas buscan cómo escribirse de forma indeleble, cuando los protagonismos de la izquierda abertzale están en entredicho, cuando la normalización política general de Euskadi comienza a instalarse y Navarra la mira con envidia, cuando…. Cuando todo está aún en barbecho, ha bastado una sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de la Unión Europea para que salga a la luz esa España negra que anida desde hace siglos en espera de sacar la cabeza en los momentos cumbre. Escuchar que se le pida al Gobierno que no aplique una sentencia de aplicación obligada que tiene que ver con una interpretación de la política penitenciaria que reinterpreta las propias sentencias y atenta a los derechos de la persona, cualquiera que sea el motivo de su pena, es una utilización política del dolor de las víctimas, de las que casi nadie se olvida pero algunos intentan utilizar en defensa de lo que ni las víctimas defienden.
Pertenece a esa España irredenta el hábito de que, por encima de las decisiones de sus gobernantes, ni los derechos de los ciudadanos sean suficiente razón para hacerles cambiar sus ideas, porque sólo las suyas son válidas más allá de leyes, tratados de estado internacionales y conciencias sociales. Han ido preparando un escenario progresivo hasta la eclosión final a la espera de la sentencia del Tribunal europeo, advertido de que tal vez seas obligado aplicarla pero que el gobierno y los jueves se guardan la opción de reinterpretar la aplicación de dicha decisión, para lo cual han creado la imagen de una España invadida de etarras multiasesinos en libertad y otros muchos delincuentes “comunes” que reincidirán porque lo llevan en su ADN.
Eran muchas las voces, incluida la del Ararteko (Defensor del Pueblo de Euskadi), que ya habían advertido de que no era sostenible el actual régimen penitenciario impuesto a los presos, también a los condenados por violencia y asesinato terrorista, porque conculcaba esos mismos derechos que el Tribunal europeo defiende con su sentencia. Fue muy duro escuchar a dúo a los ministros de Justicia y de Interior que esa sentencia es un caso aislado, que no se trata de un recurso contra una forma de entender los derechos humanos y, a la vez, que su aplicación será estudiada caso por caso, como si cada celda tuviera un régimen especial en función del penado y su causa.

La paz no es sinónimo de olvido, porque sería irracional como sociedad y porque el objetivo de la paz es el principio de la convivencia y también su consecuencia. Construir ese camino no es un ejercicio teórico, será una parte de la política futura para restañar esa sociedad que la ha sufrido. No será fácil, sino complejo y lento. Pero será posible si la convivencia democrática y el apoyo al final de los procesos de cambio se convierten en la misión de la política y no se obstaculiza. España y Euskadi comparten la misma necesidad de esa paz después de la violencia, aunque a veces nos recorra un escalofrío al ver que “empieza a amanecer” aquella España que no queríamos.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Hablando de Mario Onaindia con un gintonic en la mano *

Te das cuenta a veces de que, por mucho que quieras, no consigues saber cuanto necesitas, todo lo que los demás ya saben, para poder convivir con ellos como uno más. No por eso lo que sientes y piensas vale menos, pero crees estar compartiendo el significado de los días o los lugares y no; los demás conocen el entorno y el contexto y para ellos es un dato sin más cuando para ti ese dato es la clave de tantas cosas.
He estado aguardando hasta hoy para contarlo porque esa fecha si la controlo. Hace meses que venía siguiendo a Gaizka Fernández Soldevilla en las vísperas y en las presentaciones sucesivas de su libro “Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994)”. También se podría haber titulado “La izquierda vasquista, de ETA al PSE-PSOE” o, como recordaba aquel reportaje, “Diez años sin Mario Onaindia”, los que ahora se cumplen, este mes de agosto de 2013. A Gaizka, cada vez que le he visto presentar su obra, le abruma tanto la cantidad de historia que se acumula en su cabeza como el reparo de resumir en 10 minutos cuanto hay escrito o investigado. También a Gaizka se le salta a la cara esa ternura del escritor cada vez que presenta un libro, como si fuese el primero siempre, y la del autor que ha enzarzado su búsqueda con sus sentimientos personales.
Esa tarde en Zarautz bajamos al sótano de aquel bar y cambió el escenario a sala de exposición, todo blanco, para volver a escuchar, por segunda vez en ese caso, cómo fueron los héroes de aquella aventura incierta llamada Euskadiko Ezquerra, por qué fueron heterodoxos cuando la violencia cegaba la idea y la política era fuego. Y por qué lo de traidores. Es difícil declarar un día que ya no somos presos de nuestra propia vida y que renunciar a ella es el heroísmo mayor, que incluso nuestros errores contribuyeron a llegar a aquí y que ahora podemos empezar a mirar hacia atrás reconociéndonos en lo que fuimos.
En aquel sótano-sala de exposición no dejaba de intimidarme la seriedad uniforme de cuantos habíamos acudido allí, al bar “Zazpi” (Siete), con un gintonic en la mano, un rato de espera ansiosa y la sonrisa constante de Esozi Leturiondo. Nadie pestañeaba cuando se oía decir que no ha habido un nacionalismo heterodoxo después de ETA poli-mili, que ”la VI” ni se acordó de las víctimas o que Euskadiko Ezkerra no se ha jubilado, sólo se ha ido desgranando en pequeñas utopías de aquella utopía mayor. Los “euskadikos”, decían, son héroes pequeños, no grandes patriotas y si aquella transición se hubiera hecho bien viviríamos mejor. Aquel fin extraño de Euskadiko Ezquerra en el seno del PSE fue, decían, el preludio de la ruptura posterior que tomó nombre de Lizarra.
Se hablaba de esas nanas para dormir niños que hablaban de la vuelta de un padre preso por “vuestro futuro” y se afirmaba que lo más reciente de Aiete es “la visión rosa de la violencia”. No se cree que nadie en Bildu esté aún inmerso en su propia transición democrática, sino ejercitándose para asumir la herencia. “Todo menos adjurar de su pasado”, decían que decía Pernando Barrena. En ese encuentro con la historia, allí, debajo de la barra del bar “Zazpi” de Zarautz, se tenia la seguridad de que la historia no se borrará a base de vecindad y olvido
A la derecha, Esozi Leturiondo, viuda de Mario Onaindia.
A su lado, Gaizka Fernández Soldevilla, hstoriador
Tal vez hubiera sido mejor saber, antes de entrar, que aquel bar era el “zulo” antiguo del debate, la vieja sede donde se trazaba el futuro desde un presente discutible y discutido, las paredes que cobijaron las mejores y las peores decisiones de Euskadiko Ezkerra, hasta su desaparición desde el éxito moral sobre la violencia. Fue mejor así, porque, al menos, nos permitió decir que el fin de EE en el PSE no era lo que EE quería o que los vientos centralistas saltan por encima del Nervión cada madrugada.
Se entiende todo mejor cuando escuchas decir cómo los “nuevos viejos traidores”, valga la expresión, se han recogido en Bildu. Cientos de muertos y heridos para conseguir lo mismo que perseguía Euskadiko Ezquerra y la renovación estratégica del desaparecido y nunca encontrado "Pertur": Practicar en la democracia aunque sea para destruirla, propugnaba.
Esa tarde algunos aprendimos que la intuición no se equivoca siempre, que aquellos votos perdidos de hace décadas buscaban un destino común, mientras en Euskadiko Ezkerra iban aprendiendo democracia el partido y la gente.
La aprobación del Estatuto de Guernika nos pilló bajando la Rambla de Catalunya, en Barcelona y en esa tarde de Zarautz aquel gintonic aguado nos ayudó a digerir que el Tzaspi, la Fundacion Mario Onaindia y la Casa del Pueblo del PSE-EE era todo uno, a fuer de hetorodoxia.

* En este fin de agosto se cumplen diez años de la muerte de Mario Onaindía.

sábado, 27 de julio de 2013

Morir en Santiago

Las cifras son garabatos, números sin alma. 
Cada muerto en Santiago e
s un hachazo en las entrañas
ahí, donde la memoria hierve.
Cada rastro en la hierba 
una pisada en la rua,
cada imos indo 
una esperanza desplegada.



Llegar a Santiago no es una meta, 
que el tiempo y el aire la cortan. 
Pisar Santiago es estrujarse 
para hacer hueco a lo mejor de los demás.
Y crecer hasta los campaniles
en una suerte de nueva vida
entre nubes bajas y el suelo de cristal. 
Morir en Santiago es una puñalada de la suerte, 
un despropósito más, 
imprevisible, 
siempre cuando más cerca vimos la gloria.

A ti que te quedas 
te harán la ola los escalones de la Quintana, 
la Parra extenderán las uvas para tu viaje
y las ventanas cerradas del muro 
se abrirán para dejar salir las letanías.

En Santiago no se muere. 
Se llega y punto, porque a vida e outra cousa.


martes, 16 de julio de 2013

Los pilares quebrados de Mariano Rajoy

Rajoy lo tiene bastante más fácil que la oposición, pese a la delicada situación que atraviesa, y el resto de los españoles con él, no por solidaridad, sino por estar afectados directamente por todo este escándalo. Desde su comparecencia también leída para tamaña ocasión el presidente del Gobierno y del PP ha dejado con claridad que la mayoría parlamentaria de que dispone le permitirá gobernar contra tírios y troyanos. No era nada que nos pudiera sorprender. Es más significativa la forma de responder que el contenido de la respuesta y cuando esto ocurre es que todo lo demás ya se da por esperado. Mayoría parlamentaria en ambas sedes de las Cortes Españolas, Congreso y Senado, y mayoría parlamentaria en la casi totalidad de las Comunidades Autónomas, a excepción de las históricas Catalunya y País Vasco, aunque controla la provincia de Álava con comodidad y encuentra el apoyo interesado del PNV.
Foto EFE
Pendientes de saber qué camino recorrerán las diversas causas abiertas con el apellido Gürtel o con el más reciente de Bárcenas, quedan, salvo sorpresas, muchas semanas y meses por delante hasta que se dilucide y se confirme en qué, cómo y por cuánto esas causas, completas o tijereteadas, afectan al exvicepresidente de Aznar y su sucesor en Gobierno y Partido Popular. Es difícil ignorar la coincidencia de los últimos movimientos del expresidente y de su íntima Esperanza Aguirre, expresidenta de la Comunidad de Madrid, pero aún líder del PP de esa Comunidad, una coincidencia que va desde desprestigiar la política económica que Mariano Rajoy defiende hasta proponer medidas fiscales y discurso nítidamente populistas dirigidos a la recuperación de “su clase media”, duramente castigada en casinos y cafeterías provincianas más que a la hora del mercado o de la estabilidad o no de los puestos de trabajo que les afectan.

El frente amplio popular contra Rajoy
El marco de las consecuencias judiciales sobre los posibles implicado en un caso, el de Gurtel, o el otro, la financiación del PP y de sus dirigentes máximos durante 10 años, correrá menos que la incidencia que las medidas del Gobierno puede tener sobre sus votantes. Por eso Esperanza Aguirre y José María Aznar han insistido en sus intervenciones en la urgencia de endurecer esas medidas y acelerarlas en el tiempo para rescatar ese voto para ellos decisivo y que comienza a volar; el de la clase empresarial y el de la derecha más irredenta que busca con ahínco el final del estado de bienestar público. Los objetivos de unos y otros no difieren, pero si los tiempos en los que cada cual se ha instalado. Son intereses cruzados pues Rajoy apuesta con una aplicación más atemperada de su política, midiendo la velocidad de sus reformas, a cara de perro y con una crítica social ensordecedora, pero sabedor de que eso no significará el levantamiento popular ni la gasolina ardiendo en las calles que avisaba el coordinador de Izquierda Unida.
Mariano Rajoy ha decidido afianzarse en su continuidad y el tenor de sus medidas, con un ojo puesto en Bruselas y haciendo hablar a su ministro de Economía, Sr. Guindos, para continuar alentado esa llama de esperanza que han iniciado a propalar. Lleva ventaja el presidente respecto a su antecesor y el sector más ultramontano, porque, hoy por hoy, sigue siendo el “dueño” del PP. Un Partido Popular hecho trizas, pero suyo aún, si bien los procesos judiciales se están convirtiendo en la trampilla por donde la debilidad interna va cuajando más gravemente.

El Punto débil del PP: María Dolores de Cospedal.
Despejado ese camino, el de la gobernación, que no parece previsible que vaya a ser puesto en cuestión ni por los ultraliberales de Aguirre ni por los cristianos del Gobierno, la incógnita está en el seno del partido. En sus últimos pasos y conversaciones, Luis Bárcenas ha tratado de trasladar la gravedad de la historia, la suya y la de Gürtel, al sótano mismo del PP, allí donde su antecesor enseño al nuevo tesorero el arte de conspirar para marcar terreno y poder propio. Todo ello, antes de la debacle socialista y el salto generalizado al poder de los hombres y mujeres “populares”. Era difícil que tuviera éxito una estrategia de enfrentamiento de Luis Bárcenas con el PP basada en la gestión y responsabilidad de los fondos que han circulado y, con seguridad, circulan por el seno del PP. Bárcenas sabe que el argumento de una mayoría consistente y la defensa de un Gobierno igualmente estable son argumentos difícil de mellar en su estrategia contra su partido porque el “caso Bárcenas-PP” ya se pierde entre las razones de la ética, de la corrupción permanente adosada a los zapatos de la derecha y, en caso de tener que decirlo, en los pies de los socialistas también, dirían.
El enemigo directo del extesorero es la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal. Conseguir debilitarla aún más con la vicepresidenta primera del Gobierno es labor fácil que otros muchos aplican hace tiempo. Pero Bárcenas busca más. Quiere ver caer la cabeza política y la ruina personal de quien más dolor personal y vergüenza política le ha causado personalmente en todo esta trama, Cospedal, porque además sabe que ya es una estatua agrietada y que el daño por este escándalo la va a sacudir duramente en su butaca del Palacio de Fuensalida, en Toledo, como presidenta de la Comunidad de Castilla-La Mancha.
Hacia ese objetivo camina Bárcenas, con toda la intención puesta en desacreditarla como secretaria general, por implicación en toda la trama de financiación, y para unirse al carro de Esperanza Aguirre, que culpa en voz alta a Cospedal de la “calamitosa resolución de todo este enredo que tiene al Partido en un hilo y al país hastiado. Para la ruptura interna que Luis Bárcenas persigue es primordial que la figura de Cospedal vaya estrechamente relacionada a Mariano Rajoy, para que el Partido deje de estar en sus manos y ese remolino interno actual, finalmente, haga saltar al presidente del PP asegurando el discurso único del partido y el cierre de filas en torno a ese poder superior, el de la mayoría absoluta de que se dispone. También sabe Bárcenas que Rajoy escapará de este nudo gordiano con palmas o abrazos, porque por el camino van a ir apareciendo los responsables reales de tamaña aventura corrupta. Nadie en el PP va a apostar por una disolución del Parlamento, como ya ha dicho Mariano Rajoy, con argumentos más propios de un autista que de un político avezado como él es.

El PSOE se aferra a la esperanza de la continuidad
Los socialistas se ilustran cada día con las sorpresas también diarias que el caso Bárcenas va soltando. Han pasado de la prudente observación de los hechos, que diría Elena Valenciano, vicesecretaria general del PSOE, a las convocatorias urgentes de la dirección cada vez que un dato más grave se va sumando. La impresión transmitida es que el PSOE ha construido un puzzle, mitad adivinanza, mitad deseo, y que ese tablero salta hecho añicos cada vez que el extesorero popular toma la iniciativa. La gravedad de los hechos, que tiene impávido al conjunto del país, y avergonzados a muchos, consigue del PSOE respuesta a modo de “reacciones” públicas sin el tono que se espera de éllos.
Los últimos datos dados a conocer por Bárcenas han provocado una nueva llamada a maitines de la dirección socialista y una petición de segundo nivel de que Rajoy dimita o convoque nuevas elecciones. Una opción a la que se han unido con urgencia todos cuantos quieren llevarse de este autómata descompuesto que es la política española alguna pieza servible para sus objetivos. El PSOE ya no pide explicaciones a Rajoy, porque el estado de la nación ya no está en ese nivel, sino que Rajoy dimita, sabiendo que la mayoría absoluta del PP permitiría la elección de un sucesor de su propio seno. Este tiempo le permitiría al PSOE rehacer huestes y plan de viaje. Por el contrario, unas elecciones anticipadas serían una nueva puntilla en las aspiraciones del aun segundo partido de la oposición, a menos de un año de las elecciones europeas, donde esperaban levantar algo de vuelo.
Aunque quisiera, el PSOE no puede echar a Mariano Rajoy y ambos partidos, PSOE y PP, auscultan el grado de tensión de los tirantes de Pedro J. Ramírez, convertido de nuevo en el augur de la política española cuando ésta se convierte en la más sucia, la más traumática para el resto de la sociedad. Rajoy puede irse. Pero solo lo hará si el partido se le resquebraja, si el socialismo se hace carne de oposición y debilita políticamente en cada trozo de España ese PP que no es una piña aunque huela a fruta podrida.

jueves, 27 de junio de 2013

Lo que nos queda de ETA

Se preguntaba Xavier Etxebarria (abogado, profesor de Derecho Penal en la Universidad de Deusto, coordinador del Taller de Convivencia celebrado en el C.P. de Nanclares en 2011) si para deslegitimar completamente el terrorismo, y la trayectoria política de la izquierda abertzaleviolenta, no sería mejor que los presos etarras saliesen ya a la calle, antes de que una sentencia judicial -que en su opinión llegará- les abra la puerta en grupo. Etxebarria recordaba también el libro de Gaizka Fernández Soldevilla sobre los veinte años de historia de ETA político-militar y su posterior conversión enEuskadiko Ezquerra, un recorrido de hace cuatro décadas y que tanto se recuerda en estas fechas, a más de año y medio de que el terrorismo vasco decidiese aparcar las armas.
La foto que no se volvió a ver. ETA. Foto Getty
ETA se ha encargado de convertir en próxima aquella lejana historia de los poli-mili y su proceso final, prolongando en nombre del nacionalismo lo que apareció como resistencia al franquismo porque, como decía Teo Uriarte, con Franco al otro lado todo era comprensible. Igual que admitió la entrada en su seno de comunistas para hacer más radical su nacionalismo. Como ahora, hubo víctimas en esos años, pero no estuvieron presentes en la solución final.
No es hora de interpretar cuánto hubo y hay en ETA de radicalismo social verdadero, cuánto de nacionalismo y cuánto queda, sobre todo, de apuesta ciega por la violencia armada. A fecha de hoy, nos quedan los muertos y heridos en la memoria, como en una sala de espera para ser recuperados de la ignominia de todos estos años. Nos quedan los presos que compartieron armas y muertes o apoyos con esa razón equivocada de la violencia. Nos quedan los miembros de ETAesparcidos dentro y fuera de España que esperan una indicación de la dirección enajenada que les ordene seguir por ahora ocultos en ese "zulo" social que inventaron.
Nos queda la dirección de ETA conocida o supuestamente conocida, que continúa enviando mensajes directos para recordarnos que ya dieron el paso unilateral del alto el fuego, lo que deberíamos interpretar como el final de su macabro "Viernes13", y que les ha valido ya para despejar la calle de la protesta de Gesto por la Paz por sus acciones y existencia. Una retirada que tiene el valor de anunciar un tiempo nuevo, que ojalá sea cierto, pero que elimina uno de los símbolos más claros de la repulsa social contra el terrorismo.
Y, finalmente, nos queda construir convivencia, ese concepto tan ambivalente para casi todos pero del todo imprescindible porque de ese principio, que también es objetivo, la historia recuperará la razón y, con ella, la sociedad ampliará ese otro derecho, el de libertad.
Ya hay planteadas diversas estrategias sobre cómo abordar el futuro inmediato, por no decir "la resolución del proceso", término que a Gesto por la Paz no le gusta, pero sí al nacionalismo de uno y otro grado. Ese "proceso" mantendría abierta durante un tiempo inconcreto la posibilidad de protagonismos con los que autoafirmarse ante la sociedad y, a la vez, borrar el pecado original compartido. Estrategias como la recogida por el Foro Social celebrado a iniciativa de Lokarri, "Red ciudadana para el acuerdo y la consulta", durante marzo pasado en Bilbao y Pamplona, y en el que participaron representantes de PNV ySortu, entre otros.
Sus conclusiones, presentadas como recomendaciones para dicho proceso hacia la paz, ya han sido dadas a conocer y, básicamente, suponen un compendio de las múltiples iniciativas planteadas antes y después de tener lugar ese Foro Social. Tres meses no son nada en la vida diaria. Cuando sociedad espera la luz del final real de ETA, son muchos días como para permanecer en silencio; el actual impasse más parece una secuela añadida de la violencia que el arranque de un horizonte sin amenazas. Pese a todo, tal vez sea ese tiempo de espera el valor principal de las recomendaciones delForo Social de Lokarri, que apostó desde el principio de su existencia como Elkarripor buscar un posible epicentro desde el que ir buscando puntos de encuentro entre posturas dispares. Ese siempre difícil lugar en el que el equilibrio parece a veces ausencia de compromiso y las palabras son de cristal.
Lokarri trajo de su mano los llamados mediadores internacionales a la reunión de Ayete, hace un año y medio, y los ha vuelto a traer este año, convencidos de su valor como referencia para un camino que será largo y complejo y sobre el que opinan que es imprescindible poner un pañuelo rojo que marque el punto medio en esta sokatira (juego rural de tirar de la cuerda) de eco tan internacional como ETA, pero tan vasca después de todo. En estos meses, algunas de esas recomendaciones ya empiezan a ser consideradas como positivas por quienes en principio se oponían a ellas, como el fin de la dispersión de los presos o la aplicación de una legislación penitenciaria sin lecturas de estado de excepcionalidad, como indicaba Gesto por la Paz y conviene también el Foro Social.
La presencia internacional o el análisis de los modelos de procesos de paz en otros países no parecen tan imprescindibles para quienes entienden que la historia de la violencia etarra tiene características, orígenes y razones diferentes en su continuidad más reciente. Todo parece indicar, además, que el fin de ETA, cualquiera que sea el relato final, tendrá a las víctimas como referencia básica, algo que no ocurrió en el proceso de inserción de los polis-milis.
El Foro Social recoge ambas recomendaciones -la atención a las víctimas y la continuidad de la presencia de mediadores internacionales-, en coherencia con sus posicionamientos anteriores, sobre los que ya se han manifestado varios de los responsables de ese futuro inmediato en uno y otro sentido de forma pública, aunque después sus pasos parezcan contradecirlos, como parece lógico en esta fase de "yo opino lo contrario, salvo que me convenga". No abiertamente, como la siempre negada existencia de contactos, la estrategia silenciosa para el final de este camino está en marcha pese a los ruidos de todos. Es parte de lo que queda de ETA.

Lo decisivo del final elegido será, sobre todo, cómo va a incidir ese modelo en la reconstrucción de la libertad ciudadana, política y social. Más allá de los gestos, la paz sin guerra y sin armas visibles será sobre todo una lección contra la violencia y contra muchas décadas por recuperar.
Los presos, al margen de los aspectos individuales, son para ETA sólo un arma arrojadiza y para la izquierda más verbalmente radical un problema que otros deberían resolver y que ellos airean como bandera. Tal vez por eso permanece como recomendación del Foro Social convocado por Lokarri que la salida de los presos de la cárcel se produzca forma individual, no como producto de una resolución colectiva, pero que, una vez en la calle, se pueda escuchar su voz, tal vez para expresar públicamente su repulsa de la violencia o para que su presencia signifique el comienzo de la integración, que tantos años costó, pese a todo, en el caso de quienes volvieron de ETA (p-m).
Paul Rios, coordinador de Lokarri. Foto EP
En la presentación de las recomendaciones, Paul Rioscoordinador de Lokarri, dejó traslucir la sensación de que el Foro cumplió con provocar ese encuentro colectivo, al que muchos no se dieron por invitados pese a tener aún la responsabilidad de gobernar. Rios y los demás seguramente esperaban más contenido, aportaciones más sustantivas. El resultado no llegó tan lejos, pero poner en limpio cuáles son las posturas a través del diálogo ya es bastante si sabemos, como reconocen todos, que este Foro sólo puede ser parte del principio.
Pensar en el futuro es lo que debe incidir en el presente, en la estrategia que ahora se adopte: la conveniencia de una salida de ETA y sus presos a la luz "puño en alto" -como señalaba Xabier Etxebarria- para mayor gloria de esa bandera abertzale, o una libertad individual sin amnesia, como comienzo y final de ese desafío futuro de vivir y convivir, que es mucho más que ser vecinos.