viernes, 18 de octubre de 2013

Hablemos de la paz mientras la paz llega

Dos años después de que ETA se encontrase las conclusiones del Foro por la Paz y la Convivencia de Lokarri como un hito colocado en medio de la carretera vacía, y decidiese de forma unilateral abandonar la lucha armada, el lehendakari Urkullu se ha ido a Estados Unidos a dibujar cómo va a ser la Euskadi sin violencia terrorista y dar datos sobre la crisis económica que, pese a esos datos, se extiende por el País Vasco. Hubiera sido increíble pensar hace dos años que un presidente del Gobierno vasco llegara con un mensaje sobre la paz, sobre el fin del terrorismo y la esperanza del crecimiento económico hasta el núcleo mismo de quienes provocan la mayor de las crisis económicas, financieras, políticas y sociales desde los años 20 del pasado siglo.

Pernando Barrena, (HB / Batasuna / Sortu) y la realidad
Tal vez esa especie de espejismo que consiguen a veces las relaciones publicas e institucionales sea en este caso más que un alarde, un arriesgado ejercicio de imaginación sobre el futuro después de dos años en los que ha sido una necesidad hablar sobre la paz a construir, las responsabilidades y sus agentes, en espera de que la paz sea cierta. Ese diálogo entre muchos –no todos- se terminado por conformar un terreno indefinido, surcado de cientos de senderos a ninguna parte y, como indica Lokarri, la paz real no ha avanzado, sino esa ficción de paz virtual a la que probablemente ya hay que acostumbrarse. Por eso Urkullu tuvo como anfitrión a su antecesor, el ex lehendakari Ibarretxe y a varios expertos en la mediación de conflictos internacionales, con los que comenzar a visualizar la imagen del final del camino.

(...)

Es bueno acostumbrarse a esa esperanza de paz mientras la paz llega, y que la realidad no nos contradiga. Pero cambiemos el discurso, las leyes y las penas hasta el nivel del derecho, porque si hablamos de paz es porque ya no hay guerra y, aunque no haya armisticio, si no hay guerra sólo queda la historia por escribir.

(...)

Cada día parece más claro que, pese al coste personal sufrido, al PP le importa poco la paz. Su tamiz sobre el concepto de paz es tan restrictivo que no encuentra correspondencia con ningún otro y así es imposible nada que no sea hablar por hablar. Que el PSE-EE se sume a ese lenguaje por desorientación le llevará al alejamiento aunque ese no sea su peor pecado, si no fuese porque, después de todo, ahí estuvo ya antes.

Tal vez sea el momento de que Navarra levante su propia voz por la paz a pesar del desvarío político que vive. Aunque sea para contribuir a este ensayo de paz sobre el que se habla, porque para Navarra, la paz no existe, ni la teórica paz, salvo para remover de vez en cuando el ataque político entre unos y otros en una confusión en la que el terrorismo se recuerda y se renuncia a la política. PSN y UPN parecen haber olvidado a sus muertos aunque nunca, a excepción de para negociar el número de escoltas, ni los socialistas ni UPN fueron invitados a construir la estrategia antiterrorista, como si las víctimas, unas y otras, las de estos años de hierro y los que murieron durante la guerra civil -y no son condecorados con la beatificación- fueran víctimas ajenas. 


Artículo publicado en Diario Noticias de Navarra      18 octubre 2013

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http://www.noticiasdenavarra.com/2013/10/18/opinion/tribuna-abierta/hablemos-de-paz-mientras-la-paz-llega




jueves, 3 de octubre de 2013

El Parlamento de Navarra debate sobre el estado de Yolanda Barcina

Yolanda Barcina echa de menos a Patxi López en el debate del estado de la Comunidad foral de Navarra. Reclama un pacto “a la vasca” con el PSN-PSOE, al que le vuelve a morder la mano y anuncia que no convocará elecciones anticipadas. Todos, incluido el PP, reclaman a UPN un plan de futuro o que dejen el gobierno. Según Patxi Zabaleta, la madre de Barcina sabe el significado de “Barcina, agur” (Barcina, hola/adiós)
Sin respuestas. Yolanda Barcina, presidenta del Gobierno de Navarra, cerraba el debate del Estado de la Comunidad foral preguntándose si tantas horas de discusión habían servido para ofrecer respuestas a los problemas de la sociedad. Ella misma se respondía: No. Más allá de las palabras, las intervenciones olían a vísperas electorales, no confirmadas, pero deseadas por la mayoría del Parlamento. Solo la discutida presidenta era capaz de hilar un relato concreto: el de su pesadilla personal con todo lo relacionado con el País Vasco o las políticas de los partidos nacionalistas. Eso sí, cerraba reclamando a los socialistas navarros su derecho a conseguir un pacto con el PSEN-PSOE como el que los socialistas vascos han cerrado con el PNV para sostener el también minoritario gobierno de Iñigo Urkullu.
Daba la ocasión de que en vez del secretario general del PSN, Roberto Jiménez, hubiese deseado tener enfrente al del PSE-EE, Patxi López, para hacer más lacerada su crítica por la oposición a que la someten los navarros después de un año de gobierno bipartido y haberla aupado a la presidencia a la que ahora se aferra. Si el exlehendakari vasco López hubiese estado presente y escuchado las reiteradas alabanzas de la dirigente de UPN a su capacidad de entendimiento con la derecha o el nacionalismo, seguramente se hubiera preguntado en qué se había equivocado él.
Entre la realidad y el deseo, Barcina deambuló por el debate del estado de la Comunidad foral citando constantemente el riesgo de un gobierno tripartido alternativo, del que las encuestas hablan como posible, y la fatídica gestión que los partidos adversarios o sus homólogos llevan a cabo en el resto de España. En ese viaje por el resto de Comunidades Autónomas, que algunos calificaron de “viaje en globo”, como se lo calificaron, dejó claro que Navarra no es el paraíso ideal, pero sí el mejor de los posibles. Estuvo a riesgo de caer en la autocomplacencia, no por salvar su gestión, sino por demostrar con datos recogidos en la Prensa o en declaraciones de terceros que lo de los demás es un infierno y ese es el horizonte que a Navarra le aguarda si socialistas, nacionalistas de diversa índole y los “comunistas” de Izquierda-Ezkerra llegan a formar ese gobierno de cambio que desean.
Llegar a él significa, y es algo asumido ya por el PSN-PSOE, la convocatoria de elecciones anticipadas, un arma que solo Barcina posee y con la que tiene derrotada a toda la vida política de la Comunidad. Su anuncio de que cumplirá toda la legislatura (18 meses más) es todo un reto, especialmente para los socialistas, que han cerrado su discurso de “nada contigo” pero les cuesta llevar a la sociedad los datos que confirmen que tampoco habrá nada con UPN, el partido que Barcina preside también. Más que amedrentarse ante un debate que sabía agrio de antemano, retó a toda la oposición a que volviese a presentar una nueva moción de censura, “eso si, tendrá que ser propositiva”, con presentación de alternativa clara, recordó, a sabiendas de que ese escenario ya forma parte del pasado primaveral, porque todos, incluso el PP, buscan un cambio pero nadie se fía de nadie y por eso reclaman la reválida electoral.
Como esperaba, la presidenta escuchó todo tipo de alusiones a su pedigrí democrático, autoritarismo político, desprecio al Parlamento ….. Lo que los demás no esperaban es que la ella hablase de todos los gobiernos regionales dirigidos por la izquierda o nacionalistas, menos del Gobierno de Navarra.  El photoshop encubrió la realidad navarra, con sus luces y sus sombras, y la presidenta regionalista dejó a todos con la incógnita de cual es su hoja de ruta, la que uno tras otro le fueron reclamando, además de desautorizar al Parlamento, rechazar sus iniciativas legislativas y seguir gobernando en minoría a golpe de decreto.
Pocas veces Yolanda Barcina había expresado tan elocuentemente como en este debate sus más profundos temores por la “patria amenazada” y, como si nada hubiese cambiado, volvían a escucharse en el hemiciclo navarro las viejas letanías del expresidente Miguel Sanz sobre la ansias nacionalistas respecto a Navarra. Sólo que para el discurso de su sucesora en este 3 de octubre, terrorismo y nacionalismo es un mismo concepto. EH Bildu y Aralar la acusaron de forjarse una realidad inexistente de Navarra, pero ella estaba convencida de que el PNV navarro, integrado en Geroa Bai, y el Gobierno de Urkullu desean que a Navarra le vaya lo peor posible porque “todo será más fácil”; a su entender, la integración de Navarra en “la soñada Euskal Herria”.
Sobre la mesa dejó un plan de 25 puntos que sería la base del pacto que estaba dispuesta a firmar ese mismo día con el socialismo navarro, y que, según desveló, es una copia literal del suscrito por el PSE-EE con el PNV. “¿Por qué allí si y aquí no?”. No era una pregunta retórica. Barcina se mostró convencida de que todos entenderán que UPN es como el PNV, pero sin label vasco, y que tan derecha es uno como otro partido, según dejó claro.
En diez horas de debate parlamentario, sólo Patxi Zabaleta, portavoz de Aralar, habló de corrupción económica y política, sin que a la presidenta se le alterase el tono cuando le pidió que fuese al Juzgado. Posiblemente al mismo que, coincidiendo con la sesión, decidía archivar la causa de las dietas cobradas en Caja Navarra. Esa fue la auténtica sorpresa del día: Caja Navarra prácticamente ha desaparecido como problema salvo alguna alusión al intento del gobierno de privatizar también los restos de ese naufragio, su Fundación.
En tono casi de oración, la presidenta Yolanda Barcina ponía fin al debate anual sobre el estado de la Comunidad y a una larga fila de interrogantes: su plan legislativo, los nuevos presupuestos para 2014 o si volverá a prorrogar los del año en curso, si se confirman sus velados anuncios de nuevos recortes a funcionarios y sanidad, si mantendrá su decisión de primar las inversiones del Opus Dei con ayudas públicas y, sobre todo, si las propuestas de resolución que el Parlamento aprueba con motivo de este Pleno serán aplicadas o no.
A la salida del Parlamento aún se escuchaban las palabras del expresidente Miguel Sanz en su reaparición pública 48 horas antes: Que UPN se zafe del abrazo del oso que mantiene con el PP y vuelva al cortejo con el PSN-PSOE. Ambos, Barcina y Sanz, se refieren a treinta años de historia de colaboración entre los dos partidos mayoritarios. Un antiguo dirigente socialista recuerda que con Sanz se discrepaba pero se hizo historia. Lo de la presidenta y el secretario general del PSN ya es un idilio imposible, aunque ninguno de los dos saliera entero del debate.

miércoles, 2 de octubre de 2013

El Partido Socialista de Euskadi, la paz y los pasos en la niebla

Mientras el gobierno de Rajoy tenga en su mano la potestad de las contraprestaciones para los presos, que es la cuestión más importante a resolver junto a la atención a las víctimas, a los políticos de todos los partidos vascos les quedan pocos marcos como la Ponencia de Paz y Convivencia del Parlamento para poner en valor el fin de la violencia y apuntalar, al menos eso, las bases de un futuro en paz.
Jonan Fernández, secretario general de Paz y Convivencia.
Gobierno Vasco
Si el PSE-EE ha decidido optar por dejar que la paz sin desarme se vaya asentando en la sociedad vasca como una de las posibles salidas del laberinto, coincidirá con todos aquellos que quieren que el silencio borre la huella de la violencia y deje para los historiadores lo que la política, al menos la del PP y la del PSE-EE, no quiere protagonizar. A fin de cuentas, como señalaba el presidente socialista, Jesús Egiguren, el final de ETA será su no presencia y la atención a las víctimas, y la convivencia uno de los muchos retos a los que se enfrenta cualquier sociedad. Por el hecho de ser su presidente, Egiguren no marca la política del PSE-EE sobre esta cuestión, pero tampoco es baladí su reflexión desde el faro costero en el que se ha instalado hace tiempo, en el sentido de que tampoco hay que alambicar la estrategia de los partidos, porque la paz ya ha entrado, se está instalando a pesar del escenario de discrepancia que la política presenta.
Apostar, no obstante, por la visibilidad del fin del terrorismo, como defiende el PP y reitera amenazante el ministro del Interior, o ir acompañando ese final con un protagonismo de los partidos vascos y con carácter institucional, como es la propia Ponencia parlamentaria, son dos opciones diferentes que ni siquiera son contradictorias. Mantener viva esta segunda fórmula, la parlamentaria, es difícil para el gobierno del PNV porque no cuenta con las viejas mayorías absolutas mano y preferiría pasar página cuanto antes, pero, sin embargo, es el propio lehendakari Urkullu el que está alentando una Ponencia que si no está participada por todos acabará en el minuto justo para firmar su fracaso. Y este será el fracaso de la política que a una parte de Euskadi le costaría entender después de tantos años en los que, abiertamente o entre secretos de Estado, se ha buscado un ápice de solución en distintas ocasiones con participación de todos los gobiernos de diferentes colores que España y Euskadi han tenido.
LA PONENCIA COMO SÍMBOLO
Rodolfo Ares, exconsejero de Interior y Coordinación del Gobierno de Patxi López es secretario de Organización del PSE-EE y quien ha tomado las riendas del discurso más duro del socialismo vasco respecto al futuro de la Ponencia sobre Paz y Convivencia y ha reiterado desde antes del verano que la permanencia del PSE-EE estaría condicionada a que EH Bildu asumiera el denominado “suelo ético” aprobado, lo que significa reconocer el daño causado por el terrorismo, situar la ética y el respeto a los derechos humanos por encima de todo y que la memoria de estos 70 años de terrorismo no sean "una verdad a medias reprimida o amnésica". La razón está en las actitudes de la izquierda abertzale y, de forma especial, sus manifestaciones a favor de los presos durante las fiestas veraniegas en todo Euskadi.
Cabe recordar que la Ponencia de Paz y Convivencia fue una iniciativa de Patxi López a raíz de que ETA anunciara su alto el fuego; fue aprobada por la voluntad y los votos del PSE-EE gobernante entonces y del PNV y en ella se integró también el PP a pesar de su resistencia inicial. Pero EH Bildu y su segunda fila de escaños, que es la que más decide, votaron en contra. Hoy día, el PP se ha marchado argumentando que esa Ponencia solo servirá para “lavar” la imagen y el pasado de los herederos de Batasuna, y los socialistas han seguido sus pasos después de dejar la amenaza de abandono a la puerta del verano para confirmarla a su vuelta; la izquierda abertzale ha decidido mantenerse en ella y el PNV ha pasado a liderar su futuro, cualquiera que sea.

“MUY POR DETRÁS DE LA SOCIEDAD”
Gustaba escuchar al portavoz parlamentario socialista, Josean Pastor, reconocer en televisión que la sociedad vasca ya está muy por delante de los partidos políticos respecto a la paz, y también en cuanto a las reivindicaciones de la izquierda sobre soluciones colectivas para los presos. Gustaba en lo que tenia de reconocimiento de la inteligencia social para buscar nuevos horizontes, pero no dejaba de ser un reconocimiento del fracaso de los partidos políticos cuando ETA sigue sin disolverse, el Gobierno de Madrid encallado en la estrategia policial y los demás partidos han perdido la sintonía con la ciudadana hasta ese nivel. A pastor se le podia entender que la cuestión de la Ponencia de Paz y Convivencia se ha convertido en un juego de los partidos y que los hechos mismos, la evolución de la convivencia diaria, está restando importancia a esa herramienta ejemplarizadora y cauce de dialogo que pretendía ser el Parlamento vasco, al que ahora el lehendakari Urkullu quiere regresar con su plan de Paz respaldado de forma mayoritaria.
A la vista del doble criterio del PSE-EE y sin ser preciso un profundo ejercicio de adivinación sobre la actitud de EH Bildu, la primera duda que surge es si el entonces lehendakari Patxi López ya preveía que la izquierda heredera de Batasuna no aceptaría ese mínimo ético que se acordó ni iba a participar en el debate de la Ponencia y contaba con que se quedase fuera. La segunda duda es si existe un espacio de encuentro alternativo para esa “visualización” del final del terrorismo que a nadie interesa más que al PSE-EE y al PP: Al PP, para darle cuerda al discurso de Mariano Rajoy, y al PSE-EE para no ser un invitado de piedra o solo un espectador en el final de ese proceso que parece ya irreversible.
Fuera de la Ponencia parlamentaria, solo al PP se le reconocerán sus vestiduras pero el PSE-EE descubrirá la inconsistencia de una estrategia que le ha llevado a estar públicamente ajeno a los grandes momentos del más difícil capítulo por resolver. Porque, como afirma incluso el PNV y también Pastor, el cierre del proceso terrorista no acaba con el olvido, sino con la discusión sobre lo ocurrido y la búsqueda de acuerdos básicos sobre lo irrepetible.
El “pacto del mojón” entre nacionalistas y socialistas ha resuelto los aspectos económicos que podían hacer quebrar la legislatura de Urkullu y el PNV. Se entiende menos por eso que el PSE-EE renuncie a desarrollar su habilidad para el diálogo en una Ponencia donde la política vuelve a ser una herramienta valiosa y fuera de la cual los discursos sueltos no crean ovillo. Más sorprendente aún es que el PSE-EE amague con renunciar a que el Parlamento tenga un razonable protagonismo en ese proceso final del terrorismo. Es indudable, no obstante, que la caja de resonancia de la actitud ante el futuro de la paz es el Parlamento, como insiste Paul Rios (Lokarri) y lo demás será predicar historia en el desierto,
No es previsible que el PNV vaya a dejar suelto el hilo con que ha atado a EH Bildu en la Ponencia, aunque solo sea para dejarles ante la evidencia de lo vivido y forzar, en la medida de lo posible, la extensión de conceptos como tolerancia, convivencia y normalización por encima de la propia historia. No será un trabajo fácil, ni siquiera a la sombra de la confidencialidad, como apunta Egibar, pero más difícil parecía darle la vuelta a una década de ese enfrentamiento entre nacionalismo y socialismo al que parece haberse puesto fin.


Artículo publicado en Diario Noticias de Álava       2 de octubre de 2013

domingo, 29 de septiembre de 2013

Paul Rios (Lokarri) (y II): "No veo grandes diferencias entre que ETA se disuelva o no"

Esta entrevista con Paul Rios, coordinador de Lokarri, tuvo lugar en la sede de ese movimiento social en los mismos días en que se cerraba el plazo para que partidos políticos y organizaciones sociales hicieran sus aportaciones al Plan de Paz y Convivencia que el lehendakari Urkullu presentó en el Parlamento vasco. Esta es la segunda parte de dicha entrevista.

Una parte de la conversación fue publicada el día 26 de septiembre de 2013 en el diario digital "Zoom News". 


“La violencia de ETA ha terminado, pero yo no soy una persona amenazada”

¿Es usted imbatible frente al desánimo?”
Yo también me desanimo y, en algunas ocasiones, me aburro. El tema del proceso de paz en Euskadi ya huele a rancio. Pero hay que tener perspectiva. En el año 94 se produce la tregua del IRA, comienza el proceso de paz… pero hasta el año 2007 no se forma el gobierno en Irlanda del Norte, y el proceso de reintegración de presos terminó en 2001. Hace falta tiempo, las cosas no cambian tan rápido. Lo que ha sido una frustración es que, teniendo tan buenas condiciones para que todo hubiese avanzado más rápido, pues al final está costando.
Los foros de Lokarri son un claro en el bosque para que se asomen los que estuvieron embozados detrás de las ramas. ¿El objetivo es estar en el centro del acuerdo de paz o propiciarlo?
Propiciarlo. El proceso de paz aquí está siendo bastante innovador. Hemos criticado cuando se han tratado en conversaciones secretas entre el Gobierno y ETA cuestiones que afectan a la sociedad vasca. Esas conversaciones son muy efectivas, pero son bastante antidemocráticas. Los procesos de paz se entienden como una negociación entre el grupo de turno y el gobierno de turno. ¿Y la sociedad qué? El proceso de paz no es para ellos dos, sino para el conjunto de la sociedad. Hemos apostado porque la sociedad vasca tenga su protagonismo en este proceso de paz y favorecer que haya consensos.
¿Sería un error que la paz se extendiese sin obtener el correspondiente “label” (sello vasco de calidad)?
Coincido en que la sociedad nos saca cinco cuerpos de distancia. Hay mensajes integradores en la inmensa mayoría de la sociedad, el gran problema está en esa parte de la sociedad que no está en esa clave y en la dificultad para ponerle un marchamo de calidad a todo eso, desde el Parlamento, los gobiernos, etc. Al final, estas evoluciones sociales tienen mucho peso y llevan a situaciones en que, gusten o no, se tienen que producir esos cambios. Tengo una doble sensación: Es cierto que hay una parte muy importante de la sociedad que ha desconectado ya de esta cuestión, ni ha sufrido ni sufre personalmente, tiene otra preocupación que es la de la crisis.
A nivel social está claro que ETA se tiene que desarmar, tiene que cambiarse la política penitenciaria, reconocer a todas las víctimas que han vivido vulneraciones injustas sobre derechos humanos, que la vida política no esté en claves de enfrentamientos continuos sobre los mismos temas…. Pero en la práctica esos grandes titulares están llenos de matices intereses y es ahí donde se generan los problemas.
Septiembre era el mes previsto para que la Comisión de Verificación emitiese un nuevo informe sobre la situación. ¿Sabe si lo van a hacer? ¿Hay materia?
Coincido con ellos en que ya está cumplida la labor que tenían asignada. Yo solo me planteo un escenario viable: para que se desarrolle un proceso de desarme y que puedan ayudar en el diseño de ese proceso.
La seguridad de que la amenaza de la violencia se ha terminado solo se podrá dar con un desarme pleno, bien diseñado, desarrollado y culminado. Está claro, desde mi punto de vista, que la violencia de ETA ha terminado, pero yo no soy una persona amenazada. Si nos ponemos en la piel de una persona amenazada que escucha las dudas de la propia ETA, entenderemos su posible preocupación. Hay que tener garantías de que eso no va a volver a suceder. Luego está el debate de si se tienen que disolver o no. Viendo lo que ha sido la experiencia del IRA, que están disueltos técnicamente pero no de manera oficial, no veo gran diferencia entre que se disuelvan o no. Lo que está claro es que tienen que darse esas garantías, que ahora no las hay. Tanto el Gobierno como ETA han pasado mucho tiempo mirando a ver qué hacía cada uno, sin mirar lo que la sociedad vasca está necesitando para consolidar un proceso de paz.
¿Desarme o disolución?
Lo que tengo claro es que no se van a disolver antes de desarmarse y de tener claro qué va a pasar con los presos. Entiendo a quienes desconfían del desarme, pero si se hace bien dará muchas garantías y seguridad. La fórmula para disolverse ha variado en según qué sitios: Fundaciones, integración en la actividad política democrática…..

“El IRA pidió disculpas por el daño a todas las víctimas”.

No parece fácil que ETA vaya a pedir perdón, como se le pide. ¿Terminarán por hacerlo los presos?
En clave realista, creo que no. Me refiero a la generalidad. Sí, si las cosas se hacen bien y se ponen en marcha las condiciones que puedan llevar a algunos a pedir perdón personalmente. Tanto ETA como los presos que han causado daños personales deberían tener más empatía hacia las víctimas. Entre el perdón o justificar lo hecho hay otras cosas que se pueden decir y hacer, reconociendo el dolor, que ha sido muy grave y doloroso para las víctimas. Y eso es lo que se echa en falta en sus declaraciones. El IRA pidió disculpas por el daño a todas las víctimas.
Recomendaba usted paciencia ante el supuesto anuncio por ETA de su autodisolución. ¿Cuánta paciencia más?
Nuestra propia experiencia nos da pistas. La situación actual me recuerda mucho a lo que sucedido en 2010, cuando la “Declaración de Bruselas”, en la que Premios de la Paz pidieron el alto el fuego y ETA lo hizo ocho meses después. En ese tiempo ETA se preguntaba si el alto el fuego era garantía del proceso de paz. Brian Curry les contestó que no había garantías de que hubiese un proceso de paz, lo que si estaba garantizado es que sin alto el fuego no se iniciaría ese proceso. Ahora estamos con unas claves similares. ETA quiere desmarcarse y lo quiere hacer en unas conversaciones con el Gobierno. Lo que se le dice es que, aunque intervenga el Gobierno de Madrid, con quien tiene que hablar es con la sociedad vasca y cuantas más personas e instituciones quieran participar mejor; luego se verá cual es el reparto de papeles.

Viendo que ETA está dispuesta a contrastar lo que se dice en las recomendaciones con quienes impulsamos el foro social y otras actores sociales y políticos que se sumen, si se inicia ese proceso creo que podríamos llegaríamos a las elecciones de 2015 habiéndose producido ya un desarme de ETA.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Paul Rios (Lokarri) (I): “Lo del proceso de paz en Euskadi ya huele a rancio”

Esta entrevista con Paul Rios, coordinador de Lokarri, tuvo lugar en la sede de ese movimiento social en los mismos días en que se cerraba el plazo para que partidos políticos y organizaciones sociales hicieran sus aportaciones al Plan de Paz y Convivencia que el lehendakari Urkullu presentó en el Parlamento vasco. Una parte de la conversación fue publicada el día 28 de septiembre de 2013 en el diario digital "Zoom News". Esta es la primera parte de dicha entrevista

Al PNV le ha venido bien que el PSE-EE se desmarque de la Ponencia de Paz y Convivencia del Parlamento Vasco. Y también al movimiento ciudadano por el proceso de paz Lokarri (antes Elkarri). Desde ambos lados avanza el Plan de Paz de Urkullu y va recogiendo apoyos, incluso de Lokarri, que trajo a Euskadi a los mediadores 
internacionales y ha sentado las bases para el final de ETA. La sociedad vasca está pasando hoja y Paul Rios, coordinador de Lokarri, cree que el desarme de la banda puede llegar antes de las elecciones de 2015.

El lehendakari Urkullu recogió el guante que su antecesor, Patxi López, le había dejado en la mesa en forma de Ponencia parlamentaria sobre Paz y Convivencia, pero quiso marcar su impronta en esa vuelta al poder y avanzó un Plan con el mismo nombre, Paz y Convivencia, sin esperar a que la Ponencia elaborase el suyo como era de esperar. El lehendakari quiso abordar por dos caminos diferentes, el Parlamentario y el de la sociedad en general, las posibilidades de establecer consensos sobre la paz y principios para el día después.
Lo cierto es que la paz se ha instalado en Euskadi por delante de la capacidad de reacción de los partidos políticos y ya se vive una primera consecuencia: la Ponencia parlamentaria ha quedado dormida por la variable estrategia de quienes fueron sus impulsores, el PSE-EE, mientras EH Bildu y sus seguidores no cambien de actitud en la calle y en sus declaraciones, además de que el PP, tras la marcha de Basagoiti, también haya dado marcha atrás.
Curiosamente, quienes comandan ahora ese barco varado son el PNV, que se sumó a la ponencia siguiendo la estela de la iniciativa socialista, y EH Bildu, que votaron en contra.
En público, el PNV cuenta su malestar por el abandono socialista, porque en su visión del final de ETA entiende que el Parlamento debe jugar un papel esencial como punto de encuentro para un consenso que aún parece lejano. Pero también porque el Parlamento tendrá que ser, de una u otra forma, con Ponencia o con el Plan de Urkullu, donde cristalicen las iniciativas sociales que se han puesto en marcha con ese objetivo. Eso mismo opina Paul Rios, coordinador de LOKARRI (“lo que sirve para unir”). Urkullu mima la prudencia de quien hizo responsable para este cometido: Jonan Fernández, y los apoyos que Lokarri, antes Elkarri, viene prestando a la causa; un movimiento social por el consenso y el final del proceso de paz en el que el propio Jonan Fernández jugó un papel destacado.
Lokarri, junto con Bake Bidea, puso en pie el denominado Foro Social y el seminario “Diálogo y convivencia” celebrado en San Sebastian. Es a partir de esas iniciativas cuando se comienza a hablar y toman protagonismo los denominados “mediadores internacionales”. Con la Ponencia del Parlamento aparcada, Lokarri y el Plan de Paz y Convivencia del gobierno del PNV han comenzado a ir de la mano dando fuerza a ese instrumento, el Plan, que debería volver al Parlamento con un nivel importante de consenso aunque el PP y UPD ya han manifestado su rechazo. Esa es la segunda consecuencia, la del protagonismo del Plan del PNV.
Las recomendaciones del Foro Social que organizó Lokarri parecen haber encontrado eco en el Plan de Paz de Urkullu y, lo que es más trascendental, dichas resoluciones están sirviendo como referencia a la izquierda abertzale desde que, ya antes del verano, comenzaron a pedir abiertamente la disolución de ETA como condición previa para poder hablar de proceso de paz alguno.

“Está faltando una cierta audacia para construir el futuro”

Paul Rios (Foto Javier Hernández / El País)

Parece sorprendente que, después de 15 años de bronca, el pacto suscrito entre el PNV y el PSE-EE no haya citado ni una sola vez la cuestión de la paz y la convivencia en Euskadi.
Parece que hay menos miedo en llegar a acuerdos sobre empleo, crisis o economía, porque todos saben de antemano cual puede ser, más o menos, el escenario de encuentro, pero con la paz y la convivencia hay mucho miedo a llegar a acuerdos porque no se sabe muy bien dónde se puede llegar. Se sabe que, llegando a pequeños acuerdos en la Ponencia parlamentaria, luego en algún momento hay que llegar a grandes acuerdos y sobre temas que son muy delicados, como puede ser, por ejemplo, el tema de los presos. Ese temor al tipo de acuerdos necesarios y si el electorado de cada uno los va a respaldar, hace que algunos prefieran quedarse más cómodos donde estaban Eso está haciendo de freno a todo lo relacionado con paz y convivencia.
En el debate político actual hay tres grandes ejes: autogobierno, paz y crisis. Si ya hay acuerdo en la relativo a la crisis, en los otros dos habrá oposición y tensión política, porque cada partido querrá marcar su terreno.
¿No está cojo el proceso sin la ponencia de Paz y Convivencia del Parlamento?
El Foro puede ayudar a buscar acuerdos y consensos sobre política penitenciaria, pero es en las instituciones donde se deben materializar y consolidar, máxime cuando algunos partidos o sectores no han querido participar en las discusiones de este Foro.
Me resultaba llamativo que, no hace muchos meses, algunos partidos que no participaron en la Ponencia de Paz decían que la izquierda abertzale no querían esa Ponencia y que todo el dialogo se hiciese fuera del Parlamento y ahora la Ponencia es lo que no les gusta. Estás provocando lo que querías evitar. Y más aún, que todo esto ocurra por una palabra: “deslegitimación de” terrorismo o violencia. No tiene medida lo que está sucediendo en la Ponencia del Parlamento. Confío en que esto suponga un replanteamiento, un trabajo más discreto sobre unas mínimas bases y, cuando se haya recuperado el diálogo, volver con los trabajos. Falta una pata fundamental de lo que tiene que ser la convivencia.

“La realidad que vemos huele a naftalina”

Josean Pastor (PSE-EE) afirma que la sociedad está muy por delante de los partidos políticos respecto a la paz y los presos. Parece que ya hay una cierta resignación sobre el pasado y nada sobre el futuro.
Es sorprendente, pero hay encuestas que dicen que más del 70% de la sociedad considera que ha habido cambios en las medidas sobre política penitenciaria. Esa es una mayoría social enorme. No hay que hacer juegos malabares a la hora de buscar una solución sobre los presos. El propio lehendakari Patxi López presentó en enero de 2012 una serie de propuestas y reflexiones sobre la paz y la convivencia y, entre otras cuestiones, hablaba del acercamiento de presos, excarcelación de presos incurables y poner en marcha un proceso de reintegración social. Simplemente con eso habría mimbres para un consenso. Pero es muy diferente hacer esa declaración convencido de lo que propones y gobernando que cuando tienes que llegar a acuerdos con otras formaciones políticas. Creo que es ahí donde se genera cierto temor. A mi me sorprende que, por ejemplo, en marzo de este año se llegue a un acuerdo sobre un párrafo relativo al daño causado, la memoria y reconocimiento de todas las víctimas, etc., y parece que a dia de hoy hasta eso no sería ya factible.
Creo que es necesaria una reflexión profunda sobre el método con que se ha venido trabajando en la Ponencia, lo de ponerlo todo en los focos de los medios de comunicación; todo muy transparente, pero no se si es un método adecuado para poder hablar. También habría que hacer una reflexión profunda sobre la responsabilidad que tienen ahora mismo los partidos políticos y que no están cumpliendo.
¿Vencerá la idea de la estrategia policial y penitenciaria frente a la de negociación?
La estrategia de lo policial en el final de ETA no arregla algunos de los problemas centrales que tenemos sobre la convivencia. Hay quien dice que sobre la convivencia no hay que trabajar nada, que basta con que ETA entregue las armas y la izquierda abertzale pida perdón. Eso es un parapeto para evitar los debates que hay que hacer sobre cuestiones de fondo. La realidad que vemos huele a naftalina. Que hagan una relación de acuerdos y desacuerdos y trabajar sobre esas bases. Comprobaremos si el problema es la Ponencia o la estrategia de cada uno.
Este parón actual no parece bueno.
El parón es transitorio, indudablemente, pero el Gobierno del PP está incurriendo en una grave irresponsabilidad, no hacia ETA, sino con la sociedad vasca. La sociedad ha dicho con claridad que el Gobierno debe aportar, ayudarnos; y no nos está ayudando. Está utilizando la excusa de ETA, el desarme y eso, para no afrontar una cuestión que es importante para nosotros. Más allá de esto, también es cierto que hay una falta de responsabilidad general; no somos conscientes de que lo que no sepamos hacer ahora va a ser mucho más difícil poder hacerlo después y, en el futuro, los problemas que dejes abiertos va a seguir generando problemas. No me puedo imaginar que dentro de diez años estemos aquí hablando de víctimas que no han sido reconocidas o que no haya cambiado en nada la política penitenciaria o que ETA siga existiendo. Este es un escenario al que no se debería llegar. 
Está faltando una cierta audacia para construir el futuro. Personas que conocen procesos de pacificación coinciden en que es muy cómodo mantener lenguajes y actitudes del pasado, lo difícil es cambiarlas, y eso es lo que está faltando.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

La muchacha de Cuixart

Todas las noches cerraba los ojos al mismo tiempo que yo y escondía sus colores en la oscuridad de la habitación. A los pies de la cama parecía encargada de velar mi desvelo o frenar el vuelo de las cortinas las noches en que el viento entraba desde la terraza. Con su mirada iba recorriendo mis pasos según cruzaba por delante de ella, camino de la mesilla de noche para encender la lámpara que dirigía la luz a su cara, como un rayo de sol que atravesara la habitación para darle vida y sacarla del letargo de los días completos en soledad.
Desde encima del sofá o a los pies de la cama de la casa de años después, la muchacha de Cuixart hablaba de tú a tú contándote un pasado que sólo uno imaginaba a fuerza de escrutar las oscuras sombras de los ojos o el carmín rojizo de los labios. Pasó de la carpeta de la espera a un largo viaje que seguramente aún no ha acabado y se hizo fetiche a fuerza de estar presente, como el hito de una carretera, el kilómetro permanentemente repetido. Ella conoce bien el perfil de las esquinas más difíciles, de donde parecen haberla sacado; gira la cabeza para escapar de las cuchillas del invierno cuando la soledad ataca y te empuja el saludo hasta el nudo exacto donde la nostalgia es sonrisa.
Mientras leía recostaba en el cabecero de la cama, mis ojos se iban hacia ella, alertado por el propio silencio que compartíamos desde aquel dia en que comenzó a atravesar conmigo ciudades, tierras y casas. De todos los muros en que había estado colgada, cobraba una vida especial allí, al fondo de mis pies y la colcha blanca, arrojando el color de su figura por todo el entorno, como una llama en la noche. Fue testigo de largas temporadas de ilusión, de las mejores épocas de muchos años, apoyada sobre el sofá blanco de rayas negras, frente por frente al espejo de la chimenea en el que reflejaba la indefinición de su sombrero, la timidez de su sonrisa y los trazos rojos de un cuerpo que era una mera insinuación sobre el papel blanco.
La tarde en que apareció, Barcelona estallaba en primavera, las palomas cortaban el paso en la Plaça de Sant Jaume y en la puerta de la librería de viejo gritaba buscando alguien con quien romper la soledad, la oscura soledad de la carpeta de grabados. Era la pintura más sencilla de aquel grupo de seis cabezas de mujer, de aquellos bustos iluminados que Modest Cuixart había ensoñado y firmado. Entre esas caras insinuadas, los sombreros negros que velaban los ojos en las otras obras, los vestidos que se deshacían en una sombra de color y las miradas estáticas de las otras cinco mujeres, los ojos redondos de la muchacha se llenaban de melancolía y animaban a llevarla contigo como quien compra un confesionario para los ratos en que a la conciencia le da por pensar.
La muchacha y yo compartimos el secreto del destino. Ni yo era el suyo, el previsto para ella, ni ella la imagen que me podría perseguir durante casi una vida, cuando la vida se cuenta en cuartos de siglo. Por encima de la firma de Cuixart, de ese garabato no mejor ni peor que el que hacemos cada día que nos levantamos, el papel se blanquea por donde pasó la miga de pan. Borrar la dedicatoria del pintor a quien iba destinada esa prueba de autor era una puñalada al destino, el del autor o del destino a quien recibió la obra, que se deshizo de ella. Un secreto casi a ojos vista los viajes, los marcos que ha ido conociendo y el tiempo que se filtra por el cristal han sacado a la luz la sombra blanca del papel borrado.
Apoyado yo en el cabecero de la cama y con la luz centrada en su incógnita identidad, esa mujer casi niña se convierte en el espejo donde mirarse cada noche: El esbozo de una sonrisa antes de dormir, la memoria del color de cada día y la mirada permanente en busca del sosiego.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Euskadi: Urkullu y Patxi López regresan a la historia para hablar de futuro


Si hay algo más difícil de soldar que el nacionalismo y el socialismo, en Euskadi el PNV y el PSE-EE vuelven a repetir el experimento de hace décadas: un pacto de largo plazo a favor del lehendakari Urkullu en el que Patxi López consigue calzar, al fin, parte de lo que fueron sus proyectos como lehendakari. Un juego de transacciones políticas y transiciones históricas inacabadas, ahora que las balas no silban.

En las filas del Partido Socialista de Euskadi (PSE-EE), disciplina; en las del PNV, alivio. Seguro que el PP lo tildará de voluntarista, aunque busca su hueco cerca, y EHBildu de insuficiente, como ha adelantado Sortu, que empieza a hacer de “casa madre”. Para Joseba Eguibar, portavoz parlamentario peneuvista, el acuerdo que van a suscribir el próximo lunes el presidente del PNV y el secretario general del PSE-EE es un “mojón” en el largo camino que le queda para conseguir la estabilidad del gobierno del lehendakari Urkullu, en minoría.
Si la política no tuviera a veces ese miedo a las palabras y la tendencia a simplificar los hechos para intentar hacerlos más comprensibles, Joseba Egibar habría hablado de “acuerdo histórico” en un país, el vasco, tan necesitado de hechos que sobresalgan sobre las crisis aún sin cerrar, como la de la convivencia en paz y la económica, ahora que las balas ya no silban. Probablemente el portavoz jeltzale sabe que la minoría con que nada el Gobierno de su partido le ha hecho perder toda la energía del salto al agua y que las corrientes amenazan con dejarlo varado en plena travesía, antes de cumplir tan solo un año de esta legislatura de su lehendakari Iñigo Urkullu.

EL PSE RECUPERA PODER
El “mojón” del pacto se ha convertido, en realidad, en un “híto” (sinónimo igualmente válido) de ese camino aún largo. El PNV encuentra, al fin, la senda que perdió cuando no pudo repetir gobierno y cedió el mando al lehendakari Patxi López. Y el propio secretario general de los socialistas vascos y ex-lehendakari encuentra un lugar donde plasmar sus mejores objetivos políticos, los que no pudo desarrollar en su accidentado mandato y lanzó a los pies de Urkullu la víspera de su elección. La trascendencia del contenido del acuerdo aborda, por primera vez, esa transformación de la “arquitectura institucional” de la que hablaba Patxi López y que, en otras palabras, es la revisión de las competencias y poderes del Parlamento vasco respecto a las políticas públicas y de las Diputaciones forales respecto al Parlamento. La respuesta a ese “quien manda aquí” que nunca se ha formulado en voz alta pero amenazaba con paralizar el País Vasco económica y socialmente. Aquel objetivo de López de que el Parlamento se convierta de verdad en el eje de la política vasca ha encontrado al menos un principio de encaje, aunque habrá que ver su desarrollo.

Publicado en http://www.zoomnews.es/             11 septiembre 2013

http://www.zoomnews.es/101743/actualidad/espana/asi-es-pacto-largo-alcance-pnv-y-socialistas