miércoles, 29 de enero de 2014

Rubalcaba, Patxi López y el juego de las palabras

Los socialistas vascos han organizado un ciclo de conferencias para hablar del futuro del socialismo a las puertas de las elecciones europeas; Felipe González ya ha pedido de nuevo reinventarse y Rubalcaba pondrá en valor su herencia delante de la presidenta andaluza y el de Asturias. Patxi López guarda silencio mientras le dan las últimas puntadas a su traje de candidato. Sabe que es el niño en el bautizo, y el novio en la boda pero no quiere ser el difunto de las próximas elecciones europeas, y espera que el duelo pase de lejos.

El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el del PSE-EE, Patxi López volverán a estar juntos dentro de unos días como cierre de las jornadas “Reflexiones de futuro”, que han organizado en Euskadi los socialistas vascos y la Fundación Ramón Rubial. Era muy importante para el PSOE que esta convocatoria arrancara días atrás con la intervención del expresidente del Gobierno, Felipe González, quien, antes que presidente del Gobierno, fue secretario general del partido. Era lógico que, a modo de anfitrión, quien se sentase a su lado en primera jornada sobre el futuro fuese el secretario general del PSE-EE, que también es expresidente (exlehendakari), en este caso del Gobierno vasco durante casi una legislatura completa.

Con el conocimiento de la historia sobre sus espaldas, Felipe González disertó sobre el futuro de casi todo, con especial atención al del Partido Socialista. Eran muchas las miradas cruzadas entre ambos pero muchas más las que dirigían los asistentes al líder intentando ver el eco de sus en la expresión de Patxi. No dejaba de ser el acto una cierta ceremonia de la confusión, probablemente no intencionada, porque Felipe sigue manteniendo el perfil de quien ya no quiere ser el guía de nadie, pero habla, y Patxi López espera llegar al mes de septiembre sin decir si quiere ser algo más que exlehendakari de Euskadi; por ejemplo, candidato a las elecciones primarias del partido para la presidencia del Gobierno; una posibilidad que todo el partido (la suma de los más fuertes) ya tiene descontado y mientras el resto de la sociedad, si es que algo le va o le viene ya en esta historia, mira con curiosidad y sorpresa el juego de palabras sin contenido y silencios llenos de palabras.

No venía al caso que Felipe, siempre cauto y, no obstante, siempre en el borde de la crítica, hiciera una declaración de apoyo expreso a Patxi López candidato en las primeras, porque mantiene que no es tiempo de afirmar lo que cantan las vecinas, y porque toda la liturgia de estas jornadas ya va destinada a formalizar la entronización del candidato vasco para suceder a Rubalcaba. Todos son conscientes de que este pequeño simposio socialista sobre “qué hacer” tiene la doble importancia de rodear al nonato candidato, crear en su entorno una nube de ideología sin que Patxi necesite presentar los contenidos de su perfil como aspirante, porque no sería aún el momento de hacerlo, y, en segundo lugar, crear la imagen de unidad en torno al circunstancial líder de una candidatura que aún no se ha presentado pero ya parece estar bien negociada durante la Conferencia Política. Un tercer objetivo, tan poco declarado como los otros dos, es el de hacer la ola y situar al frente del debate a un aspirante a líder socialista nacional sin que tenga que exhibir ya los huella de su dentellada o las piezas que nunca tuvo.

Pese a esta nebulosa orquestada en torno al futuro, el futuro no es menos impreciso dentro de la niebla. Sobre todo, internamente. No son nuevas las palabras de Felipe sobre la necesidad de no centrar la mirada en el ombligo del PSOE, no vaya a ser que se vea el humo, pero la sensación es que su mensaje no fue comprendido después de la derrota, que se tomó a humo de pajas esa primera advertencia de hace más de dos años y que, como púgiles sonados, la pelea ha continuado sobre el ring interno todo este tiempo mientras la sociedad hace ya más de un año que pide, por boca del desprecio, que le devuelvan las entradas, porque la crisis, la verdadera, está en otra calle.

Ese juego con la palabra futuro que se declina estos días en Euskadi, con los máximos representantes socialistas en primer plano, va y viene de una parte a otra del socialismo vasco pero tampoco en este sentido las palabras tienen igual significado. Cuanto más oídos sordos se les comienza a hacer a Felipe González y a otros muchos cercanos, más insiste él en su idea de que hay que “buscar a la sociedad y no esperar a que vuelva por si sola al PSOE”, otros dirigentes territoriales vascos aconsejan no desesperar, que ya vendrán ellos solos porque solo ese viejo partido es capaz de ser oposición y aportar respuestas a una sociedad descreída que ya no escucha a los políticos ni en la radio, aunque estos opinen que si no les escuchan, peor para ellos.

 ALLÍ DONDE ESTÉS, TE AYUDARÉ

Ese discurso con timbre soberbio son palabras hiladas para los actos de euforia, para el envalentonamiento frente a unas encuestas que en Euskadi ponen al PSOE contra las cuerdas de una posible nueva derrota; por eso es importante que hablen del futuro en esas Jornadas dirigentes en activo como Rubalcaba o Patxi López. Ambos llegaron a la clausura del último Congreso Nacional del PSE-EE, hace casi un año, en el Palacio Euskalduna de Bilbao, ese lugar de congresos donde la música del presente supera la imagen vieja de lo que Bilbao fue industrialmente. Palabras nuevas sobre cimientos sólidos. En esa ocasión, el actual secretario general del PSOE le prometió al recién elegido secretario general del socialismo vasco que “allí donde estés, te ayudaré”, esa es una clave del futuro, porque a  Patxi López las elecciones europeas próximas ya le pillan de lado y no estará presente para comprobar si el PSE-EE supera o repite suspenso en las municipales próximas, donde tanto se juega en Euskadi.

Aquellas palabras de Rubalcaba siguen resonando llenas de significado. Tal vez sea esa promesa la que le ata las ansias a Patxi López, la que le obliga a estar presente sin pronunciarse, porque, aún cuando se hable de futuro, el suyo lo controla otro. Felipe González insiste en que se salga de la zona de seguridad de las instituciones, que protegen a fuerza de ocultar, y que el PSOE sea capaz de reinventarse, porque la sociedad ha cambiado, pero algunos en Euskadi pueden salir malheridos en el próximo combate electoral si continúan abrazados a unos Estatutos que parecen prohibir lo que el expresidente y los propios congresos propugnan hasta que, en el viaje de regreso, se pierde el significado de las palabras.

A Euskadi se ha querido traer el debate sobre el futuro del socialismo que hace dos años no encontró hueco en el Congreso de Sevilla, ni tampoco hace semanas en la Conferencia Política de Madrid. Tal vez ahora solo queden tres imágenes fijas: La de Felipe junto a Patxi pidiéndole audacia; la de Rubalcaba recordando su promesa al líder vasco; y la foto del aspirante a candidato de las primarias socialistas pidiéndole a la imagen de Ramón Rubial que infunda de suerte e inteligencia a quien vaya a decidir la elección de futura del nuevo secretario general del PSE-EE, una designación siempre llena de palabras y actitudes difíciles y arriesgadas.


Artículo publicado en Zoom News       29 enero 2014

http://www.zoomnews.es/194112/actualidad/espana/rubalcaba-patxi-lopez-y-juego-las-palabras              

miércoles, 22 de enero de 2014

Manu Leguineche, antes de que se nos olvide

A veces -tantas veces...- la memoria despierta y reacciona cuando alguien conocido muere; alguien de quien te has acostumbrado a vivir sin tenerlo a flor de piel, en la agenda de los afectos presentes, los que te ayudan a caminar. En cualquiera que sea el apartado donde tenias a esa persona, como si fueran las pequeñas cajas de seguridad de un banco, las cerraduras saltan con ese chasquido que reconoces cuando se rompe un hueso. No sientes el dolor en el instante mismo, se va desbordando e inundándote conforme te vas dando cuenta de que esa rotura de las cerraduras era un aviso de algo real, inevitable, irremediable. 

Escribimos sobre la muerte de Manu Leguineche, el jefe de esa tribu inmensa de profesionales del periodismo y sientes con otra mucha gente las ganas de escribir una necrológica como esas que nos mandaban redactar cuando empezamos. Pero los epitafios de hoy son palabras desnudas que solo muestran nuestra soledad mayor de hoy.

Se fue Manu y hoy se hace más grande, más a flor de piel, el dolor por los que también tienes guardado en el apartado de los afectos que se marcharon antes y que te unía a un triángulo amoroso en el que ni siquiera hacía falta conocerse, solo conocer a quien conoces que conocía antes y más a quien se ha ido. Por uno y por otro hoy escribo esto.

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sábado, 11 de enero de 2014

ETA y los fuegos fátuos

Interior, el Ministerio de Fernández Díaz, ha montado en cólera por el atrevimiento de los expresos de ETA a reunirse públicamente en un teatro de Durango tras ser excarcelados por haber cumplido su condena, un hecho al que ha denominado "akelarre". Tal vez piense el pío ministro, tan fiado de los milagros, que los 63 reunidos conseguirían invocar a los dioses de la mitología vasca para acudir en su ayuda por la independencia de Euskadi y darse una orgía sexual como las que le atribuyen a las pobres y supuestas brujas de Zugarramurdi. Por desgracia, el ministro ha conseguido su objetivo: encender a su clientela electoral, más que apaciguar aguas restando importancia al acto mismo.
Fernández Díaz, ministro del Interior
del Gobierno de Mariano Rajoy (Foto EFE)
Con ser destacable la adhesión de los exconvictos etarras al comunicado hecho por la asociación que agrupa a los presos que permanecen encarcelados por causas iguales a las suyas, lo importante realmente era precisamente comunicado, no la relevancia de quienes lo leyesen, lo reiterasen o se adhirieran públicamente a el. Hay quien incluso lo ha denominado “broche de la credibilidad” de la estrategia de ETA después del abandono de las armas. Pero, en realidad, todo es más simple, como suele ocurrir casi siempre. En el  imaginario de una gran parte de la izquierda abertzale sigue latiendo aquel viejo slogan a favor de la amnistía para los etarras - ¿recuerdan aquello de "no estamos todos, faltan los presos"?- que se gritaba en las manifestaciones convocadas por las Gestoras de la nada. La aparición de los 63 exconvictos tiene el mismo valor que la aplicación de descargas de desfibrilador a un cuerpo ya inerte, pero mantiene vivo ese imaginario que convierte en coral las voces sueltas.
La declaración de José Antonio Pastor, saliendo una vez más a la palestra en vez de hacerlo su secretario general del PSE-EE y para calificar como acto de propaganda el encuentro de Durango, acierta en que es propaganda, aunque omita que la propaganda en política es sinónimo de comunicación muchas veces, algo en lo que la izquierda abertzale saca cabeza a todos incluso en estas sus horas bajas. Y acierta también en quitarle importancia al acto. Pero sería un error restarle la trascendencia que tiene porque esos 63 expresos lo son porque antes hubo una sentencia de un Tribunal Europeo que reconocía sus derechos frente a la interesada lectura que el PP hace de la política penitenciaria para el conjunto de la población carcelaria, aunque luego siembre la actualidad de indultos igualmente arbitrarios e incluso descontados antes de ser concedidos.
Tanto el ministro como el portavoz de los parlamentarios socialistas vascos prefieren no recordar que ese encuentro cuenta con un auto del juez Santiago Pedraz, de la Audiencia Nacional, oída la fiscalía, que reconoce que el derecho de los convocantes a celebrar ese encuentro de Durango sin presuponer que sea un acto delictivo. ETA decidió abandonar las armas, los presos todos pertenecientes antes y ahora a la banda han decidido condenar la violencia, la lucha armada, y aunque les quedan aún bastantes asignaturas por aprobar y actitudes por comprobar, es de esperar que sea esa, la “vía Durango”, la que adopten porque es la única que la Justicia y el conjunto de la sociedad está dispuesta a admitir. La salida a la calle, frente al castigo añadido de demonización que algunas asociaciones de víctimas del terrorismo e Interior pretendían aplicar, es un paso trascendental dentro de ese nuevo tiempo que el comunicado de los presos han abierto después de que ETA haya decidido dejar en sus manos el futuro del proceso de paz. Para llegar ahí ha sido necesario mucho trabajo, mal reconocido y mal calificado siempre, de organizaciones que, en definitiva, han buscado la paz por encima de las diferencias y no se han resignado a que en Euskadi imperase un estado de guerra ni un estado de cadena perpetua.
Es difícil que nadie llegue a poder escribir con distancia suficiente el relato sobre la violencia y la muerte sembradas por ETA, ni sus miembros podrán hacerlo. Esa crónica tan ansiada por el lehendakari Íñigo Urkullu y que el PP tanto teme tendrá que esperar a que se apaguen definitivamente los fuegos fátuos que a veces surgen del suelo y de la historia como si fuesen organismos en descomposición, según unos o, según otros, luces sin energía que se balancean de un lado a otro hasta que desaparecen. No será ni con unos ni con otros con los que se pueda visualizar el futuro. El auto de Pedraz aporta más a la convivencia que los exabruptos ministeriales y que la propaganda, cuando esta sustituye al ejercicio de la política, que a veces parece tan negado a algunos políticos.



Artículo publicado en Diario Noticias de Álava       11 de enero de 2014

http://www.noticiasdealava.com/

lunes, 6 de enero de 2014

Euskadi después de Durango

La paz en Euskadi no avanza, pero la historia de esa guerra está aparcada. Hay quien se esfuerza en reclamar que se escriba un relato objetivo de esos casi cincuenta años del denominado conflicto vasco pero ni el Gobierno peneuvista de Iñigo Urkullu ni los protagonistas de una y otra parte tienen un especial interés en que así se haga. La realidad les supera y ha convertido en papel mojado la Ponencia de Paz propuesta en su dia por el PSE-PSOE, la elaborada por el PNV y hasta los discursos en el Parlamento de cualquiera de los grupos políticos representados, que apenas consiguen “posicionarse” sin que se les note lo forzado de la postura.
Ex-convictos de ETA, reunidos en Durango (Foto EL PAIS)
La “cumbre de expresos” de ETA en Durango tiene un significado especial por todo lo que ha removido, no solo por la foto de 63 convictos que han cumplido su pena en base a las propias leyes españolas, aunque haya tenido que ser el Tribunal Europeo de Derechos Humanos el que obligara a su aplicación. Los expresos se han echado a la calle, han apoyado el comunicado de los que aún permanecen en las cárceles y se han erigido en el emblema de lo que debería ser el reto y el futuro real y más sutil de Euskadi: el de los juegos de la convivencia. La Euskadi política vive como un espectador más el final de ETA y ve cómo los protagonistas verdaderos (ETA e Interior) han conseguido hacerse con el guión al margen de los partidos políticos y del propio Parlamento vasco, en el que el PNV tenía puestas tantas esperanzas.
Conviene recordar que el abandono de las armas le vino al PSE-PSOE a contrapelo, o eso parece y nadie lo ha desmentido; que al PP le pilló con su líder más destacado en el viaje de salida y su sucesora aún anda buscando las llaves de la luz; que el PNV se encontró el comienzo de la paz en su año más horrible, el de la desorientación hasta que los socialistas decidieron echarle una mano por conveniencia propia; y que la diversa izquierda abertzale aún estaba aprendiendo a gobernar y mirando de reojo a quienes tenían el mando a distancia de su futuro, ETA y la recién llegada Sortu. Solo la voz en el desierto de Patxi Zabaleta, líder de Aralar, nos advirtió en varias ocasiones de cual era el camino, aunque en un tiempo que ni el mismo era capaz de precisar.
DE LA CARCEL, A DURANGO
El auto del juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz -y la opinión de la Fiscalía- decidiendo que no había motivos para prohibir la concentración de ex presos que ya han cumplido su condena, ha sentado la clave de lo que es posible en ese largo camino de la convivencia entre vascos tras el abandono de las armas por parte de ETA. Por lo que dice y por lo que no dice, la Justicia vigila y vigilará que nadie atente contra el marco jurídico actual y que es dentro de esos límites por donde debe transcurrir, si es posible, ese reencuentro social sin armas. La política, incluida la que desarrolle el Ministerio del Interior, tampoco podrá avasallar ese espacio del estado de derecho forzado por sus votos y compromisos con algunas asociaciones de víctimas, y tendremos que entender que los modos de la política penitenciaria recogidos ya en el Código Penal es la última herramienta que le queda al Gobierno frente a ETA.
Se le quitó importancia al comunicado que la banda terrorista hizo antes de esa reunión de Durango porque parecía no anunciar nada nuevo con el envoltorio, salvo que los presos hablarían. Pocos se percataron de que ese deseo de hacerse presentes era el anticipo de una rendición principal, guardadas ya las armas: el baluarte de los presos iba a caer y ya nada tiene vuelta atrás. Ellos, los presos, eran la clave del arco y todo hacía pensar que sólo por ahí se llegaría a la paz final. La sentencia de Estrasburgo sobre la doctrina Parot les dio hecha la coartada, la de tener a sus agentes más destacados, los presos, en la calle sin necesidad de esperar al beneplácito o un acuerdo del Gobierno de Rajoy. Con la paz afincándose en la calle por la vía de los hechos y la mitad de los presos fuera, lo demás parece importar menos.
EL INFLUJO DEL “AKELARRE”
En muchos aspectos, el “akelarre” de Durango al que se refería el ministro Fernández ha tenidos efectos no tan mágicos para las fuerzas políticas de Euskadi y el propio Gobierno de Rajoy. Demuestran que, más allá de esa sensación de esa visión excepcional de la política penitenciaria, existen formas y vías para poner fin a este proceso que de fe de vida a la paz y que los cauces de la Justicia son suficientemente anchos, porque obliga a los condenados y respeta los derechos de todos. A los lados de ese cauce se seguirán escuchando las voces de quienes han encontrado en la existencia de ETA y la aspiración de la independencia su razón de ser. Y al otro lado permanecerá esa parte de la sociedad que, ajenos al dolor de las víctimas, comienzan a sentir la soledad que la paz produce a veces.
Bildu siente en el cuello el soplo de los que le exigen que incremente una presencia social perdida, una capacidad de influencia como la que, por otros medios y con otros motivos, tenían; han perdido fuelle desde que hicieron acto de presencia en las instituciones y no han conseguido que se cumplan los santos mandamientos que condicionaban la paz al futuro de los presos. Bildu ha perdido o dejado a ETA y los presos el protagonismo de la normalización de Euskadi, pese a sus continuas comparecencias. Saben que solo pueden alzar la voz, sin más consecuencias, para reclamar lo que reclaman; el fin de la dispersión, el final de una política penitenciaria reinterpretativa del Código Penal y que vulnera derechos, aunque añadan coletillas viejas como la capacidad de decidir sobre el futuro de Euskadi y su autogobierno y la negociación del futuro de Euskal Herria con los gobiernos español y francés. Incapaz de ponerse por delante de los verdaderos protagonistas de este final de ETA, sus presos y las asociaciones que los representan, EH Bildu se ha refugiado en un discurso vacío y sobrepasado por los hechos. Si algunas vez creyeron ser los representantes de esa vanguardia que ETA decía ser, la realidad les va convirtiendo a pasos de gigante en una fuerza política disgregada y sometida al albur de los votos y el sentimiento de los votantes como ciudadanos, no solo como militantes, que viven el día a dia de los gobiernos abertzales allí donde les han colocado los votos.
En este escenario imprevisto, la crisis económica y su debilidad parlamentaria no le permite al PNV recitar con fuerza su letanía sobre el derecho a decidir, porque el foco de la actualidad vuelven a ser los presos y esa cuestión no está en su mano pese a la lastimosa petición de encuentro que Urkullu le ha hecho a Rajoy para tratar esta parte de la historia. Con un PP vasco adormecido y sin otra hoja de ruta que el parcheo político de los presupuestos del PNV, el presidente del PP mira hacia otro lado y sabe que en esta hora como nunca la partida sobre Euskadi la juega él y que será su gobierno quien, antes o después, protagonice el final del terrorismo. Será el regalo de ETA a EH Bildu y del PP español al PP de Euskadi, que duerme mientras sueña con ese día.
Aunque los enunciados de los partidos sobre la paz hayan desaparecido, el “euskobarómetro” del Gobierno vasco más reciente mantiene la importancia de este tema para los ciudadanos. Por eso se entiende menos la ambigüedad del PSE-PSOE, al que le vaticinan dos escaños menos si hubiera elecciones autonómicas hoy, como al PP. A pesar de su apoyo al gobierno del PNV con el pacto económico para cuatro años y su visto bueno a los presupuestos de 2014, la sociedad no se reconoce en el PSE-PSOE, que durante casi cuatro años gobernó Euskadi. Todo hace pensar que el espacio del socialismo vasco atraviesa un larga etapa de indefinición política sobre las cuestiones fundamentales y la paz es una de ellas.

Es muy intenso de nuevo el aire sobre la convivencia en Euskadi después de las armas y el encuentro de Durango ha puesto a prueba la habilidad del PSE-PSOE, que ha pasado de criticarlo como “propaganda” a defenderlo ante los ataques del PP, todo ello de un dia para otro. Si el Partido Socialista vasco se mantiene en el nivel de los grandes discursos y sin capacidad de protagonismo alguno, corre el riesgo de hacerse notar solo por los juicios altisonantes pero al margen de la realidad que avanza. Por encima del debate sobre el derecho la autodeterminación, la actualidad se ha vuelto hacia el final de ETA y al PSE-PSOE le vendría bien encontrar un discurso interno y externo coherente más allá del que Rubalcaba le dejó escrito a Patxi López por si venía a cuento hablar del derecho a decidir, que no es el tema del dia, sino el de los juegos de la convivencia, reinstaurar la democracia en la calle.


Artículo publicado en Zoom News       6 enero 2014

http://www.zoomnews.es/176325/actualidad/espana/presos-intentan-marcar-paso-fase-final-del-terrorismo

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Votos, primarias y café con churros

Levantó bastante revuelo la presencia en Vitoria hace dos semanas de Luis Salvador, impulsor de "Socialismo y ciudadanía", en vísperas de la Conferencia Política del PSOE. Su intervención ante mas de 100 ciudadanos inquietos, muchos de ellos militantes del PSE-EE, no aportó grandes novedades a lo que desde hace casi dos años se viene debatiendo fuera y dentro de dicho partido. El diagnóstico que Salvador hacia describía en gran media el mapa de la crisis interna desde la pérdida de la elecciones generales,  mapa para el que la Conferencia Política de Madrid pretendía confeccionar una hoja de ruta para el futuro.
Más revuelo aún levantó horas después su decisión de darse de baja como afiliado al Partido Socialista y su aproximación al partido Ciudadans, una decisión tan personal como respetable. Salvador consiguió, eso si, que se pudiera hablar tranquilamente de esa inmediata Conferencia y, especialmente, de ese intento que se anunciaba de abrir el partido a la sociedad con motivo de unas elecciones primarias que aún no se sabe para cuándo serán pero sobre las que si vamos conociendo los nombres y algunos de los movimientos de quienes les impulsan, encumbran y respaldan.
Pasado ese encuentro destinado a decidir el mejor Partido Socialista posible para legar a la sociedad bien y pronto, las dudas del encuentro en Vitoria con Luis Salvador se han hecho realidad porque las caras conocidas que se despedían ese domingo en Atocha camino de su punto de origen llevaban dibujada la satisfacción de haber sorteado la cuádruple contradicción de debatir un problema sin resolverlo, superar el debate sin mantenerlo, mirar el futuro sin cerrar el presente y responsabilizar a un líder futro del cambio que se cuece en las cocinas del pasado.
Antes y después de Madrid se ha centrado el gran argumento de la apertura a la sociedad del PSOE en la posibilidad, por confirmar, de que en esas primarias quien lo desee pueda participar para elegir al candidato socialista a la Presidencia del gobierno de España. Cuesta creer que quien ha retirado su voto al PSOE reiteradamente en España y en las elecciones celebradas después de la llegada del PP y su mayoría absoluta, vaya a realizar  un acto de fe electoral, incluido registro y archivo de sus dato así como pago de una pequeña cantidad, que no es sino una forma de afiliación temporal y puntual. Quienes desde el interior del PSOE se dedican a captar nuevos socios saben el esfuerzo de esa labor y la casi imposibilidad de desarrollarlo, pero también conocen las maneras diversas maneras que algunos tienen de hacerlo en momentos muy concretos. Pensar en captar votantes en las elecciones internas y semiafiliarlos previamente es un salto, no ya imaginativo, sino ilusorio, salvo el valor de titular que entraña. Si esos supuestos votantes quisieran participar en esa elección y con ese objetivo ya lo serían de querer serlo.
Del PSOE se espera que cierre sus discrepancias internas pero, sobre todo, que aclare el mensaje. No es mala decisión convertir la Conferencia Política convocada para hablar de organización en un encuentro para hablar de ideas, si así hubiera sido de manera profunda y no de la necesidad de fabricar una foto diaria y reiterada. A la ciudadanía de hoy le importa poco ya quien sea el candidato socialista en unas elecciones generales dentro de  mas de un año y con unos comicios europeo que cada día parecen más un obstáculo para lo interno que una esperanza nacida en Europa. Como comenta un viejo socialista, lo del candidato es para el café con churros de los afiliados. A los demás les preocupa el país, el pan y sus derechos, no la cara socialista de turno.
Al hablar de participación externa, cerrada a las lecciones primarias, alguien se está haciendo trampas a si mismo al pensar que eso es un sinónimo de abrir el partido, una forma de implicar el conjunto de la ciudadanía, que debe confiar en las mismas personas y formas en que se ha convocado la propia Conferencia y se ha organizado la presencia y participación representativa de los afiliados. La sociedad, no solo los afiliados, mantiene una especial sensibilidad sobre la aspiración de permanencia de las organizaciones internas y sus responsables. Costará convencer de que incluso con nombres, apellido y cuota única se pueda influir en la maquinaria que plantea. convoca y organiza ayer una Conferencia con aire de congreso extraordinario y mañana unas elecciones primarias, sin alterarse por el hecho de que desde fuera se tuercen planes o nombres.  
Hablamos de pérdida de conexión del PSOE con la sociedad desde que el denostado Zapatero decidió aceptar al crisis como un hecho real pero no es cierto en su totalidad. El PSOE ha perdido la relación con la sociedad hace muchos años y la crisis sólo ha reflejado esa realidad en votos. No ha sido capaz de generar en el centro sociológico una defensa del bien común, sino la conveniencia de su disfrute. Ansió buscar la mayoría que el centro da o quita sin preocuparse por crear un convencimiento de la bondad de la estrategia, ha sido Incapaz de sostener el plan y de sostener la comunicación con una sociedad que nunca fue cómplice y que se siente abandonada a su suerte. Una sociedad sabe que sólo será recuperable, lo que quiere decir interesante de nuevo, si es el PSOE es capaz de darse la vuelta como un guante.
Tantos años después vuelve a comprobarse que la traducción del término socialismo no es siempre esa socialdemocracia como Willy Brandt predicaba, que se mantiene ese rechazo al modelo que la propia socialdemocracia impulsaba y que describía Carlos Solchaga en Tafalla hace años: El bien social, el bienestar, solo puede ser sostenible para los menos. Ese es abandono producido y sobre el que muchos, como el sociólogo Ignacio Urquizu, vienen incidiendo desde hace tiempo.
Perdida la sociedad, se ha construido un tótem virtual llamado Conferencia que solo los más ingenuos de dentro del PSOE esperaban que fuese el faro de la renovación. Y se encargó a conocidos y cercanos expertos en comunicación lo que la política no consigue resolver. Con buen oficio, se ha levantado un símbolo de cartón piedra, una rosa sin hojas, que ha dado cobijo a todos los nombres posibles como si fuese una rememoración de la historia del socialismo moderno español. Se ha cerrado con cuatro titulares la fiesta y mucha foto de aparato agrupado en torno a sus acostumbrados líderes, los mismos que llevaron al PSOE a pensar en la necesidad de una renovación, que realmente ha salido más debilitada después de su entusiasta y difícil paso por los congresos del PSOE. Alfonso Guerra hablaba hace tiempo de los renovadores de la nada y los identificaba con quien hoy conocemos mucho mejor. Pero también comprobamos cómo puede hablarse de renovación sin nada de renovación. Era impensable que así hubiera podido ocurrir.
Por eso se habla y se hablará de nombres propios. Porque hay ansia real de que surja de ese debate nominal una cabeza con ideas que, además, sea aceptable por los poderes del partido y los contrapoderes instalados desde antes y para después de la conferencia política. Un buen tema para la hora del café cuando se llame de nuevo a los afiliados para votar y hacer recuento de supervivientes.


Artículo publicado en Diario Noticias de Álava     19 Noviembre 2013

También en 
http://ezkerretikizquierda.blogspot.com.es/

martes, 22 de octubre de 2013

La España que no queríamos

Para quienes llevan a cuestas el bidón de la gasolina, como una parte más de su cuerpo y como bombona de oxígeno para respirar, cualquier razón será buena para satisfacer su permanente tentación de hacer explotar cuanto le rodea. El camino viene siendo abonado desde hace dos años con pólvora fina, pendiente de ser incendiada, justo desde aquel dia en que ETA anunció su renuncia a la lucha armada como planteamiento político, lo que para el común de los ciudadanos es el fin del terrorismo que venían practicando y para los historiadores el cierre de una etapa de más de setenta años en la historia de España y, especialmente, del País Vasco y Navarra.

Los ministros de Justicia, Gallardón, y de Interior, Fernández Díaz.
Foto Luis Sevillano / EL PAIS











Mientras en aquellas vísperas del comunicado etarra unos ya comenzaban a marcar posturas por si ese proceso realmente se llevaba a cabo, sobre todo negándolo, otros llamaban a la reflexión sobre lo complejo, lento, agrio a veces y desalentador otras que sería, será, ese tiempo hasta lo que eufemísticamente llamamos normalización de la convivencia. Era de esperar que en este tiempo que vivimos fueran muchas los voces que intentaran poner algo de sosiego frente a quienes, con seguridad, iban a intentar justificar el silencio de las armas como un paso voluntario o por una supuesta nueva madurez de la sociedad a favor de sus planteamientos políticos, los que defendían con la violencia. Igual que había que contar con quien pretendería resaltar el olor a derrota de aquel comunicado y hacerla cuanto más evidente fuera posible, porque de la fijación de esa idea depende la contraria, el triunfo de la estrategia contra los violentos.
Trazar una calle entre ambas formas de ver el fenómeno de esta paz provisional era el reto previsible, para el que todos nos deberíamos haber preparado, no con un cierre de abrazo sino de aplicación de la legalidad sobre las consecuencias de aquella violencia, de aquel error de más de medio siglo que deja un agujero negro sobre el que la historia apenas podrá poner un filtro gris. Ese reto contaba con los alardes de quienes no se resignarían aún a la derrota o, peor aún, a una forma nueva de vivir la política, la que no cuesta vidas sino, a lo sumo, ideas. Contaba también con el ardor gubernamental al que el Partido Popular, ya en el Gobierno, no iba a renunciar, porque durante años su estrategia contra el terrorismo va unida a la necesidad del triunfo inmediato, el corto plazo, a pesar del trazo grueso de tinta que va dejando sobre la historia. Caminar por entre esas dos aceras, ya lo sabíamos, no iba a ser fácil.
Ha sido vilipendiada la aparición de los denominados mediadores o valedores del proceso de paz, que en realidad han contribuido menos al final de ETA que los propios giros ideológicos y necesidades estratégicas de la izquierda abertzale, que ha dejado a ETA sin argumentos políticos para su existencia, pero han servido para ir abriendo calle entre esos dos lados cuya incompatibilidad se exacerba día a día. Y, sobre todo, ha servido para recordarnos que, a pesar de las diferencias, las circunstancias, las dificultades en cada lugar, la paz era un punto al que se podía llegar. Instrumentados o no, pero si ignorados por los audenominados partidos constitucionalistas, la paz llegó al hilo de su labor y dejaron una pequeña marca sobre la que andar.
Impresionaba escuchar al representante de Gesto por la Paz cuando decía que nunca las víctimas fueron atendidas ni lo suficiente, ni a tiempo, en el anterior proceso de abandono de las armas por parte de ETA político-militar. Sobre todo resuenan sus palabras sobre las víctimas en este tiempo en que su atención, colaboración y compensación moral forman parte imprescindible de todos los proyectos futuros, a la vez que son también utilizadas, incluso por una parte de las propias víctimas, como argumento contra el avance mismo de la normalización si admitimos que la paz ya está instalada entre nosotros, como parece ser.
Cuando toda la sensibilidad está flor de piel, cuando las desconfianzas aún no han aparecido, cuando las ideas buscan cómo escribirse de forma indeleble, cuando los protagonismos de la izquierda abertzale están en entredicho, cuando la normalización política general de Euskadi comienza a instalarse y Navarra la mira con envidia, cuando…. Cuando todo está aún en barbecho, ha bastado una sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de la Unión Europea para que salga a la luz esa España negra que anida desde hace siglos en espera de sacar la cabeza en los momentos cumbre. Escuchar que se le pida al Gobierno que no aplique una sentencia de aplicación obligada que tiene que ver con una interpretación de la política penitenciaria que reinterpreta las propias sentencias y atenta a los derechos de la persona, cualquiera que sea el motivo de su pena, es una utilización política del dolor de las víctimas, de las que casi nadie se olvida pero algunos intentan utilizar en defensa de lo que ni las víctimas defienden.
Pertenece a esa España irredenta el hábito de que, por encima de las decisiones de sus gobernantes, ni los derechos de los ciudadanos sean suficiente razón para hacerles cambiar sus ideas, porque sólo las suyas son válidas más allá de leyes, tratados de estado internacionales y conciencias sociales. Han ido preparando un escenario progresivo hasta la eclosión final a la espera de la sentencia del Tribunal europeo, advertido de que tal vez seas obligado aplicarla pero que el gobierno y los jueves se guardan la opción de reinterpretar la aplicación de dicha decisión, para lo cual han creado la imagen de una España invadida de etarras multiasesinos en libertad y otros muchos delincuentes “comunes” que reincidirán porque lo llevan en su ADN.
Eran muchas las voces, incluida la del Ararteko (Defensor del Pueblo de Euskadi), que ya habían advertido de que no era sostenible el actual régimen penitenciario impuesto a los presos, también a los condenados por violencia y asesinato terrorista, porque conculcaba esos mismos derechos que el Tribunal europeo defiende con su sentencia. Fue muy duro escuchar a dúo a los ministros de Justicia y de Interior que esa sentencia es un caso aislado, que no se trata de un recurso contra una forma de entender los derechos humanos y, a la vez, que su aplicación será estudiada caso por caso, como si cada celda tuviera un régimen especial en función del penado y su causa.

La paz no es sinónimo de olvido, porque sería irracional como sociedad y porque el objetivo de la paz es el principio de la convivencia y también su consecuencia. Construir ese camino no es un ejercicio teórico, será una parte de la política futura para restañar esa sociedad que la ha sufrido. No será fácil, sino complejo y lento. Pero será posible si la convivencia democrática y el apoyo al final de los procesos de cambio se convierten en la misión de la política y no se obstaculiza. España y Euskadi comparten la misma necesidad de esa paz después de la violencia, aunque a veces nos recorra un escalofrío al ver que “empieza a amanecer” aquella España que no queríamos.

domingo, 20 de octubre de 2013

Patxi Zabaleta: “ETA no se debe disolver mientras quede un solo preso en la cárcel”


Esta entrevista ha sido publicada parcialmente en el diario digital Zoom News el dia 18 de octubre de 2013. Esta es la conversación completa mantenida con Patzi Zabaleta, lider de Aralar y parlamentario navarro.

Wikipedia ya ha perdido el hilo de las desavenencias de Patxi Zabaleta allí donde esté siempre, pero él cree que falta perspectiva sobre todo lo que el mundo se mueve en su Euskal Herria. No le importó despegarse de quienes guardaban silencio ante la lucha armada e impulsó la creación de Aralar para defender esa izquierda abertzale agrupada en la que él cree y que no ve bajo el paraguas de Sortu, sobre los que hila fino. Acusa a la Geroa Bai de Uxue Barkos de ser el caballo de Troya del PNV, su franquicia, y afirma que Navarra ha sido siempre la trinchera de la corrupción estatal, con unos y con otros. Cree que las decisiones unilaterales de ETA hacia el final tienen más valor que la negociación con el Gobierno de Madrid  y afirma que la paz ya está instalada al 90% o más.

Estar metido en veinte jardines a la vez forma parte de su personalidad, pero también de su historia. Patxi Zabaleta (Leitza, Navarra, 1947) es el referente de la izquierda en navarra, de la oposición a ETA desde la izquierda y quien mejor suele predecir (desde las sensaciones, dice) los pasos de la banda armada. Estuvo en la formación de Herri Batasuna, se desmarcó de ellos para condenar la lucha armada de ETA y nació Aralar; se asoció con los independientes navarros para crear Nafarroa Bai, se separaron; fue a las elecciones vascas con EH Bildu y volverá a hacerlo con ellos cuando Yolanda Barcina decida convocar los comicios navarros; vio cómo tres de sus parlamentarios vascos disidentes salían por querer participar en la Ponencia de Paz y Convivencia… Le parece lógico que toda esa carrera finalice formando piña con una fuerza de izquierda abertzale mayoritaria en Euskal Herria pero la Aralar navarra vive duras tensiones por las condiciones de esa relación de futuro con EH Bildu. Su bola de cristal es la observación, según dice, pero se anticipa a los demás pidiendo el final de ETA, el desarme y anunciando que la banda volverá a dar pasos unilateral, pese a lo que denomina como “la crueldad” del Gobierno de Rajoy.

LA IZQUIERDA ABERTZALE
¿El  final de ETA traerá consigo una izquierda abertzale agrupada?
Eso buscamos en Aralar. El espacio político de lo que denominamos izquierda abertzale es un espacio plural, diverso, pero es un solo espacio. Es importante repetir esa constatación a menudo, su diversidad, porque si no se respeta provocará la jibarización del espacio, y en el mundo moderno todos los partidos que se presentan a la sociedad, incluidos socialistas y socialdemócratas, son expresión de una diversidad con unos comunes denominadores. Ese es el porvenir de la política.
En el ámbito abertzale pienso que el nacionalismo no es una ideología, lo hay de izquierdas y de derechas. Se da la circunstancia de que hoy en Navarra el espacio del centro derecha no está ocupado por el PNV, sino por UPN, pero existe esa pugna y el PNV, a través de Geroa Bai, pretende entrar en Navarra, lo cual es completamente legítimo. Pero la izquierda abertzale tiene que configurarse como una izquierda plural llamada a ser una de las grandes fuerzas de Navarra, como en este momento ya lo es.
¿A base de coaliciones o con una organización única? 
En principio de coaliciones. Yo participé en la creación de Herri Batasuna, que comenzó siendo una coalición y después paso a ser una organización unitaria, con todos sus problemas.
¿Bajo el paraguas de Sortu?
Creo que no. Sortu es un partido que, como nosotros mismos, tendrá que evolucionar y hay sectores importantes de la izquierda abertzale que aún no han sido atraídos a esta coalición y que están ahí fuera, por la derecha y por la izquierda. Pero también existen algunas tentaciones que en su día fueron una lacra, como el vanguardismo que defendía ETA poli-mili (prioridad de lo militar sobre cualquier decisión política), hoy fuera de la realidad.
Mirando un poco hacia el futuro, tendrá que existir un reconocimiento de la pluralidad y en esa vertebración de la fuerza de la izquierda abertzale los comunes denominadores tienen que ser los principios, los valores de una izquierda plural, pero de izquierda. Y si eso es así, se repetirá la historia de la formación de Herri Batasuna y, en ese sentido, se irá consolidando una fuerza que represente a ese sector de la sociedad  abertzale y de izquierdas que sociológicamente es mayoritario, aunque políticamente no lo sea.
¿Ese futuro de la izquierda abertzale no pasa por el fin de ETA?
La izquierda abertzale del futuro se va a parecer mucho a lo que hemos defendido en Aralar, ideológicamente hablando. Y, lo más importante, lo que está permitiendo que estemos dando estos pasos, con todas sus dificultades y contradicciones, es el hecho de que se produjo hace dos años el cese definitivo en el uso de la violencia. Había que quemar naves y arriesgar todo para ese objetivo. Y eso hemos hecho.
Ese es el punto crucial. Aún faltan temas que resolver, si, como el desarme, pero son temas secundarios. El PNV comete un grave error al querer sustantivar esos temas como si fuesen los trascendentales. Lo trascendental era el cese definitivo en el uso de la violencia para siempre. Esas otras cuestiones son importantes y hay que arreglarlas, como el tema de la política penitenciaria y la derogación de las medidas especiales; es decir, lo que ya está recogido en el Acuerdo de Guernica, que supuso un cambio trascendental en la vida política.
¿Y el futuro de Aralar? ¿Acabará, como dicen, en las garras de EH Bildu?
Las condiciones políticas han cambiado y seguirán cambiando y hemos hecho nuestra aportación a la creación de ese futuro, que va a ser un futuro en paz, reconociendo el principio de la pluralidad social muy ampliamente. No tenemos miedo a ser tragados cuando la realidad que se está construyendo está muy en sintonía con lo que nosotros hemos defendido

EL FIN DE ETA
¿ETA sigue al mismo camino que los poli-milis hace décadas, pero muchos años después y con más de 800 muertos en la espalda?
Creo que no. Los miembros de ETA político militar escenificaron un final completamente diferente. La palabra más importante del Acuerdo de Gernika, para mi, es la de unilateralidad y ese concepto significa una decisión política sin contraprestación. Pero también quiere decir que si ETA comenzó por motivos políticos, tiene que acabar también por motivos políticos
El propio Otegui ha dicho que había que desterrar el concepto político-militar, y eso es lo que se está haciendo. Son dos finales diferentes, aunque he dicho varias veces que la paz siempre llega demasiado tarde porque deja en el camino muchas cosas, y esa verdad es aplicable a todas las ETAs.
¿Continuará ETA esa línea de decisión unilateral?
Sin ninguna duda y, entre otras razones, gracias a la ineptitud y la crueldad del Gobierno central. Si el Estado no quiere dialogar, y deberá dar sus pasos, ETA los tiene que dar a cambio de nada, unilateralmente. Uno de ellos es el desarme, que espero que se produzca pronto. Tengo esa sensación de que será así, pero ninguna prueba para afirmarlo. De esa manera no estaremos condicionados en el futuro para renunciar a nada. Iría en contra nuestra que el Gobierno de Madrid quisiera dialogar, aunque el diálogo siempre se debe exigir.
¿Todo lo que falta es tan simple como que ETA se disuelva e interior solucione la cuestión de los presos?
ETA no se debiera disolver mientras quede un solo preso. ETA tiene que desarmarse y convertirse en una entidad civil que asuma las responsabilidades de su historia. Con la disolución ¿en manos de quién quedan esas responsabilidades?. ¿Cómo si no se autentifica la disolución?. Si deja de existir no hay nada que autentificar.
La conversión de ETA en una organización civil originaría una posible interlocución en algún momento para lo que fuera necesario y, si no, esa interlocución no va a existir. El IRA no se ha disuelto y eso que tenía nombre de ejército.
En cualquier caso, la disolución no ofrecería ninguna ventaja y generaría una situación surrealista: personas encarceladas por pertenecer a una entidad que no existe.
¿Es un riesgo que se llegara a instalar la paz sin haber cerrado el proceso?
La paz está implantada en más de un 90 por 100 y la sociedad tiene ya la sensación de que está en paz. Acelerar cualquier decisión a este respecto no tiene mayor justificación que las prisas de algunos, salvo cuando afecta a derechos humanos y personales, como los de los presos, los escapados o las víctimas en el sentido verdadero de la palabra víctima, no en el de grupúsculo de extrema derecha, que es lo que hacen algunas asociaciones.

EL PERDÓN
¿Cree que es imprescindible el perdón?
El perdón es una cuestión subjetiva. Cuando se da debe ser bienvenido, pero no se debe establecer como requisito legal y jurídico. También el arrepentimiento es un concepto subjetivo; cabe en la ética, en la religión, en la moral individual, forma parte de la autocrítica, pero todas esas cuestiones ni se escriben ni se pueden escribir en el Código Penal porque si comparamos con otros hechos del código Penal en cuanto al perdón o el arrepentimiento, nos encontraríamos con que una actitud personal y subjetiva trasciende a las normas penales. No tiene sentido. Cuando se produce hay que tomarlo en consideración, pero no como requisito de nada, porque lo harían todos y dejaría de tener valor.
¿Confía en que algún día todas las víctimas tengan la misma consideración?
El esfuerzo tiene que ir en ese sentido. El ejemplo de la guerra del 36, que aún colea, es un ejemplo de tragedia de tales dimensiones que sólo eso ya debería valer para trabajar en este sentido. Tomás Caballero es víctima y Germán Rodríguez también, y eso ha calado profundamente en la sociedad, aunque las “jefaturas” políticas no lo admiten, pero la sociedad si.

NAVARRA
¿Van a repetir en Navarra la alianza electoral con EH Bildu que aplicaron en Euskadi?
La previsión es que en Navarra habrá una izquierda y una derecha abertzale y aunque en ocasiones esa derecha está disfrazándose patéticamente de izquierda. Geroa Bai, como franquicia del PNV, va a ser el germen de una derecha nacionalista en Navarra y eso es positivo. Y enfrente tiene que haber una izquierda más o menos amplia pero plural y ese debe ser el futuro de la izquierda abertzale.
En el reciente debate del estado de la Comunidad de Navarra usted fue el único que le habló de corrupción a Yolanda Barcina.
Me dolió quedarme solo. El tema de la corrupción en Navarra es endémico, permanente y brutal en el condicionamiento de toda la modernización económica y social de esta Comunidad. La corrupción estatal siempre ha tenido una trinchera en Navarra, además de las específicas de aquí.
El archivo de la causa de las “dietas de Caja Navarra” es el final del caso general sobre la Caja?
Le ha dado un golpe muy grande al caso, que era mucho más que lo referente a las dietas. El caso es un ejemplo de cómo la corrupción estaba instalada en la gestión. Hasta el Tribunal Supremo hablaba de la actuación de personas Su secretario general se postula como
Jusaticia ha dejado de actuar, una vez mtema general de la Caja?ue coger competencias maypúblicas como si fuesen privadas. Eran temas muy claros a mi juicio, pero la Justicia ha dejado mucho que desear, una vez más.  

PAIS VASCO
¿El PSE-EE le debía algo al PNV como para garantizarle la legislatura?
Lo ha hecho por su propia conveniencia. El Partido Socialista se encontraba fuera de los cargos institucionales y en una situación muy incómoda y, para hacerse valer como fuerza importante, le ha venido bien el Pacto. Pero eso tiene sus pasivos. El PSE-EE le ha regalado al PNV más de lo que ha recibido.
¿Ese pacto ha descolocado a la izquierda abertzale en el País Vasco?
El pacto ha convertido a EH Bildu en la alternativa y es una situación muy importante y cómoda y de gran futuro. Es una gran baza para EH Bildu, aunque no podrá formar parte de esos pactos. Urkullu es un rehén de lo que haga el PP como, en su época, de lo que hacía Zapatero. También al PP, pese a su bajón en las elecciones, le viene bien estar codo con codo con el PNV y el PSE-EE.
Pero el pacto no es sobre fiscalidad, porque los temas fiscales esenciales, como el impuesto de patrimonio, no se tocan. La fiscalidad es la escusa para llegar a acuerdos y todos ellos se han unido porque les beneficia de alguna manera. Para EH Bildu el pacto tiene algunos pasivos, pero muchos más activos.
¿Será viable ese cambio de la “arquitectura del entramado institucional” de Euskadi que defendía Patxi López?
La Ley de Territorios Históricos es retrógrada, está anticuada y, además, adolece de muchos defectos. Siempre le ha venido bien al PNV, pero incluso el PNV tiene que irse alejando ya de ese marco. El planteamiento ya lo hizo Eusko Alkartasuna (EA, hoy en alianza con EH Bildu) y fue el origen de su ruptura con el PNV. No es sostenible un entramado administrativo tan repetitivo como es el de la CAV. Hay que “adelgazar” esa estructura para dejar espacio a temas y servicios comunes ahora triplicados. La Ley de Territorios Históricos fue un retroceso desde el principio y ahora ese retroceso es cada vez más grave. Las Diputaciones tenían la legitimidad histórica e institucional, pero es evidente que debe que ser sustituida por la del Gobierno vasco, que tiene que coger competencias mayores. El “concierto” es un ejemplo de qué hacer, porque antes lo firmaban individualmente las Diputaciones.

PERFIL


Patxi Zabaleta, (abogado, Leitza, Navarra, 1947) es a la izquierda abertzale como el aceite a las salsas, un ingrediente imprescindible y esa habilidad no deja de ser un misterio porque su presencia suele tener el efecto de la guindilla. La participación como secretario general de HASI de Navarra en la creación de Herri Batasuna a finales de los 70 le llevó a ser miembro de la dirección, la llamada Mesa Nacional de HB, hasta 1982, y entre 1987 y 1996, pero el “crítico” de HB ya había dejado clara su postura en contra de la lucha armada de ETA, a favor de una estrategia política no supeditada al dictamen de la banda y de que los cargos electos de HB estuvieran presentes en las instituciones; una ausencia que permitió elegir a Miguel Sanz como presidente del Gobierno de Navarra al no asistir los parlamentarios de HB.
El asesinato de Miguel Angel Blanco provocó una resonada condena por parte de Zabaleta, saliéndose así del criterio oficial de su organización, aunque siguió siendo su cabeza en Navarra. Ha encontrado un hilo conductor en su vida política, la pluralidad y la reflexión, como bien puso de relieve en el reciente debate del estado de la Comunidad foral de Navarra. Pero sus adversarios le acusan de inflexibilidad como dirigente. La historia más reciente de Zabaleta viene jalonada, tanto en Euskadi como en Navarra, de desencuentros, bajas y rupturas, sea con los miembros de Aralar en el Grupo Parlamentario de EH Bildu en el parlamento de Vitoria y a cuento de la Ponencia de Paz y Convivencia; sea con motivo de las desavenencias con los independientes de Nafarroa Bai que, enfrentados a Zabaleta, crearon Geroa Bai y le disputan ese espacio de la izquierda navarra con Uxue Barkos como líder más emblemática.
Cuestión aparte son sus frías relaciones, no confesadas, con Sortu. Zabaleta impulsó la separación de Aralar de HB cuando esta se convirtió en Batasuna, hoy Sortu, por lo que le llovieron todo tipo de críticas y acusaciones. Prudente respecto al papel de los exbatasunos en el futuro, se puede entender que el escenario que él prevé a medio plazo es el de dos organizaciones diferentes, EH Bildu y Sortu, eso que él llama “una izquierda plural”, en la Euskal Herria común.