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lunes, 14 de mayo de 2018

CATALUNYA: QUIM TORRA PIENSA COMO UN NAZI. ¿Y QUÉ?

  • El albacea del honorable Pujol no tendrá despacho ni poder en la Generalitat.
  •  La CUP ha hecho más por Ciudadanos que el propio Partido Popular de Catalunya
  • El fugado Puigdemont le da seis meses a Rajoy para hacer política en Cataluña y abrir las cárceles

  • Vamos a quitarle el cargo en la Generalitat. Digamos, por entendernos mejor, que Quim Torra es el nuevo president de Catalunya, porque a veces se nos olvida que, bien llevada la cosa, quien dirige la presidencia del gobierno autónomo es el presidente de esa Comunidad autónoma, tenga carácter de nacionalidad o no según determina la Constitución. No es un matiz. En nuestro país existen presidentes que ejercen de notarios portavoces de la gestión de su equipo y otros que se dejan la piel para hacer ver a sus vecinos que el poder está en su persona, por decisión democrática, aunque el partido que le puso sea una grillera. En Castilla-La Mancha hubo quien mandó y quien le hubiera gustado mandar, ambos del mismo grupo político. Lo hemos comprobado de cerca.
    SUCESORES FIELES, NO LEALES
    Lo de Catalunya no es reciente. Aunque todo nos parezca un terremoto político, Quim Torra debe su elección como presidente de la Generalitat a Artur Mas y a la CUP (anarquistas y otros anticapitalistas), aparentemente en las antípodas uno de otros.  La Generalitat se ha convertido en la perla de la corona que muchos quieren conquistar, una vez muerto políticamente Jordi Pujol, que era quien mandaba en todo, como vamos sabiendo. Todo hubiese ido sobre ruedas si el primer president de esa cadena de errores sucesorios, Artur Más, no hubiese querido apartar al honorable Pujol con un protagonismo que nadie le había exigido y o saber negociar con Madrid la solución de los problemas, como siempre hacen los nacionalistas, con el contravalor de los votos. Le hubiera bastado con mantener el poder, controlarlo de cerca y alimentar los compromisos políticos y sociales.
    Mas perdió el apoyo de su mayoría inamovible porque la crisis y los recortes fueron antes que los de Rajoy, en una sociedad en la que el bienestar no era solo la lengua y otras tensiones internas no salían a flote como lo hicieron después. Por eso perdió el poder Artur Más y recibió el encargo de buscar a un sucesor fiel, que no leal. Desde entonces, la estrategia nacionalista catalana, como todas las otras, fue sustituir las banderas catalanistas por las más radicales, sin perder de vista a la CUP. El discurso ha salido de la caverna nacionalista y Puigdemont era la voz de su amo, el poder que aupó a Mas.

    LA SOMBRA DEL NAZISMO EN EL PALACIO DE SANT JORDI
    La noticia la ha acaparado Puigdemont durante muchos meses, pero él solo ha sido, y sigue siendo, el  muñeco que cae redondo si Mas le retira la mano de la espalda. E importa poco quién sea ahora el sucesor de Puigdemont, del que se dice que ha ungido heredero a un independentista radical, separatista y xenófobo, calificado como nazi a la vista de sus escritos, que reflejan su manera de pensar. Que haya obtenido el apoyo de la CUP para ser elegido, vía abstención, era algo obvio, porque el engarce del poder nacional catalán se une por en los extremos por la lengua y la secesión, aunque parezca contradictorio: Fue la CUP la que consiguió derrocar a Mas/Pujol a lomos de una crisis social y poner en marcha la trituradora partidista de la derecha catalana.
    La CUP ha hecho más por la aparición de Ciudadanos que el propio Partido Popular. Como nadie sabe hacia dónde va la estrategia de la CUP, salvo por ese manido “cuanto peor mejor”, la quiebra de esa relación no se ve en el horizonte. De todo este ese conglomerado nacionalista, a nadie le preocupa la crisis social, la actual y la que se avecina en Cataluña, como anuncia el senador y expresidente de la Generalitat, Montilla, quien afirma que estemos atentos al horizonte de unos años más, porque lo que ahora ocurre parece un accidente, pero será decisivo para que Catalunya pierda lo que fue.
    Si Quim Torra es un nazi, lo descubriremos cuando ejerza como president, aunque nadie se juega un duro porque su presencia vaya más allá del mes de octubre. Ni siquiera su padrino Puigdemont lo cree en público. Torra se descubrió a si mismo en unos restos arqueológicos descubiertos en el Mercado del Borne, una instalación histórica convertida en centro cultural que el gerenciaba. Desde ese día supo que Catalunya tenía una historia propia que había que defender, no amurallados como en Numancia, sino ocupando las estructuras civiles. Igual que Mas, vaya. Ese es su currículum, junto a su beaterio y su activismo catalanista desde Omnium, el nido donde crecieron todos esos gorriones calentados por el dinero de la estelada.

    TORRA: EL SEMESTRE NEGRO
    No fue lo peor su discurso de investidura en el Parlament de Catalunya. Como dijo el portavoz del PSC-PSOE con acierto, su problema es la dignidad con que quiere acceder a ese cargo: el desdén y la soberbia excluyente. Torra es un relato corto de una vieja historia que le sobrepasará en trascendencia y en un futuro inmediato. ¿Por qué “calentarse” con sus viejos mensajes y escritos de la peor y más inculta escuela?.
    Artur Más -y a quienes sirve- necesitan alguien que haga ruido, mantenga el nivel de confrontación porque la estrategia es ganar tiempo para que la CUP deje de ser decisiva y que el PP rinda los presupuestos y abra las celdas. Después, con el beneficio recuperado, los gorriones volverán al nido. Pujol se reirá entonces de tanta escenificación, recordará lo que es ser presidente de Catalunya y paseará plácidamente a la sombra del esquilmado Palau, convertido de nuevo en honorable.

    Exilios (la independencia errante)

    Si se pudiese leer completa la “hoja de ruta” que el nacionalismo de  Catalunya elaboró para buscar la independencia de su “país” sabríamos si el viaje a ninguna parte del presidente catalán cesado era algo previsto. Tendremos que conformarnos con el resumen amplio que un diario nacional publicó y que, por lo ya ocurrido, ha ido cumpliéndose a rajatabla.
    Para conseguir esa fidelidad al guión ha sido necesaria la proactividad de la Generalitat y el abuso de la mayoría parlamentaria de que disponían los nacionalistas en un Parlament fenecido en brazos del artículo 155 de la Constitución. Y también la inacción de un gobierno, el del PP presidido por Mariano Rajoy, que vio aparecer la luna llena creyendo que era el sol y sin darse cuenta de que era una luna vieja; como si no fuese con él lo que ya inquietaba a toda España: la maniobra ilegal en el Parlament de aquellos infumables días del lejano septiembre. Finalmente, se hizo la luz por el Parque del Oeste y el Palacio de la Moncloa se estremeció.









    Todo lo demás ya es conocido, lamentablemente conocido. Como lamentables son los daños colaterales, la desconfianza que el discurso del PP como partido ha ido generando en todo este tiempo, en contraste con su silencio desquiciante como gobernante. Aún resuenan los comentarios sobre la aplicación de un 155 a la autonomía de Castilla-La Mancha. Todo, mientras Moncloa intentaba sacar adelante la aplicación de la Constitución como un médico sin título, rodeado de ayudantes consternados dispuestos a construir un supositorio legal a partir de una básica y antigua receta, porque no estaba previsto tener que aplicarla nunca.

    Cuesta creer que los independentistas irredentos no hubiesen previsto que su provocación a la soberanía del Estado tendría respuesta. Tarde o no, el 155 salió del Senado hasta el corazón de la duda y las contradicciones del nacionalismo. El escenario creado era el esperado. Pero la medicina tuvo un efecto más rápido del previsto. La Catalunya oficial se ha ido encargando de ensordecer el quejido nacionalista cuando el impacto del 155 llegó. En mayor o menor tono, y pese a las desconfianzas que provoca el componente ideológico popular, se había pasado la hoja, a la espera de cual fuese el relato del Govern y su president, Carles Puigdemont.
    El ovillo de la República catalana ha tenido pocos metros y todo hace pensar, aunque hay quien opina la contrario, que la salida belga del ex-president más parece obedecer a sus responsabilidades con anteriores votaciones que con la declaración más reciente de independencia, según la imputación planteada por la Fiscalía General del Estado contra él y otros consejeros de su gobierno. En ese viaje de tantas estaciones ocultas e inesperadas de la República ansiada, el viaje a Bruselas de la mano de ultraderechistas valones deja sobre la mesa la convocatoria de elecciones anticipadas, las que Ciudadanos reclamaba como el maná que necesita en Madrid. Pero el breve plazo para celebrarlas (el dia 21 de diciembre) no estaba en el guión, en esa hoja de ruta de los independentistas.
    Acabe donde acabe Puigdemont y sus consejeros y consejeras huidos, cinco en total, en Barcelona el nacionalismo más radical se piensa si prestarse o no al juego electoral marcado por el Senado; y los más moderados ya han confirmado que estarán allí, en las calles y delante de las urnas, las de verdad. Desde Bélgica, el president catalán cesado por Madrid vivirá otro modo de exilio: ver cómo Ezquerra República le saca la mano de la espalda, que le hacía moverse a él, para dirigir su propia orquesta. El líder republicano ya anunciaba decisiones increíbles y difíciles en los próximos días. Oriol Junqueras seguirá moviendo los hilos aunque ahora le toque dar un paso al frente y hablar directamente, no a través de una suerte de ventriloquia que encumbró a Puigdemont a donde nadie le esperaba.
    Es difícil ganar unas elecciones desde el exilio, aunque sea voluntario, aunque te pongan en cabeza de lista y pese a que te declaren en rebeldía. El País Vasco ha vivido situaciones similares y los resultados ya son conocidos. Por eso la nueva apuesta del huido se asemeja a los consejos de suicidio para otros que hemos leído en las novelas. Sentiría que la nueva etapa catalana deje en el limbo a Carles Puigdemont, aunque solo sea porque la lealtad es un valor pero, como las brevas, es un fruto que madura lento y se pudre pronto.
    Los nacionalistas quisieron, quieren, ocultar su presente con una República minoritaria, una bandera “estelada” que es de los antisistema más radicales (la CUP) y exiliar a la mayoría de los ciudadanos de Catalunya de su propio país, aunque fuese por unas horas. Nada hay peor que despertar la dignidad del “extraterrado” del que hablaba Mario Benedetti. Ojalá sea para bien. El 21D lo veremos.


    domingo, 20 de octubre de 2013

    Patxi Zabaleta: “ETA no se debe disolver mientras quede un solo preso en la cárcel”


    Esta entrevista ha sido publicada parcialmente en el diario digital Zoom News el dia 18 de octubre de 2013. Esta es la conversación completa mantenida con Patzi Zabaleta, lider de Aralar y parlamentario navarro.

    Wikipedia ya ha perdido el hilo de las desavenencias de Patxi Zabaleta allí donde esté siempre, pero él cree que falta perspectiva sobre todo lo que el mundo se mueve en su Euskal Herria. No le importó despegarse de quienes guardaban silencio ante la lucha armada e impulsó la creación de Aralar para defender esa izquierda abertzale agrupada en la que él cree y que no ve bajo el paraguas de Sortu, sobre los que hila fino. Acusa a la Geroa Bai de Uxue Barkos de ser el caballo de Troya del PNV, su franquicia, y afirma que Navarra ha sido siempre la trinchera de la corrupción estatal, con unos y con otros. Cree que las decisiones unilaterales de ETA hacia el final tienen más valor que la negociación con el Gobierno de Madrid  y afirma que la paz ya está instalada al 90% o más.

    Estar metido en veinte jardines a la vez forma parte de su personalidad, pero también de su historia. Patxi Zabaleta (Leitza, Navarra, 1947) es el referente de la izquierda en navarra, de la oposición a ETA desde la izquierda y quien mejor suele predecir (desde las sensaciones, dice) los pasos de la banda armada. Estuvo en la formación de Herri Batasuna, se desmarcó de ellos para condenar la lucha armada de ETA y nació Aralar; se asoció con los independientes navarros para crear Nafarroa Bai, se separaron; fue a las elecciones vascas con EH Bildu y volverá a hacerlo con ellos cuando Yolanda Barcina decida convocar los comicios navarros; vio cómo tres de sus parlamentarios vascos disidentes salían por querer participar en la Ponencia de Paz y Convivencia… Le parece lógico que toda esa carrera finalice formando piña con una fuerza de izquierda abertzale mayoritaria en Euskal Herria pero la Aralar navarra vive duras tensiones por las condiciones de esa relación de futuro con EH Bildu. Su bola de cristal es la observación, según dice, pero se anticipa a los demás pidiendo el final de ETA, el desarme y anunciando que la banda volverá a dar pasos unilateral, pese a lo que denomina como “la crueldad” del Gobierno de Rajoy.

    LA IZQUIERDA ABERTZALE
    ¿El  final de ETA traerá consigo una izquierda abertzale agrupada?
    Eso buscamos en Aralar. El espacio político de lo que denominamos izquierda abertzale es un espacio plural, diverso, pero es un solo espacio. Es importante repetir esa constatación a menudo, su diversidad, porque si no se respeta provocará la jibarización del espacio, y en el mundo moderno todos los partidos que se presentan a la sociedad, incluidos socialistas y socialdemócratas, son expresión de una diversidad con unos comunes denominadores. Ese es el porvenir de la política.
    En el ámbito abertzale pienso que el nacionalismo no es una ideología, lo hay de izquierdas y de derechas. Se da la circunstancia de que hoy en Navarra el espacio del centro derecha no está ocupado por el PNV, sino por UPN, pero existe esa pugna y el PNV, a través de Geroa Bai, pretende entrar en Navarra, lo cual es completamente legítimo. Pero la izquierda abertzale tiene que configurarse como una izquierda plural llamada a ser una de las grandes fuerzas de Navarra, como en este momento ya lo es.
    ¿A base de coaliciones o con una organización única? 
    En principio de coaliciones. Yo participé en la creación de Herri Batasuna, que comenzó siendo una coalición y después paso a ser una organización unitaria, con todos sus problemas.
    ¿Bajo el paraguas de Sortu?
    Creo que no. Sortu es un partido que, como nosotros mismos, tendrá que evolucionar y hay sectores importantes de la izquierda abertzale que aún no han sido atraídos a esta coalición y que están ahí fuera, por la derecha y por la izquierda. Pero también existen algunas tentaciones que en su día fueron una lacra, como el vanguardismo que defendía ETA poli-mili (prioridad de lo militar sobre cualquier decisión política), hoy fuera de la realidad.
    Mirando un poco hacia el futuro, tendrá que existir un reconocimiento de la pluralidad y en esa vertebración de la fuerza de la izquierda abertzale los comunes denominadores tienen que ser los principios, los valores de una izquierda plural, pero de izquierda. Y si eso es así, se repetirá la historia de la formación de Herri Batasuna y, en ese sentido, se irá consolidando una fuerza que represente a ese sector de la sociedad  abertzale y de izquierdas que sociológicamente es mayoritario, aunque políticamente no lo sea.
    ¿Ese futuro de la izquierda abertzale no pasa por el fin de ETA?
    La izquierda abertzale del futuro se va a parecer mucho a lo que hemos defendido en Aralar, ideológicamente hablando. Y, lo más importante, lo que está permitiendo que estemos dando estos pasos, con todas sus dificultades y contradicciones, es el hecho de que se produjo hace dos años el cese definitivo en el uso de la violencia. Había que quemar naves y arriesgar todo para ese objetivo. Y eso hemos hecho.
    Ese es el punto crucial. Aún faltan temas que resolver, si, como el desarme, pero son temas secundarios. El PNV comete un grave error al querer sustantivar esos temas como si fuesen los trascendentales. Lo trascendental era el cese definitivo en el uso de la violencia para siempre. Esas otras cuestiones son importantes y hay que arreglarlas, como el tema de la política penitenciaria y la derogación de las medidas especiales; es decir, lo que ya está recogido en el Acuerdo de Guernica, que supuso un cambio trascendental en la vida política.
    ¿Y el futuro de Aralar? ¿Acabará, como dicen, en las garras de EH Bildu?
    Las condiciones políticas han cambiado y seguirán cambiando y hemos hecho nuestra aportación a la creación de ese futuro, que va a ser un futuro en paz, reconociendo el principio de la pluralidad social muy ampliamente. No tenemos miedo a ser tragados cuando la realidad que se está construyendo está muy en sintonía con lo que nosotros hemos defendido

    EL FIN DE ETA
    ¿ETA sigue al mismo camino que los poli-milis hace décadas, pero muchos años después y con más de 800 muertos en la espalda?
    Creo que no. Los miembros de ETA político militar escenificaron un final completamente diferente. La palabra más importante del Acuerdo de Gernika, para mi, es la de unilateralidad y ese concepto significa una decisión política sin contraprestación. Pero también quiere decir que si ETA comenzó por motivos políticos, tiene que acabar también por motivos políticos
    El propio Otegui ha dicho que había que desterrar el concepto político-militar, y eso es lo que se está haciendo. Son dos finales diferentes, aunque he dicho varias veces que la paz siempre llega demasiado tarde porque deja en el camino muchas cosas, y esa verdad es aplicable a todas las ETAs.
    ¿Continuará ETA esa línea de decisión unilateral?
    Sin ninguna duda y, entre otras razones, gracias a la ineptitud y la crueldad del Gobierno central. Si el Estado no quiere dialogar, y deberá dar sus pasos, ETA los tiene que dar a cambio de nada, unilateralmente. Uno de ellos es el desarme, que espero que se produzca pronto. Tengo esa sensación de que será así, pero ninguna prueba para afirmarlo. De esa manera no estaremos condicionados en el futuro para renunciar a nada. Iría en contra nuestra que el Gobierno de Madrid quisiera dialogar, aunque el diálogo siempre se debe exigir.
    ¿Todo lo que falta es tan simple como que ETA se disuelva e interior solucione la cuestión de los presos?
    ETA no se debiera disolver mientras quede un solo preso. ETA tiene que desarmarse y convertirse en una entidad civil que asuma las responsabilidades de su historia. Con la disolución ¿en manos de quién quedan esas responsabilidades?. ¿Cómo si no se autentifica la disolución?. Si deja de existir no hay nada que autentificar.
    La conversión de ETA en una organización civil originaría una posible interlocución en algún momento para lo que fuera necesario y, si no, esa interlocución no va a existir. El IRA no se ha disuelto y eso que tenía nombre de ejército.
    En cualquier caso, la disolución no ofrecería ninguna ventaja y generaría una situación surrealista: personas encarceladas por pertenecer a una entidad que no existe.
    ¿Es un riesgo que se llegara a instalar la paz sin haber cerrado el proceso?
    La paz está implantada en más de un 90 por 100 y la sociedad tiene ya la sensación de que está en paz. Acelerar cualquier decisión a este respecto no tiene mayor justificación que las prisas de algunos, salvo cuando afecta a derechos humanos y personales, como los de los presos, los escapados o las víctimas en el sentido verdadero de la palabra víctima, no en el de grupúsculo de extrema derecha, que es lo que hacen algunas asociaciones.

    EL PERDÓN
    ¿Cree que es imprescindible el perdón?
    El perdón es una cuestión subjetiva. Cuando se da debe ser bienvenido, pero no se debe establecer como requisito legal y jurídico. También el arrepentimiento es un concepto subjetivo; cabe en la ética, en la religión, en la moral individual, forma parte de la autocrítica, pero todas esas cuestiones ni se escriben ni se pueden escribir en el Código Penal porque si comparamos con otros hechos del código Penal en cuanto al perdón o el arrepentimiento, nos encontraríamos con que una actitud personal y subjetiva trasciende a las normas penales. No tiene sentido. Cuando se produce hay que tomarlo en consideración, pero no como requisito de nada, porque lo harían todos y dejaría de tener valor.
    ¿Confía en que algún día todas las víctimas tengan la misma consideración?
    El esfuerzo tiene que ir en ese sentido. El ejemplo de la guerra del 36, que aún colea, es un ejemplo de tragedia de tales dimensiones que sólo eso ya debería valer para trabajar en este sentido. Tomás Caballero es víctima y Germán Rodríguez también, y eso ha calado profundamente en la sociedad, aunque las “jefaturas” políticas no lo admiten, pero la sociedad si.

    NAVARRA
    ¿Van a repetir en Navarra la alianza electoral con EH Bildu que aplicaron en Euskadi?
    La previsión es que en Navarra habrá una izquierda y una derecha abertzale y aunque en ocasiones esa derecha está disfrazándose patéticamente de izquierda. Geroa Bai, como franquicia del PNV, va a ser el germen de una derecha nacionalista en Navarra y eso es positivo. Y enfrente tiene que haber una izquierda más o menos amplia pero plural y ese debe ser el futuro de la izquierda abertzale.
    En el reciente debate del estado de la Comunidad de Navarra usted fue el único que le habló de corrupción a Yolanda Barcina.
    Me dolió quedarme solo. El tema de la corrupción en Navarra es endémico, permanente y brutal en el condicionamiento de toda la modernización económica y social de esta Comunidad. La corrupción estatal siempre ha tenido una trinchera en Navarra, además de las específicas de aquí.
    El archivo de la causa de las “dietas de Caja Navarra” es el final del caso general sobre la Caja?
    Le ha dado un golpe muy grande al caso, que era mucho más que lo referente a las dietas. El caso es un ejemplo de cómo la corrupción estaba instalada en la gestión. Hasta el Tribunal Supremo hablaba de la actuación de personas Su secretario general se postula como
    Jusaticia ha dejado de actuar, una vez mtema general de la Caja?ue coger competencias maypúblicas como si fuesen privadas. Eran temas muy claros a mi juicio, pero la Justicia ha dejado mucho que desear, una vez más.  

    PAIS VASCO
    ¿El PSE-EE le debía algo al PNV como para garantizarle la legislatura?
    Lo ha hecho por su propia conveniencia. El Partido Socialista se encontraba fuera de los cargos institucionales y en una situación muy incómoda y, para hacerse valer como fuerza importante, le ha venido bien el Pacto. Pero eso tiene sus pasivos. El PSE-EE le ha regalado al PNV más de lo que ha recibido.
    ¿Ese pacto ha descolocado a la izquierda abertzale en el País Vasco?
    El pacto ha convertido a EH Bildu en la alternativa y es una situación muy importante y cómoda y de gran futuro. Es una gran baza para EH Bildu, aunque no podrá formar parte de esos pactos. Urkullu es un rehén de lo que haga el PP como, en su época, de lo que hacía Zapatero. También al PP, pese a su bajón en las elecciones, le viene bien estar codo con codo con el PNV y el PSE-EE.
    Pero el pacto no es sobre fiscalidad, porque los temas fiscales esenciales, como el impuesto de patrimonio, no se tocan. La fiscalidad es la escusa para llegar a acuerdos y todos ellos se han unido porque les beneficia de alguna manera. Para EH Bildu el pacto tiene algunos pasivos, pero muchos más activos.
    ¿Será viable ese cambio de la “arquitectura del entramado institucional” de Euskadi que defendía Patxi López?
    La Ley de Territorios Históricos es retrógrada, está anticuada y, además, adolece de muchos defectos. Siempre le ha venido bien al PNV, pero incluso el PNV tiene que irse alejando ya de ese marco. El planteamiento ya lo hizo Eusko Alkartasuna (EA, hoy en alianza con EH Bildu) y fue el origen de su ruptura con el PNV. No es sostenible un entramado administrativo tan repetitivo como es el de la CAV. Hay que “adelgazar” esa estructura para dejar espacio a temas y servicios comunes ahora triplicados. La Ley de Territorios Históricos fue un retroceso desde el principio y ahora ese retroceso es cada vez más grave. Las Diputaciones tenían la legitimidad histórica e institucional, pero es evidente que debe que ser sustituida por la del Gobierno vasco, que tiene que coger competencias mayores. El “concierto” es un ejemplo de qué hacer, porque antes lo firmaban individualmente las Diputaciones.

    PERFIL


    Patxi Zabaleta, (abogado, Leitza, Navarra, 1947) es a la izquierda abertzale como el aceite a las salsas, un ingrediente imprescindible y esa habilidad no deja de ser un misterio porque su presencia suele tener el efecto de la guindilla. La participación como secretario general de HASI de Navarra en la creación de Herri Batasuna a finales de los 70 le llevó a ser miembro de la dirección, la llamada Mesa Nacional de HB, hasta 1982, y entre 1987 y 1996, pero el “crítico” de HB ya había dejado clara su postura en contra de la lucha armada de ETA, a favor de una estrategia política no supeditada al dictamen de la banda y de que los cargos electos de HB estuvieran presentes en las instituciones; una ausencia que permitió elegir a Miguel Sanz como presidente del Gobierno de Navarra al no asistir los parlamentarios de HB.
    El asesinato de Miguel Angel Blanco provocó una resonada condena por parte de Zabaleta, saliéndose así del criterio oficial de su organización, aunque siguió siendo su cabeza en Navarra. Ha encontrado un hilo conductor en su vida política, la pluralidad y la reflexión, como bien puso de relieve en el reciente debate del estado de la Comunidad foral de Navarra. Pero sus adversarios le acusan de inflexibilidad como dirigente. La historia más reciente de Zabaleta viene jalonada, tanto en Euskadi como en Navarra, de desencuentros, bajas y rupturas, sea con los miembros de Aralar en el Grupo Parlamentario de EH Bildu en el parlamento de Vitoria y a cuento de la Ponencia de Paz y Convivencia; sea con motivo de las desavenencias con los independientes de Nafarroa Bai que, enfrentados a Zabaleta, crearon Geroa Bai y le disputan ese espacio de la izquierda navarra con Uxue Barkos como líder más emblemática.
    Cuestión aparte son sus frías relaciones, no confesadas, con Sortu. Zabaleta impulsó la separación de Aralar de HB cuando esta se convirtió en Batasuna, hoy Sortu, por lo que le llovieron todo tipo de críticas y acusaciones. Prudente respecto al papel de los exbatasunos en el futuro, se puede entender que el escenario que él prevé a medio plazo es el de dos organizaciones diferentes, EH Bildu y Sortu, eso que él llama “una izquierda plural”, en la Euskal Herria común.




    viernes, 18 de octubre de 2013

    Hablemos de la paz mientras la paz llega

    Dos años después de que ETA se encontrase las conclusiones del Foro por la Paz y la Convivencia de Lokarri como un hito colocado en medio de la carretera vacía, y decidiese de forma unilateral abandonar la lucha armada, el lehendakari Urkullu se ha ido a Estados Unidos a dibujar cómo va a ser la Euskadi sin violencia terrorista y dar datos sobre la crisis económica que, pese a esos datos, se extiende por el País Vasco. Hubiera sido increíble pensar hace dos años que un presidente del Gobierno vasco llegara con un mensaje sobre la paz, sobre el fin del terrorismo y la esperanza del crecimiento económico hasta el núcleo mismo de quienes provocan la mayor de las crisis económicas, financieras, políticas y sociales desde los años 20 del pasado siglo.

    Pernando Barrena, (HB / Batasuna / Sortu) y la realidad
    Tal vez esa especie de espejismo que consiguen a veces las relaciones publicas e institucionales sea en este caso más que un alarde, un arriesgado ejercicio de imaginación sobre el futuro después de dos años en los que ha sido una necesidad hablar sobre la paz a construir, las responsabilidades y sus agentes, en espera de que la paz sea cierta. Ese diálogo entre muchos –no todos- se terminado por conformar un terreno indefinido, surcado de cientos de senderos a ninguna parte y, como indica Lokarri, la paz real no ha avanzado, sino esa ficción de paz virtual a la que probablemente ya hay que acostumbrarse. Por eso Urkullu tuvo como anfitrión a su antecesor, el ex lehendakari Ibarretxe y a varios expertos en la mediación de conflictos internacionales, con los que comenzar a visualizar la imagen del final del camino.

    (...)

    Es bueno acostumbrarse a esa esperanza de paz mientras la paz llega, y que la realidad no nos contradiga. Pero cambiemos el discurso, las leyes y las penas hasta el nivel del derecho, porque si hablamos de paz es porque ya no hay guerra y, aunque no haya armisticio, si no hay guerra sólo queda la historia por escribir.

    (...)

    Cada día parece más claro que, pese al coste personal sufrido, al PP le importa poco la paz. Su tamiz sobre el concepto de paz es tan restrictivo que no encuentra correspondencia con ningún otro y así es imposible nada que no sea hablar por hablar. Que el PSE-EE se sume a ese lenguaje por desorientación le llevará al alejamiento aunque ese no sea su peor pecado, si no fuese porque, después de todo, ahí estuvo ya antes.

    Tal vez sea el momento de que Navarra levante su propia voz por la paz a pesar del desvarío político que vive. Aunque sea para contribuir a este ensayo de paz sobre el que se habla, porque para Navarra, la paz no existe, ni la teórica paz, salvo para remover de vez en cuando el ataque político entre unos y otros en una confusión en la que el terrorismo se recuerda y se renuncia a la política. PSN y UPN parecen haber olvidado a sus muertos aunque nunca, a excepción de para negociar el número de escoltas, ni los socialistas ni UPN fueron invitados a construir la estrategia antiterrorista, como si las víctimas, unas y otras, las de estos años de hierro y los que murieron durante la guerra civil -y no son condecorados con la beatificación- fueran víctimas ajenas. 


    Artículo publicado en Diario Noticias de Navarra      18 octubre 2013

    Leer más

    http://www.noticiasdenavarra.com/2013/10/18/opinion/tribuna-abierta/hablemos-de-paz-mientras-la-paz-llega




    jueves, 3 de octubre de 2013

    El Parlamento de Navarra debate sobre el estado de Yolanda Barcina

    Yolanda Barcina echa de menos a Patxi López en el debate del estado de la Comunidad foral de Navarra. Reclama un pacto “a la vasca” con el PSN-PSOE, al que le vuelve a morder la mano y anuncia que no convocará elecciones anticipadas. Todos, incluido el PP, reclaman a UPN un plan de futuro o que dejen el gobierno. Según Patxi Zabaleta, la madre de Barcina sabe el significado de “Barcina, agur” (Barcina, hola/adiós)
    Sin respuestas. Yolanda Barcina, presidenta del Gobierno de Navarra, cerraba el debate del Estado de la Comunidad foral preguntándose si tantas horas de discusión habían servido para ofrecer respuestas a los problemas de la sociedad. Ella misma se respondía: No. Más allá de las palabras, las intervenciones olían a vísperas electorales, no confirmadas, pero deseadas por la mayoría del Parlamento. Solo la discutida presidenta era capaz de hilar un relato concreto: el de su pesadilla personal con todo lo relacionado con el País Vasco o las políticas de los partidos nacionalistas. Eso sí, cerraba reclamando a los socialistas navarros su derecho a conseguir un pacto con el PSEN-PSOE como el que los socialistas vascos han cerrado con el PNV para sostener el también minoritario gobierno de Iñigo Urkullu.
    Daba la ocasión de que en vez del secretario general del PSN, Roberto Jiménez, hubiese deseado tener enfrente al del PSE-EE, Patxi López, para hacer más lacerada su crítica por la oposición a que la someten los navarros después de un año de gobierno bipartido y haberla aupado a la presidencia a la que ahora se aferra. Si el exlehendakari vasco López hubiese estado presente y escuchado las reiteradas alabanzas de la dirigente de UPN a su capacidad de entendimiento con la derecha o el nacionalismo, seguramente se hubiera preguntado en qué se había equivocado él.
    Entre la realidad y el deseo, Barcina deambuló por el debate del estado de la Comunidad foral citando constantemente el riesgo de un gobierno tripartido alternativo, del que las encuestas hablan como posible, y la fatídica gestión que los partidos adversarios o sus homólogos llevan a cabo en el resto de España. En ese viaje por el resto de Comunidades Autónomas, que algunos calificaron de “viaje en globo”, como se lo calificaron, dejó claro que Navarra no es el paraíso ideal, pero sí el mejor de los posibles. Estuvo a riesgo de caer en la autocomplacencia, no por salvar su gestión, sino por demostrar con datos recogidos en la Prensa o en declaraciones de terceros que lo de los demás es un infierno y ese es el horizonte que a Navarra le aguarda si socialistas, nacionalistas de diversa índole y los “comunistas” de Izquierda-Ezkerra llegan a formar ese gobierno de cambio que desean.
    Llegar a él significa, y es algo asumido ya por el PSN-PSOE, la convocatoria de elecciones anticipadas, un arma que solo Barcina posee y con la que tiene derrotada a toda la vida política de la Comunidad. Su anuncio de que cumplirá toda la legislatura (18 meses más) es todo un reto, especialmente para los socialistas, que han cerrado su discurso de “nada contigo” pero les cuesta llevar a la sociedad los datos que confirmen que tampoco habrá nada con UPN, el partido que Barcina preside también. Más que amedrentarse ante un debate que sabía agrio de antemano, retó a toda la oposición a que volviese a presentar una nueva moción de censura, “eso si, tendrá que ser propositiva”, con presentación de alternativa clara, recordó, a sabiendas de que ese escenario ya forma parte del pasado primaveral, porque todos, incluso el PP, buscan un cambio pero nadie se fía de nadie y por eso reclaman la reválida electoral.
    Como esperaba, la presidenta escuchó todo tipo de alusiones a su pedigrí democrático, autoritarismo político, desprecio al Parlamento ….. Lo que los demás no esperaban es que la ella hablase de todos los gobiernos regionales dirigidos por la izquierda o nacionalistas, menos del Gobierno de Navarra.  El photoshop encubrió la realidad navarra, con sus luces y sus sombras, y la presidenta regionalista dejó a todos con la incógnita de cual es su hoja de ruta, la que uno tras otro le fueron reclamando, además de desautorizar al Parlamento, rechazar sus iniciativas legislativas y seguir gobernando en minoría a golpe de decreto.
    Pocas veces Yolanda Barcina había expresado tan elocuentemente como en este debate sus más profundos temores por la “patria amenazada” y, como si nada hubiese cambiado, volvían a escucharse en el hemiciclo navarro las viejas letanías del expresidente Miguel Sanz sobre la ansias nacionalistas respecto a Navarra. Sólo que para el discurso de su sucesora en este 3 de octubre, terrorismo y nacionalismo es un mismo concepto. EH Bildu y Aralar la acusaron de forjarse una realidad inexistente de Navarra, pero ella estaba convencida de que el PNV navarro, integrado en Geroa Bai, y el Gobierno de Urkullu desean que a Navarra le vaya lo peor posible porque “todo será más fácil”; a su entender, la integración de Navarra en “la soñada Euskal Herria”.
    Sobre la mesa dejó un plan de 25 puntos que sería la base del pacto que estaba dispuesta a firmar ese mismo día con el socialismo navarro, y que, según desveló, es una copia literal del suscrito por el PSE-EE con el PNV. “¿Por qué allí si y aquí no?”. No era una pregunta retórica. Barcina se mostró convencida de que todos entenderán que UPN es como el PNV, pero sin label vasco, y que tan derecha es uno como otro partido, según dejó claro.
    En diez horas de debate parlamentario, sólo Patxi Zabaleta, portavoz de Aralar, habló de corrupción económica y política, sin que a la presidenta se le alterase el tono cuando le pidió que fuese al Juzgado. Posiblemente al mismo que, coincidiendo con la sesión, decidía archivar la causa de las dietas cobradas en Caja Navarra. Esa fue la auténtica sorpresa del día: Caja Navarra prácticamente ha desaparecido como problema salvo alguna alusión al intento del gobierno de privatizar también los restos de ese naufragio, su Fundación.
    En tono casi de oración, la presidenta Yolanda Barcina ponía fin al debate anual sobre el estado de la Comunidad y a una larga fila de interrogantes: su plan legislativo, los nuevos presupuestos para 2014 o si volverá a prorrogar los del año en curso, si se confirman sus velados anuncios de nuevos recortes a funcionarios y sanidad, si mantendrá su decisión de primar las inversiones del Opus Dei con ayudas públicas y, sobre todo, si las propuestas de resolución que el Parlamento aprueba con motivo de este Pleno serán aplicadas o no.
    A la salida del Parlamento aún se escuchaban las palabras del expresidente Miguel Sanz en su reaparición pública 48 horas antes: Que UPN se zafe del abrazo del oso que mantiene con el PP y vuelva al cortejo con el PSN-PSOE. Ambos, Barcina y Sanz, se refieren a treinta años de historia de colaboración entre los dos partidos mayoritarios. Un antiguo dirigente socialista recuerda que con Sanz se discrepaba pero se hizo historia. Lo de la presidenta y el secretario general del PSN ya es un idilio imposible, aunque ninguno de los dos saliera entero del debate.

    miércoles, 2 de octubre de 2013

    El Partido Socialista de Euskadi, la paz y los pasos en la niebla

    Mientras el gobierno de Rajoy tenga en su mano la potestad de las contraprestaciones para los presos, que es la cuestión más importante a resolver junto a la atención a las víctimas, a los políticos de todos los partidos vascos les quedan pocos marcos como la Ponencia de Paz y Convivencia del Parlamento para poner en valor el fin de la violencia y apuntalar, al menos eso, las bases de un futuro en paz.
    Jonan Fernández, secretario general de Paz y Convivencia.
    Gobierno Vasco
    Si el PSE-EE ha decidido optar por dejar que la paz sin desarme se vaya asentando en la sociedad vasca como una de las posibles salidas del laberinto, coincidirá con todos aquellos que quieren que el silencio borre la huella de la violencia y deje para los historiadores lo que la política, al menos la del PP y la del PSE-EE, no quiere protagonizar. A fin de cuentas, como señalaba el presidente socialista, Jesús Egiguren, el final de ETA será su no presencia y la atención a las víctimas, y la convivencia uno de los muchos retos a los que se enfrenta cualquier sociedad. Por el hecho de ser su presidente, Egiguren no marca la política del PSE-EE sobre esta cuestión, pero tampoco es baladí su reflexión desde el faro costero en el que se ha instalado hace tiempo, en el sentido de que tampoco hay que alambicar la estrategia de los partidos, porque la paz ya ha entrado, se está instalando a pesar del escenario de discrepancia que la política presenta.
    Apostar, no obstante, por la visibilidad del fin del terrorismo, como defiende el PP y reitera amenazante el ministro del Interior, o ir acompañando ese final con un protagonismo de los partidos vascos y con carácter institucional, como es la propia Ponencia parlamentaria, son dos opciones diferentes que ni siquiera son contradictorias. Mantener viva esta segunda fórmula, la parlamentaria, es difícil para el gobierno del PNV porque no cuenta con las viejas mayorías absolutas mano y preferiría pasar página cuanto antes, pero, sin embargo, es el propio lehendakari Urkullu el que está alentando una Ponencia que si no está participada por todos acabará en el minuto justo para firmar su fracaso. Y este será el fracaso de la política que a una parte de Euskadi le costaría entender después de tantos años en los que, abiertamente o entre secretos de Estado, se ha buscado un ápice de solución en distintas ocasiones con participación de todos los gobiernos de diferentes colores que España y Euskadi han tenido.
    LA PONENCIA COMO SÍMBOLO
    Rodolfo Ares, exconsejero de Interior y Coordinación del Gobierno de Patxi López es secretario de Organización del PSE-EE y quien ha tomado las riendas del discurso más duro del socialismo vasco respecto al futuro de la Ponencia sobre Paz y Convivencia y ha reiterado desde antes del verano que la permanencia del PSE-EE estaría condicionada a que EH Bildu asumiera el denominado “suelo ético” aprobado, lo que significa reconocer el daño causado por el terrorismo, situar la ética y el respeto a los derechos humanos por encima de todo y que la memoria de estos 70 años de terrorismo no sean "una verdad a medias reprimida o amnésica". La razón está en las actitudes de la izquierda abertzale y, de forma especial, sus manifestaciones a favor de los presos durante las fiestas veraniegas en todo Euskadi.
    Cabe recordar que la Ponencia de Paz y Convivencia fue una iniciativa de Patxi López a raíz de que ETA anunciara su alto el fuego; fue aprobada por la voluntad y los votos del PSE-EE gobernante entonces y del PNV y en ella se integró también el PP a pesar de su resistencia inicial. Pero EH Bildu y su segunda fila de escaños, que es la que más decide, votaron en contra. Hoy día, el PP se ha marchado argumentando que esa Ponencia solo servirá para “lavar” la imagen y el pasado de los herederos de Batasuna, y los socialistas han seguido sus pasos después de dejar la amenaza de abandono a la puerta del verano para confirmarla a su vuelta; la izquierda abertzale ha decidido mantenerse en ella y el PNV ha pasado a liderar su futuro, cualquiera que sea.

    “MUY POR DETRÁS DE LA SOCIEDAD”
    Gustaba escuchar al portavoz parlamentario socialista, Josean Pastor, reconocer en televisión que la sociedad vasca ya está muy por delante de los partidos políticos respecto a la paz, y también en cuanto a las reivindicaciones de la izquierda sobre soluciones colectivas para los presos. Gustaba en lo que tenia de reconocimiento de la inteligencia social para buscar nuevos horizontes, pero no dejaba de ser un reconocimiento del fracaso de los partidos políticos cuando ETA sigue sin disolverse, el Gobierno de Madrid encallado en la estrategia policial y los demás partidos han perdido la sintonía con la ciudadana hasta ese nivel. A pastor se le podia entender que la cuestión de la Ponencia de Paz y Convivencia se ha convertido en un juego de los partidos y que los hechos mismos, la evolución de la convivencia diaria, está restando importancia a esa herramienta ejemplarizadora y cauce de dialogo que pretendía ser el Parlamento vasco, al que ahora el lehendakari Urkullu quiere regresar con su plan de Paz respaldado de forma mayoritaria.
    A la vista del doble criterio del PSE-EE y sin ser preciso un profundo ejercicio de adivinación sobre la actitud de EH Bildu, la primera duda que surge es si el entonces lehendakari Patxi López ya preveía que la izquierda heredera de Batasuna no aceptaría ese mínimo ético que se acordó ni iba a participar en el debate de la Ponencia y contaba con que se quedase fuera. La segunda duda es si existe un espacio de encuentro alternativo para esa “visualización” del final del terrorismo que a nadie interesa más que al PSE-EE y al PP: Al PP, para darle cuerda al discurso de Mariano Rajoy, y al PSE-EE para no ser un invitado de piedra o solo un espectador en el final de ese proceso que parece ya irreversible.
    Fuera de la Ponencia parlamentaria, solo al PP se le reconocerán sus vestiduras pero el PSE-EE descubrirá la inconsistencia de una estrategia que le ha llevado a estar públicamente ajeno a los grandes momentos del más difícil capítulo por resolver. Porque, como afirma incluso el PNV y también Pastor, el cierre del proceso terrorista no acaba con el olvido, sino con la discusión sobre lo ocurrido y la búsqueda de acuerdos básicos sobre lo irrepetible.
    El “pacto del mojón” entre nacionalistas y socialistas ha resuelto los aspectos económicos que podían hacer quebrar la legislatura de Urkullu y el PNV. Se entiende menos por eso que el PSE-EE renuncie a desarrollar su habilidad para el diálogo en una Ponencia donde la política vuelve a ser una herramienta valiosa y fuera de la cual los discursos sueltos no crean ovillo. Más sorprendente aún es que el PSE-EE amague con renunciar a que el Parlamento tenga un razonable protagonismo en ese proceso final del terrorismo. Es indudable, no obstante, que la caja de resonancia de la actitud ante el futuro de la paz es el Parlamento, como insiste Paul Rios (Lokarri) y lo demás será predicar historia en el desierto,
    No es previsible que el PNV vaya a dejar suelto el hilo con que ha atado a EH Bildu en la Ponencia, aunque solo sea para dejarles ante la evidencia de lo vivido y forzar, en la medida de lo posible, la extensión de conceptos como tolerancia, convivencia y normalización por encima de la propia historia. No será un trabajo fácil, ni siquiera a la sombra de la confidencialidad, como apunta Egibar, pero más difícil parecía darle la vuelta a una década de ese enfrentamiento entre nacionalismo y socialismo al que parece haberse puesto fin.


    Artículo publicado en Diario Noticias de Álava       2 de octubre de 2013