martes, 8 de mayo de 2018

KOLDO MARTÍNEZ (GEROA BAI): LA ÉTICA SIN POLÍTICA ES ESTÉRIL, PERO LA POLÍTICA SIN ÉTICA LLEVA A LA CORRUPCIÓN A TODOS LOS NIVELES



• Vicepresidente del Gobierno de Navarra y portavoz de Geroa Bai en el Parlamento foral
• Fue candidato a la Alcaldía de Pamplona por Euskadiko Ezkerra
• Médico en el Servicio de Medicina Intensiva del Hospital de Navarra
• Dejó la presidencia de la Asociación Nacional de Bioética Fundamental y Clínica por incompatibilidad con su actividad política actual
Presidente de Zabaltzen, asociación de los independientes de Geroa Bai (Navarra)



A Koldo Martínez Urionabarrenetxea (Eskoriatza, Gipuzkoa, 1953), vicepresidente del Gobierno de Navarra y la cara visible de Geroa Bai junto a Uxue Barkos, la política no le permitió continuar como presidente del Comité Nacional de Bioéticq, para el que había sido elegido para un mandato de cuatro años. Va constantemente de la una a la otra, navegando siempre, como dice, a favor de ”la razón humana”. En medio de ese oleaje ha llegado el desarme de ETA primero y, hace unos días, su anuncio de la disolución de la banda terrorista. Pero también ha venido el debate en el Parlamento español de una propuesta legal sobre la eutanasia, por primera vez apoyada por todo el arco parlamentario, a excepción del Partido Popular. 

Koldo Martínez me viene de nuevo a la memoria (muchas veces más como amigo) por estas dos cuestiones, íntimamente ligadas a la ética, esa referencia de la que hablábamos en su casa de Pamplona aquella tarde, cuando las dudas sobre la izquierda navarra eran tantas.
Polifacético, el vicepresidente navarro por Geroa Bai fue y es protagonista en muchos frentes, como candidato a la Alcaldía de Pamplona por Euskadiko Ezkerra, como candidato a senador por Nafarroa Bai y, finalmente, como candidato por Geroa Bai en las últimas elecciones generales, en sustitución de Uxue Barkos, la actual presidenta de Navarra. 

Siempre situado “en el lugar del otro”, afirma que en eso le influye su profesión de médico en el Servicio de Medicina Intensiva del Hospital de Navarra, aunque no da excesiva importancia al hecho sido presidente electo de la Asociación de Bioética Fundamental y Clínica.


“No creo en los que se acuestan defendiendo la violencia y amanecen más demócratas que tu” 

- Independencia, diálogo, acuerdo… En todas las opiniones sobre usted subyace esa idea, una actitud paciente ante todo y entre todos. ¿Se ha impregnado de ese espíritu del pactismo navarro? 

- Espero que no. Paciente sí. Estoy convencido de que los cambios que de verdad importan son los que van pasando despacio a lo largo de la vida. Las soluciones más serias vienen después de las crisis. Y, además, sabes que después de algunas decisiones rápidas tienes que pedir perdón cuando te equivocas. No creo en los fascistas que se levantan demócratas, los que se acuestan defendiendo la violencia y la insurrección armada y media hora después dicen ser más demócratas que tú, con lo difícil y duro que es intentar ser demócrata.

Y pactismo navarro, no. El pactismo de “quítate tu y me pongo yo” no me vale. Más que por la alternancia, estoy por la alternativa. Hay que buscar las soluciones entre todos. Solo creo, si es que existe, en el dios del acuerdo

- ¿La sociedad actual está por la espera, la escucha, el respeto a los tiempos necesarios….?
- Vivimos momentos muy convulsos. La sociedad se siente tan engañada, está tan indignada… Todas esas instituciones en las que la gente creía están llenas de escándalos. La sociedad está respondiendo de forma más visceral que reflexiva, prudente. Y lo entiendo. Pero si lo seguimos haciendo así vamos a pasar de creer en unos dioses falsos a creer en otros igual de falsos. Y eso es un peligro total.


LA INDEPENDENCIA DE LOS PARTIDOS

- ¿Hoy, más que nunca, hay margen para la independencia política o es un eufemismo?
- Creo que sí. Entre los independientes de Geroa Bai estamos gente proveniente de Euskadiko Ezkerra, del EMK, del PC, de Eusko Alkartasuna, de Aralar, de gente que estuvo en el PNV, de jóvenes que no han estado en ninguna organización…. Hay mucha discusión, pero tenemos muy claras unas pocas cuestiones que son las que nos hacen trabajar juntos y defender ideas y salidas. Lo que tengo claro es que en este momento es imposible hacer política desde los partidos.

"En este momento es imposible hacer política desde los partidos "
Desde los partidos se hace partidismo, pero no política. hasta los partidos más modernos son una estructura muy rígida, y yo milité en unos cuantos, y generan mucha insatisfacción entre sus propias bases. Están conformados con una especie de onanismo interesado. Otros grupos están desorganizados, como el 15-M, buscan un cambio total muy espontáneo, el cambio de la indignación, el cambio de la rabia y el puñetazo en la mesa…

La alternativa es recoger a toda esa gente descontenta, la organización de los independientes políticos, de las personas que no tenemos una adscripción concreta. No es nada fácil, porque estamos inventado un cambio nuevo integrador e ilusionante.

- Independientes en Geroa Bai. ¿No cuesta entender el concepto?
- No. Somos independientes de Geroa Bai por imperativo legal. Geroa surge del desmembramiento de Nafarroa Bai. Ahí estábamos prácticamente los mismos independientes que ahora estamos en Geroa Bai, más alguna gente que se ha añadido. Veíamos que en Navarra eso que podríamos llamar “nacionalismo de izquierdas” o “nacionalismo progresista” o “vasquista”, como quieras llamarlo, estaba tan dividido que había un sector de la población que quedaba siempre al margen porque no llegaban a un mínimo de representatividad. Los 43.000 votantes de Geroa Bai vieron con claridad que nosotros estábamos hablando de otras cosas.

- ¿Con el PNV incluido?
- Si, en Geroa Bai está el PNV, algo que a mucha gente le rechina. Es posible que el PNV sea la derecha, como se le achaca, pero ha tomado muchas decisiones muy a la izquierda de muchos partidos de la izquierda. No me importan las etiquetas. Me importa lo que la gente hace, no lo que los demás dicen que eres o dejas de ser.

(Uno de los temas estrella en el momento de la entrevista era la polémica sobre el mantenimiento en la cárcel de Otegui, hoy líder de EH Bildu, partido que acababa de hacer su construir su nueva crisálida política)


OTEGUI

- Se explayó usted sobre el juicio a Bateragune. ¿Otegui, ahora secretario general de Sortu, es reo de ETA o reo de la política?
- Otegui debería estar en la calle, por justicia y por utilidad, por ambas cosas. Ha cometido muchas barbaridades a lo largo de su vida, pero ya ha pagado por ello. Es una injusticia total que siga en la cárcel. Y es una injusticia que tiene conclusiones nada útiles para el futuro de este país. Es reo de la política, no de ETA; del juego político más evidente, en el peor sentido de la palabra. A unos les viene muy bien que siga en la cárcel y a otros también. Es reo de la mala política.

- Escribió que “la no condena del terrorismo es un posicionamiento y una opinión política”. Desde un punto de vista ético ¿sólo es eso?

- Cuando hablamos de violencia, hablamos siempre de violencia terrorista. Hay dos tipos de violencia, la legítima y la ilegítima, y no se pueden comparar. La ilegítima es la de ETA y la legítima la del Estado democrático, que muchas veces se ha convertido en ilegítima por ser ilegal, desproporcionada, etc. Pero hay entre ellas una diferencia infranqueable.

La condena de la violencia ilegítima es uno de los pocos principios que tengo claros. Si no estamos de acuerdo en eso, si para hablar de una tienes que hablar inevitablemente de la otra, no hay posibilidad de avance, porque el punto de arranque es declarar ilegítima la violencia terrorista.

La condena de la violencia ilegítima es una posición política, pero también es una posición moral; ética y política se superponen. Como digo a veces, la ética sin política es estéril, pero la política sin ética lleva a la corrupción a todos los niveles. La condena del terrorismo es un punto de partida moral antes que político, respecto de los demás y con uno mismo.


"Sin memoria, toda, desde el 36, es imposible la convivencia"
MEMORIA Y CONVIVENCIA

- ¿Hay un tiempo para la memoria y un tiempo para la convivencia, o esa transición no es viable?

- El Eclesiastés dice que hay tiempo para todo. Sin memoria es imposible la convivencia; necesitamos recuperar la memoria para construir una mínima convivencia entre todos, si no será una convivencia falsa, como la que hemos vivido hasta ahora. La memoria del 36 es muy importante todavía y es necesario recuperarla para consolidar esa convivencia. Pero la memoria no acaba ahí, acaba con el último asesinado por ETA. La una no es consecuencia directa de la otra, son dos memorias distintas; quien dispara una pistola lo hace libremente, no es producto de un contexto social determinado; quien empuña las armas es responsable de hacerlo.

“EN EL COMITÉ DE BIOÉTICA DE ESPAÑA, LOS REPRESENTANTES DEL PP TIENEN UNA CRUZ COLGANDO DEL CUELLO”


¿Hay una definición para la bioética?
La bioética es un concepto muy ambivalente, el del bios y el del ethos: la vida, como opción sagrada, intocable, y la vida con calidad de vida, pues si no es así no tiene sentido y se puede acortar. Y por otro lado el mismo concepto de ética es también ambivalente. Para unos puede significar la tradición… una norma de convivencia para compañeros morales. Pero ética también es una llamada a la excelencia, a la superación de ti mismo.

Vida…. ¿Qué vida?
La sacralidad de la vida ha sido el concepto predominante en la historia de la humanidad, como algo que Dios o la naturaleza te ha dado y que no has hecho nada para merecerla. Tienes vida, y se pensaba que la vida era sagrada, un don pasmoso, intocable. Algo sobre lo que los humanos no tenemos ningún derecho a intervenir ni al principio ni al final.

Aunque el debate de la eutanasia viene de antes, no hace más de 50 años empieza a surgir el concepto “calidad de la vida”. La vida es sagrada, mientras lo es, mientras merece la pena ser vivida. Si no me ofrece ese mínimo de calidad que le exijo, mejor es que me muera. De ahí viene esa concepción más reciente, de la que deriva la visión sobre el aborto cuando un feto viene con malformaciones y es mejor que no se desarrolle. Ahí entra de lleno el debate sobre la eutanasia y sobre el suicidio asistido, el aborto… dos de los debates que más enfrentan en este momento a una parte de la sociedad con otra, junto con el matrimonio de personas del mismo sexo.

Ese debate continúa abierto.
En este país la eutanasia es ilegal, pero estoy convencido de que avanzamos en la conciencia social hacia una despenalización de la eutanasia que se dará antes o después irremisiblemente. La población entiende que en determinadas circunstancias, cuando la vida es menos digna, esas personas puedan optar por la eutanasia.

La elección en su día de los nuevos miembros del Comité Nacional de Bioética motivó comentarios como que “una gaviota sobrevuela” sobre dicho Comité? ¿Comparte esta opinión?
Se puede decir que las personas que han sido incluidas por el PP en el Comité tienen, además de una gaviota, una cruz colgando del cuello. Y eso en principio no me parece mal. En la bioética tenemos que estar gente que, vengamos de donde vengamos por creencias o ideología, tengamos el objetivo de deliberar para llegar a acuerdos, poner en solfa nuestras propias convicciones, reducirlas al mínimo, dar razones de ellas y confrontarlas con la razón de los demás. Y sobre la base de ese diálogo sobre valores llegar a acuerdos. Me cuesta muchísimo creer que algunas de las personas del Comité que conozco puedan hacer ese ejercicio porque son absolutamente dogmáticas y fundamentalistas.

También hay que decir que, aunque el primer Comité de Bioética de España fue creado por Zapatero, nunca fue convocado para analizar ninguna de las leyes y sus pronunciamientos sobre algunas leyes fue de motu proprio, como hicieron con la modificación de la ley del aborto. Nunca fueron consultados.

Conociendo la composición de este Comité, en el que también hay personas a las que respeto muchísimo, cabe pensar que el Gobierno de la gaviota pueda convocarles una o varias veces para que refrenden las leyes que tenga en mente el Partido Popular.

¿Harán una relectura de la ley sobre matrimonios del mismo sexo y sobre el aborto?

El Tribunal Constitucional ya ha hablado. Sería una ruptura demasiado fuerte que el Gobierno convocase al Comité de Bioética para hacer una valoración moral sobre una sentencia del propio Tribunal Constitucional en cuanto al matrimonio entre personas del mismo sexo. No me lo creo. Aunque son tan osados…. Sobre el aborto sí que veo posible que lo hicieran dadas las características de algunos de los miembros de este Comité. Hay miembros de este Comité con una valía intelectual impresionante y de un conocimiento y ejercicio de la ética y la deliberación que hay que reconocer. Espero que, si esa convocatoria del Gobierno se da, a minoría convenza a la mayoría.

¿La objeción de conciencia es algo graduable en según qué casos? ¿Es regulable?

La objeción de conciencia es un valor a tener en cuenta cuando es una objeción legítima. Los profesionales no pueden objetar porque sí, como están haciendo algunos, o por vinculaciones religiosas. La objeción de conciencia es un paso adelante importante en el reconocimiento del valor moral de las personas, pero tiene que ser una objeción legítima, honrada, honesta, que entienda que es una excepción a la regla y que esté dispuesta a resarcir esa excepción. La objeción de conciencia no puede ser un “¡Viva la Virgen¡”, tiene que ser presentada formalmente en algún lugar, alguna institución sanitaria, donde sea. Lo triste es que se está reconociendo la objeción de conciencia como algo absolutamente baladí. Las leyes están para cumplirlas, porque vivimos en un Estado democrático.

La objeción de conciencia es tan razonable como que la conciencia nos hace ser humanos, pero tiene que ser justa, confesada y dispuesta a resarcir el mal por el incumplimiento de la ley. Curiosamente, la objeción de conciencia más injusta está siendo apoyada por quienes se llaman defensores de la ley de Dios.


domingo, 29 de abril de 2018

AQUELLA LISBOA


En la semioscuridad de la calle no puedes imaginar que, una vez atravesada la puerta, entras directamente a un baile, a la luz de las bombillas de colores colgadas por las paredes, al rojo y verde de las banderitas portuguesas de papel que arrastran tu mirada y que eran el contraste con el luto de las mujeres, sus pañuelos negros escondiendo el cabello, los ojos vigilantes de las chicas que bailaban juntas en el centro del salón, sobre baldosas de dibujo y frente a las miradas cruzadas de los hombres, pegados a la pared y al humo alrededor de sus cabezas.
Era 1975, por la fiesta del Pilar y en Portugal, acababa de comenzar una revolución. En pleno hervor por la libertad recuperada, ese país buscaba en el fondo de la arena de las playas, entre las ruinas su imperio perdido y de su vieja historia un futuro impreciso en el que la esperanza era el único salvavidas.
Íbamos camino de Lisboa por primera vez en mi vida, recién acabado el servicio militar, la muerte de Carrero Blanco y cinco días de disparar balas a una diana por si había que salir a la calle. Todo eso bullía aún en mi cabeza cuando cruzamos la frontera, dos guardias civiles nos echaron el alto antes de llegar a la aduana y el coche se caló de miedo. El otro lado de la barrera, dos soldados portugueses miraban con curiosidad lo que ocurría junto a nuestro coche, como a uno más de los que fueron, fuimos de excursión a la libertad en ese tiempo.
Si digo la verdad, no tengo en la memoria gran cosa de aquellos tres días en Lisboa, porque la memoria se aplana con el tiempo como un pan antes de entrar en el horno y sobresalen únicamente algunas sensaciones, con las que construimos el recuerdo: Un café en la Plaza del Roçío, la oscuridad solitaria de la misma plaza a las once de la noche, los pasteles de leche que empalagaron el alma, las sinuosas calles del Chiado, un barrio antiguo que ardería casi por completo pocos años después, y las cuestas de las calles que ascendían hasta la Plaza del Príncipe Real, a donde volvería tantas veces tantos años después. Hoy, un Pessoa de bronce espera en la acera sentado junto al Café A Brasileira, tal vez el más antiguo de la ciudad o, al menos, el mejor conservado al cabo de un siglo y cuarto…
Importan poco los lugares de aquellos días. En Lisboa, el rio y el mar se convierten en bruma cada tarde y así permanecen en la memoria, como cristales ahumados en los que pasas la mano y cada día descubres un rincón nuevo.
Barrio de Alfama (imagen antigua)
Hasta casi 30 años después no supe que las subidas por el barrio de Alfama, como si fuesen calles de Ronda, de la vieja Estepona o de los pueblos blancos gaditanos, conducían hasta un castillo que domina la entrada costera desde el otro lado de la ciudad hasta el viejo puerto, entonces aún activo y donde hoy descansan las reliquias de una Exposición Universal y algún bar de copas sobre los cimientos de los antiguos almacenes, los viejos docks.
Alfama era el la conciencia en blanco de ese imperio en ruinas, el refugio de los obreros y soldados vueltos de las colonias, la malquerida de la ciudad burguesa caída en desgracia, como los galones de los militares que se apolillan en los armarios. La Alfama era la virgen blanca y silenciosa por donde escalaba el tranvía amarillo huyendo de la otra ciudad, hecha jirones de bancos en ruinas, tiendas de comestible semivacías y trajes de militar sin cuerpo deambulando por la Plaza del Comercio, en la boca del rio.
Junto a una pequeña tienda de antigüedades, una luz tímida y un letrero apenas visible nos indicaba el lugar que íbamos buscando por Alfama: Casa Herminia, una casa de fados. Sillas de madera y anea, cuadros rojos en las mesas y casi oscuridad salvo en el fondo de la sala, vacía aún a esas horas. Sobre un pequeño estrado, doña Herminia ensayaba un fado robado a Amalia Rodrígues, dos guitarras descansaban a sus pies y los techos cerrándose sobre ella como una valva de berberecho inmenso, blanco, calizo, lleno de sombras.
Alguien nos animó a entrar, acercarnos al pequeño escenario y pedir algo de comer. Vinho verde, aceitunas y  un bacalao frito que se hizo esperar. El cenicero de aquella mesa, de cerámica, grande, de color marrón y beige, llevaba escrito el nombre de aquel lugar y así fue conmigo haciéndose viejo del tiempo y oscuro de la ceniza, como una reliquia viajera y robada en aquella ermita de Herminia, la cantaora que rascaba tu piel sin tocarla y convertía el tiempo en nada importante, porque tampoco a ella la esperaba nadie.
El alboroto venía por la mañana del sábado desde la plaza del Rocío, el centro neurálgico de la ciudad. Soldados, paisanos, mujeres, niños marchaban detrás de una pancarta y decenas de banderas rojas y verdes y las paredes de los edificios los veían pasar. Entre las ventanas, las puertas y las cristaleras quedaban pegados, como testigos para siempre, carteles de todos. Aquella era una revolución general en la que algunos quisieron ser héroes y muchos más llegaron de villanos a ciudadanos sin un disparo.
En unos grandes almacenes del Chiado encontré un disco de Johnny Cash, un cantante de folk americano, áspero de voz y sonrisa torcida. Su sombrero tejano y un trozo de guitarra le acompañaban en la cubierta de ese LP, suficientemente grande como para poder guardar dentro de él, doblado, un cartel del PCP que nos regalaron al paso de los manifestantes en la plaza. El Partido Comunista de Portugal, con fuerte poder en la ciudad, ya había comenzado su campaña electoral.
Con el disco y su secreto contenido nos marchamos hacia España de regreso. Era mayor la emoción que la capacidad para entender el riesgo de la frontera. El guardia civil español preguntó si llevábamos algo para declarar y le mostré el disco. Me preguntó quién era y le dije que un cantante americano poco conocido que escribía música popular para las iglesias.
Levantaron la barrera y Lisboa se fue alejando entre la bruma del domingo. O tal vez era la bruma del retorno la que nos había vuelto a secuestrar.


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domingo, 22 de abril de 2018

EL MITIN DE ADELA, HIJA DE BERNARDA ALBA


LA OBRA
Es un simplismo intelectual y político querer reducir a unas cuantas las causas que llevaron al asesinato de Federico García Lorca. El abanico crítico que dejó extendido sobre la vida española abarca muchas más varillas de las que los medios de Comunicación de entonces y de ahora han resaltado; se cruzaba con ese otro abanico desplegado de la propuesta revolucionaria, incómoda, constructiva que intentaba cambiar lo que ocurría en esos espacios de sombra social, política y cultural de la España, la de entonces, la que le antecedió, la que ha proseguido después de su muerte y aún nos alcanza a nosotros aún. La “causa de España” es un capítulo serpenteante al que, como otras voces, Lorca puso su altavoz desde la capacidad de creación de su mente inmensa, variopinta.
A poco más de un mes (5 de junio) de que se cumpla el 120 aniversario de su nacimiento, Federico sigue tan vivo por las razones de su muerte como por los motivos de su vida como creador universal. Es un simplismo advertir que una obra teatral de Federico como “La casa de Bernarda Alba” debe ser actualizada, puesta al día bajo otros cánones, nuevas formas estéticas teatrales porque la sociedad de hoy dista mucho de ser la de entonces, cuando el autor escribió esa y otras obras íntimamente ligadas unas con otras. El mensaje de entonces no acababa en el cortijo, las rejas negras de la finca, la disciplina machista o la represión hecha doctrina. Por eso Federico García Lorca no podrá ser nunca un banderín de enganche para llenar huecos de cartelera, ni puede ser el pentagrama sobre el que colocar notas que “revisan” el grito político, humano, revolucionario del poeta.
LA OBRA QUE NO ERA LA OBRA
Por la España de hoy va recorriendo teatros con todo éxito una nueva versión de esa obra, “La casa de Bernarda Alba”, sobre la que su directora Carlota Ferrer y el autor de la nueva versión, José Manuel Mora advierten desde un principio de que “Esta no es La casa de Bernarda Alba”, queriendo avisar de que aportan nuevas señas de identidad a la obra clásica de Lorca. Se remiten incluso al pintor francés René Magritte para abundar en su idea de que las imágenes reflejadas en un espejo -la obra original-son en sí mismas diferentes de las originales porque, como ya sabemos, una cosa sólo es idéntica consigo misma, no con otra igual.  Su objetivo era anunciar que hay innovación y que el público no vaya al teatro confundido sobre lo que va a ver. Para los no avisados, el cartel desplegado por las calles de Bilbao es lo contrario de la verdad, porque el aviso “Esto no es” es premeditadamente casi invisible junto a los dos grandes atractivos de la función: La casa de Bernarda Alba y Eusebio Poncela como actor protagonista. No es baladí el dato, porque forma parte esencial del juego de claros y oscuros del montaje: la confusión en la comunicación, dar por supuesto que en el nivel medio de la sociedad que disfruta del teatro es sabido el juego filosófico de los espejos. Por eso las risas cuando el cuadro de “Los amantes” surgió del fondo del escenario cuando se esperaba ver la cara del macho desconocido de la verja.
A pesar del fantástico ejercicio de iluminación, esta obra que pretende ser nueva y no serlo, no es nueva, efectivamente, porque al Lorca autor dramático, incluso coreógrafo de sus escenas, ya aportó tanta revolución teatral, tanta innovación estética, tanta profundidad social y política, que es difícilmente superable. Será por eso que tirar del hilo de convertir en hombre a Bernarda Alba como representación de una tiranía, o convertir a casi todas sus cinco hijas en hombres es un giro más que experimentado a lo largo de los años, nada innovador y abortado por la realidad de esa calle que pide igualdad de trabajo para hombres y mujeres, incluso en una representación teatral.
Será por eso, porque Lorca es ni más ni menos que Lorca por lo que las versiones más triunfantes sobre los escenarios del personaje de Bernarda Alba las hicieron mujeres, una Bernarda que no dejaba de ser mujer ser mujer ni renunciaba a ser ese símbolo odiado. Ella era apariencia, vestimenta de la palabra escrita por el autor. Y eso no significaba un posicionamiento tibio del autor original o de sus versionistas sobre los derechos de la mujer, por entonces o por ahora.
La luz fue, realmente, la mejor apuesta de toda la obra, la que consiguió definir un espacio abierto (la caja del escenario del Teatro Arriaga de Bilbao) en un espacio de opresión donde transcurría el guión y otras cosas, aunque el sonido, casi inaudible se escapase por el cielo de ese escenario sin llegar al publico, el de arriba o el de abajo, desde el primer segundo hasta el final de la obra propiamente dicha.








Esa luz justa iluminó la trama lorquiana y dejó triunfar la idea de que era secundario si quienes tenían nombre de mujer eran mujeres u hombres, porque el lenguaje de la obra traspasaba esa cuestión, transgredió hace casi un siglo ese cliché de la mano de Lorca. Era un acierto ver a Eusebio Poncela interpretando el texto escrito para el personaje de Bernarda Alba: Poncela hizo de hombre, con tono de actor enérgico o seductor, vestido de hombre. Esa transgresión total del personaje original tal vez sea la mejor aportación de esta nueva adaptación en lo teatral y los escasos momentos en que pudo encontrarse como actor con la Poncia lorquiana, una criada/hombre que bien merece un capítulo aparte.
La iluminación permitió ver escenas estéticamente bellas, como cuadros pintados sobre el fondo blanco del escenario, figuras en movimiento. Pero fueron destellos, incapaces de dar consistencia a esa pretendida visión de “otra Bernarda” sin dejar de ser la original. Desperdigados, inconexos, ni la calidad de Igor Yebra como bailarín fue una aportación digna de su nivel en ese vaivén de personajes con dificultades para poner su historia en el contexto de la obra y para hacerse oír por un público acatarrado que tosía más bien por desesperación.
Varias críticas recientes sobre este montaje teatral hablan de la conveniencia de que la directora conozca algo más del viaje de las artes escénicas centroeuropeas por el tiempo y su cultura, antes de desgajar y trasladar pedazos del cabaret europeo, o que frecuente las actuales experiencias en las que danza y teatro se combinan. Pero quizás la cuestión mayor sea su concepción sobre la función del teatro: como arma política, como lanza social en un mundo en el que al teatro se le exige que sea profesional; que no deje de ser un teatro estrechamente ligado a lo que es la sociedad actual, pero deje los divertimentos escénicos para Le Cirque du Soleil, que ya han creado escuela.
UN MONÓLOGO LLAMADO MITIN
La publicidad sobre la representación anunciaba también la existencia de un monólogo dentro de la obra, una incorporación de nuevo cuño en esa versión diferente que esperábamos del clásico. En 2018 la “causa España” de entonces está llena de nuevas cuestiones, de política reciente y, sobre todo, de futuro, la definición de ese futuro. Abrir los escenarios a la calle es recoger el sentimiento de lo que ocurre en ella. Pero una representación teatral no puede dejar de ser lo que es, ni delante de un espejo cóncavo, deformante. Si el grito de la calle no se transforma en esencia teatral cuando cruza el patio de butacas, el teatro como tal deja de ser útil, pierde su origen y su vocación: es un escenario de alquiler y oportunista.
Que el final de la “no casa” de Bernarda Alba sea, micrófono en mano, un discurso de diez minutos sin puntos ni comas, sin respiro, en el proscenio del escenario, hablando de los derechos de las mujeres, el machismo y el efecto físico que en la entrepierna de los hombres genera el concepto “sexo débil”, a mi me hubiera puesto “palote” en la Plaza Nueva o en un escenario de ese inmenso teatro que es el Arenal bilbaíno. Pero allí, entre los arcos barrocos recuperados del Arriaga, ese discurso/mitin rompió el mediano sabor de boca de la versión de la obra, barrió el recuerdo estético de los cuadros iluminados y esporádicos que vimos y dejó a los protagonistas de la obra, Eusebio Poncela e Igor Yebra fuera de juego de tal manera que el tímido aplauso final ya no era por su trabajo, sino por el mitin a destiempo. Nadie se acordaba ya de la Casa de Bernarda Alba, de ninguna de las dos.
La directora Carlota Ferrer quiso sentirse la Adela de Lorca y decidió protagonizar el papel, el determinante personaje esa enamorada hija de Bernarda, que representa la otra cara de la represión por su actitud y un brindis a la libertad con su propia muerte. Adela es la otra cara, sin duda alguna, de Bernarda Alba. Pero esa Adela original pasó indefinida por el escenario durante toda la representación. Hubiera sido bueno que esa Adela lorquiana hubiera salido al final de la representación e hiciera su discurso, su monólogo, con el lenguaje del teatro, sobre su significado, su sacrificio y su trascendencia.
En versión discurso, más parecía que la directora, sin el ropaje de Adela, tenían que explicar con el lenguaje burdo del mitin (aquí estoy, por mis cojones de mujer, venía a decir) a unos idiotas espectadores -incultos, insensibles, machistas vocacionales- lo que acababan de ver, por si no quedaba claro lo que Federico García Lorca escondía en su obra original, no en la del espejo difuso y sordo de la versión del Teatro Arriaga.

miércoles, 7 de febrero de 2018

SARGADELOS Y LAS MUJERES DE ISAAC DÍAZ PARDO

Hace años, más de once, el periodista Xosé Manuel Pereiro escribió para el diario El País una crónica sobre la crisis  de la fábrica de porcelana gallega Sargadelos. Esa crónica la titularon “Platos rotos en Sargadelos”. El título era cierto, pero no trasladaba la gravedad de esa crisis, porque no fue una simple riña famiiar.

En Sargadelos se cruzaba el arte, la industria, Galicia, el nacionalismo moderado de esa tierra, y los sueños de algunos artistas muy concretos de una época gloriosa de Galicia que la dictadura o el tiempo se llevó por delante.  Los platos rotos vinieron después de una larga historia de crecimiento, expansión  y portación de eso que muchos dan en llamar “marca Galicia” si no hubieran echado antes tanto chapapote sobre esa imagen de país.

En resumen, el fundador de la cerámica gallega perdió el control del grupo empresarial, porque pocas veces el arte y la industria se entienden en las mismas manos si no hay voluntad  y acierto por ambas partes.  De esa historia, de esa herencia, quedan figuras en cada rincón de Galicia y en una infinidad de casas de todo el mundo. La concha vieira del apostol Santiago y una figura, un plato o un vaso de cerámica de dibujos geométricos azules son parte de Galicia, como la lluvia, el mar y el deseo de volver que llamamos morriña.

Entre aquellos artistas e intelectuales que dieron luz y altura a Sargadelos sobrevivió Isaac Díaz Pardo, que fue la voluntad que se enfrentó a los supuestos nuevos tiempos (aún hoy, tantos años después, continúan los planes de reestructuración, disección, achicamiento). Él fue presidente de la Fundación que, a última hora se creó con la intención de aglutinar todas las partes de la empresa. 

Admirado, valorado y querido, Díaz Pardo es insigne en la historia de Galicia por encima de muchos otros compañeros suyos y de algunos mitos que el costumbrismo , la derecha y el nacionalismo más reciente alimentaron con tópicos y negocios.

Una pequeña parte de la inmensa obra de Díaz Pardo son estas piezas, que él diseño y vigiló hasta convertirlas en figuras de porcelana, casi vivas, a veces inquietantes, siempre personales. Sólo son tres de un grupo algo mayor. Pero valgan como homenaje a ese artista pluridisciplinar y a esa siempre cercana y deseada Galicia. 












domingo, 17 de diciembre de 2017

Siempre hay alguien

Hace 10 años, un editor gallego, Alejandro Diéguez, decidió publicar por primera vez en su editorial (Ézaro, Santiago de Compostela) un libro de poemas, el que yo había venido ordenando desde hace seis meses al menos sin ninguna intención sino la de dejarlo dormir con una cierta coherencia interior.. Hijo de un impresor y con una calidad comprobada por otros muchos libros que pude ver, la propuesta de Alejandro era la de alguien que había enloquecido o la de un amigo. Un poco de todo había, creo a estas alturas. Ese fue el primer libro de poemas de su editorial y el primer libro que yo publicaba, este de "Si pudiese hablar de ti". Más aún, la presentación en la capital gallega fue todo un alarde de amistad, calidad artística de los actores y actrices. De nuevo rodeado de amigos. Eso quería decir cuando le busqué un título al poemario. Siempre hay alguien cerca, si tu estás siempre cerca de alguien.

"Siempre hay alguien" es una selección de versos escritos durante los 12 años anteriores. Todos tienen un destino personal o, a veces, un simple grito.

Diez años después, comienzo a publicar aquí los libros que ya fueron editados de otra manera (!Nómada", en la misma editorial gallega y "Si pudiese hablar de ti",  en Añil Ediciones de Castilla-La Mancha) y los ya escritos y que aún no han visto la luz. Esta será una manera, cuando deje de escribir alguna vez, de devolver en mi final todo cuanto me dieron desde el principio.

Para descargarse gratuitamente "Si pudiese hablar de ti" sólo tienes que poner el cursor sobre el enlace de "descargar PDF" y el libro es tuyo, con su maquetación original, tal como salió de las manos de Ézaro Ediciones, de los paquetes de la imprenta y de mi incrédula mirada por tener entre los dedos un libro que no era de otro, sino de muchos otros.

Este es mi mejor regalo de reyes 2018.

Si os gusta, será hermoso.

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